Veronik Liberal

Veronik Liberal

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Viajando al fin de la noche



Ante el plan imprevisto, me fui apresurada a vestirme. Mis pensamientos andaban a mil por hora, no sabía que ponerme. Así que decidí parar dejando mi mente en blanco y viendo la ropa que tenía en el armario.

***

Vero se había conectado al “msn” como costumbre. Cuál fue su sorpresa que vio conectado a Manu, y más que le hablara. Pasados un par de minutos ella aceptó con timidez la propuesta que le hizo él.
En el fondo, le encantaría verle, pero ir hasta su trabajo le imponía algo. Él le dejo claro que no había ningún problema, que estaba solo trabajando de vigilante de seguridad. Él le mandó un par de indicaciones para que supiese en donde estaba. A Vero no le resultaba complicado, conocía la zona.

***

“¡Listo! Esta falda verde con la blusa negra” Consideré al final.
Me vestí pensando en todos los momentos que tenía con Manu. Era de los pocos chicos que me ponían cachonda con una simple mirada. ¡Y lo  hacía todo tan bien! Me coloqué el abrigo, cogí el bolso y me fui para el coche. Arranqué y me dirigí hacia la nave en donde estaba Manu. Se notaba que era la noche del domingo, muy poco tráfico. Llegué rápido y aparqué justo detrás de su coche.

Al acercarme al portal con paso ligero le mandé un toque al móvil, conforme estaba allí. Escuché el portal abrir y apareció él. Mis ojos se abrieron como platos. ¡¡ Como le quedaba la ropa de vigilante!! La sonrisa que mostró Manu hizo que me empezara  humedecer.
-Pasa Vero.- dijo él


Nos adentramos hacia la garita y nos dimos dos besos de cortesía. Empezamos a hablar un poco de nuestras vidas. Hacía bastante tiempo que no sabíamos uno del otro, había tenido un viaje  de curro. Mientras charlábamos, yo no paraba de observarle. La ropa de vigilante le  hacía más corpulento de lo que era, y la pistola sujeta a un cinturón imponía mucho más. A veces me pillaba cuando quería ver hacia su paquete. Aunque no quisiese, mis colores salieron a relucir. Notaba calor en mi cara y cada vez más en el resto de mi cuerpo.

-Creo que a la conversación no le estás dando demasiada importancia, ¡eh, niña!- dijo mientras se acercaba a mí.
-Yo te estoy escuchando…- le  contesté esbozando una sonrisa.
-Ya…ya…- mientras, desabrochaba los botones de mi abrigo.
“¡Dios, que morbo! Así vestido y aquí, ¡en su curro!” Pensé.
Me quitó el abrigo y me susurró:
-Y si subo mi mano por tu muslo derecho interior, ¿pasa algo?
De mí boca salió un resoplido que no pude evitar. Intentando mantener la compostura le contesté:
-¿Qué va a pasar? Nada
- Entonces…habrá que hacer otra cosa…-mientras, su mano ascendía por mi muslo derecho interior hasta el pubis-¿y si acaricio ahí?

Parecía una bomba que iba a explotar. Como siguiese ya no podía controlarme. Ante la ausencia de mi contestación, decidí llevar mi dedo índice a la boca de Manu, que enseguida lo lamió con avidez y mirándome con deseo. Retiró su mano del pubis y cogiéndome de la mano izquierda dijo:
-Ven conmigo.


Cerró la puerta  y le seguí. A poca distancia llegamos a otra puerta que ponía en un cartel “Enfermería”. Entramos y él se dispuso a quitar el cinto en donde estaba la pistola y más objetos.

Se arrimó a mí y empezó a acariciar mi pelo largo con su mano izquierda. Su mano fue descendiendo hasta mi cadera. Se pegó más a mí y su boca entreabierta se topó con  la mía. Notando sutilmente los labios suaves enseguida nos fundimos en un beso rápido y brusco. Y sin parar de devorarnos desabrochó mi blusa. Se retiró y contempló mis pechos cubiertos por el sujetador blanco. Dejé pasar un par de segundos y decidí colocarme de espaldas a él. Moviendo mi culo de derecha a izquierda, notando como crecía su polla. Él, mientras, liberó mis pechos del sujetador. Los acariciaba de mil formas posibles. Mi excitación subía por segundos. Deseaba follarlo ya, pero quería disfrutar más de aquel momento, de aquel…morbo. Sus labios besando mi hombro, mi cuello, buscaban mis labios. Que rápidamente se deslizaron de nuevo con avidez. Sus manos bajaban  hacia mis piernas para subir mi falda. Sus dedos rozaron mi pubis cubierto por el tanga. Paró y decidió quitarme el tanga. Quedé totalmente expuesta a su merced. Siguiendo en la misma postura, me manoseaba continuamente. Mi respiración se volvía más acelerada y entrecortada.

-¡Que buen trabajo haces con tu culo!- Exclamó él.
-Y mejor que lo puedo hacer con mi boca.- Me di la vuelta, y me agaché.

Desabroché el pantalón con su ayuda, bajé la bragueta y bajé el calzoncillo. ¡Menuda erección tenía! Sin contemplaciones, abrí mi boca y la introduje hasta el fondo. Con la habilidad de mi lengua y labios estuve un rato chupándosela y succionándosela. Mientras, mi mano derecha instintivamente acariciaba sus testículos.

-¡Uf! Para nena.- Dijo Manu- Apóyate en la camilla.

Chorreando estaba aunque no tocara mi sexo. Apoyé mis manos en la camilla poniendo mi culo en pompa. Enseguida noté una lengua recorrer mi coño. Muy despacio y queriéndose meter. También la noté en mi clítoris. Ahí, la rozó de tal manera que mi cuerpo vibró de placer. Lo que sentí enseguida fueron dos dedos adentrarse en mí  a un ritmo rápido. No cabía ninguna duda, estaba muy lubricada.

“¡Uf, uf y uf!” – Expresé en alto.

Las manos de Manu se apoyaron en mi cadera para clavarme su polla dura. Al principio muy despacio. Luego fue aumentando de ritmo hasta que paró. Y cogiéndome desprevenida dio pequeños golpes a mi sexo hasta que percibí que me la introducía de nuevo. Esta vez muy rápido. No paraba de gemir, pero intentaba no gritar. Era consciente en donde estaba. Llegó un momento en el que las embestidas de él se convirtieron movimientos al unísono. Y juntos llegamos al clímax. Tensando nuestros cuerpos, él lanzando un resoplo de placer y yo gimiendo como nunca. Al retirarnos  nos dimos un beso muy dulce.
 
Cuando me disponía a vestir Manu me comentó todo sonriente:
-Así da gusto trabajar
-Pues tendrás que hacerlo más veces.-  Estando también toda sonriente.
Él hizo un gesto de aprobación. Terminé de vestirme, él de poner el cinturón y fuimos hacia la garita. 

Cogí mi abrigo, mi bolso y le susurré a Manu:
-Habrá que estrenar la garita…
Le exhibí una sonrisa pícara y nos despedimos con un beso muy afectuoso.



miércoles, 16 de octubre de 2013

Sensaciones en la ducha



Sonriente, pensando en el momento divertido que acababa de tener, bajó las escaleras para ir a la ducha. Al mirar que había una ocupada se adentró en la libre. En cuanto quiso abrir el grifo, escuchó:
-¡Vero!
Conocía la voz así que se asomó con picardía.
-No llego a mi espalda, ¿me das?- preguntó Carlos, exhibiendo una sonrisa cautivadora.
“No le voy a negar tal ayuda. Está totalmente pringado de sirope de chocolate”  Pensó ella. Entre risas y miradas le dio con la esponja por toda la espalda. Y el culo…
-Ya estás para otra
-Ahora date la vuelta, que también tú has llevado de lo lindo- dijo él riendo.
“Que graciosete” fue el pensamiento de ella.

Con la mirada perdida sentía la suavidad de la esponja recorriendo cada centímetro de su espalda. Él enseguida le dio la vuelta. Siguió dando por los hombros, pechos y el ombligo. Las risas se habían disminuido y se fueron convirtiendo en sonrisas picaronas. Una mirada de Carlos previó a Vero lo que iba a ocurrir. Lo conocía tan bien…
Con el grifo cerrado, sus labios se unieron para dar paso a un beso muy suave. Muy profundo. Hasta saciar la sed que se tenían uno del otro. Las manos de él no paraban de acariciar la piel mojada de ella. Las  manos de ella correspondían con lo mismo. Enzarzados, sus  besos aumentaban de ritmo y presión. La excitación de ella iba muy rápido. No se esperaba aquel momento con Carlos en aquel lugar. Las manos grandes de Carlos se posaron en los pechos grandes y redondos. Los manoseó, los miró con deseo y  fue a deslizar su lengua por ellos. De vez en cuando veía la expresión de Vero. Le encantada  observar la mirada que ponía. Paró y dijo:
-Fíate de mí, déjate llevar rubita.
“Bueno…algo va hacer” pensó ella. Exhibiendo una sonrisa, asintió. 

Él, abrió el grifo de la ducha. Cogió a Vero y, con cautela, la colocó debajo. El agua mojó su pelo rubio y fue resbalando por toda su cara y cuerpo. Ella no pudo evitar lanzar un grito de sorpresa ante la caída repentina de tanta agua encima. Carlos, le echó el  pelo hacia atrás y se colocó también debajo. Empezó a besarla. Los dos notaban la caída del agua sobre ellos mientras se sumergían en un beso muy lascivo. Pasada la sorpresa,  que para ella fue como una subida de adrenalina, se sentía como si estuviera debajo de una cascada.

Las manos, de los dos, correteaban por toda la anatomía de ambos. Como si fuera la última vez: se sentían, cada centímetro de sus pieles, se miraban con sinceridad, se sonreían sin timidez. 

Los dedos de él bajaron por el cuello de Vero. Pasaron por los pechos. Bajaron al ombligo. Descendieron al pubis. Ahí se detuvieron y  se movieron muy despacio. 

Los dedos de ella se introducían en la boca de él. Pasearon por el cuello. Rozaron los pezones. Bajaron al sexo. Dos dedos hacían un masaje rítmico a la polla. Cuanto más lo acariciaba más se alargaba. A Vero le encantaba notar la erección. Se deleitó en aquella sensación hasta que Carlos le mandó parar. Entonces, ella decidió agacharse. Su boca se encontraba enfrente de la polla rígida. Sacó su lengua y la pasó por el glande. Decidió colocar sus manos en las caderas de él. Y apoyó sus labios en el capullo. Fueron resbalando, ayudados por el agua de la ducha, hasta el fondo. Carlos lanzó un gemido ahogado e instintivamente echó las caderas hacia adelante. Ella mantuvo por unos segundos la polla quieta dentro de su boca. Luego la recorrió en sentido contrario dejando rastro de su saliva. Y empezó a mover rítmicamente su boca de arriba a  abajo. Su mano derecha se escapó  hacia la zona del perineo, para masajearlo suavemente y circularmente. Carlos no paraba de resoplar y mirar como lo hacía. Ella, como si lo adivinara, miró hacia arriba, coincidiendo sus miradas. Sabía que le excitaba. Eso hizo que él le agarrara  de la cabeza y marcara el ritmo. Hasta tal punto que eyaculó en su boca. A ella le gustaba que se corriera en su boca aunque luego no lo tragara. 

Al terminar él le regaló un beso muy pausado. Y sin afán de acabar, su mano derecha descendió al sexo de Vero. Con dos dedos rozó la zona con círculos. Un dedo se deslizó hacia abajo y dentro de ella. Y al mismo tiempo, el otro por el clítoris. Con un ritmo rápido y constante la estuvo estimulando. Ella cada vez jadeaba más, su cuerpo se estremecía más. La mirada desafiante de Carlos hizo que  fuera fulminante para llegar al gran orgasmo. Al relajarse vio que Carlos le acercaba el dedo impregnado de sus flujos a la boca. La abrió y lo saboreó.

Sus miradas hablaban y no hacía falta decir nada. Se pusieron las toallas y subieron. Al llegar, se encontraron con la novia  de Carlos. Mirándolos con diversión y sonrisa traviesa.
-¡De tu marido no se puede fiar!- exclamó Vero entre risas
Aquel momento fue interrumpido cuando empezó a sonar  " Gotan Proyect- Milonga de mi amor" . Al escuchar esa canción los tres se miraron con complicidad.


domingo, 29 de septiembre de 2013

Reflejando el momento que tanto ansiaban



Sus dedos se tambaleaban cuando cogía la taza de café. La impaciencia le traicionó y al querer darle el primer sorbo se quemó un poco los labios. Su cabeza solo tenía un pensamiento. Manuel. Tan absorbida estaba en su pensamiento que ni se percató del alboroto en la entrada de la cafetería en la que estaba. Ni se hubiera imaginado que después de cinco años lo conocería.

Coincidió con él en un foro  de temática liberal. Sin saber porque tuvo curiosidad por él pero quería ser cauta. Le sorprendió que después de un tiempo entrelazando posts por el foro que él le mandara un mensaje  privado. A pesar de querer conocerlo lo miraba muy lejano. Empezaron a tratarse virtualmente. Se sentía emocionada. Tenía educación, respeto y nada impaciente.

Después de casi un año tratándose, sin saber el motivo se dejaron de escribir. Pasados unos cuantos años lo encontró en una red social liberal. Se alegró dar con él e inició un día una conversación con él. No llegaron a ninguna conclusión porque dejaron de hablarse, pero lo que sí estaba claro es que estaban contentos de relacionarse de nuevo.

Con la mirada fija al café no dejaba de removerlo cuando escuchó:
-¡Hola rubita!

Había sido puntual. Estaba enfrente ella mostrando una gran sonrisa y unos ojos castaños muy brillantes.

Levantó la vista y sus miradas de toparon. Por  unos segundos se sentían solos en aquel lugar. Ella se relamió los labios y se levantó para darle dos besos muy cerca de los labios.

-Muy buenas Manu
-Y tan buenas con tu presencia ¡qué guapa! Más que en las fotos.- Haciéndole un guiño-¡da un giro para verte bien!

Con algo de timidez lo hizo. Llevaba un vestido negro que llegaba hasta las rodillas. Atado al cuello con unos tirantes que realzaban sus pechos. Con un cinto que marcaba sus cadera. Unas medias de rejilla y unos zapatos negros.

Él se arrimó a ella y le murmuró mientras la acariciaba la mejilla:
-Tú pensando en cómo vestirte y yo en como desnudarte
-¡Que original! – Comentó Vero para enseguida reír.- Voy a pagar mi café.


Comenzaron a andar hacia el coche de Manu. Los nervios de ella se fueron disipando y hablaba con Manu como si se conocieran de toda la vida. Habían hablado bastante antes, aparte congeniaban mucho. Al llegar al coche se adentraron.

-¡Vamos hacia allá! Hay que aprovechar la reserva que hice.- Dijo él mirándola de reojo. Ella sonreía por lo bajini.

Las sospechas de Vero se confirmaron cuando llegaron a la entrada del "Motel Venus". Lo conocía, mucha gente le hablaba bien del sitio, pero ella nunca fue. 

Una vez dentro de la habitación, ella la observó entera y con detenimiento. Se situó al pie de la cama y Manu se colocó al lado cogiéndola por la cintura. Encima de la cama había una rosa roja y al pie de la cama, enfrente de ellos, una mesa pequeña. Encima tenía un cubo con una botella de champán dentro. Las copas estaban al lado.

-¡Habrá que brindar por nosotros!- Exclamó él.
- y que perdure por mucho más tiempo- Terminó ella.

Con las copas en mano cada uno, antes de beber hicieron  un brindis. Él pronto retiró su copa pero ella la seguía teniendo. En ese momento, Vero, no sabía qué hacer, que decir, solo se limitaba a sonreír. Manu la veía con diversión, fijándose hasta el mínimo detalle hasta que decidió quitarle la copa. Dulcemente le acarició el pelo, el cuello y parte de su cara.

-¡Cuánto soñaba por tenerte conmigo!

Apartó la mesa a un lado y retiró la rosa de la cama. Cogió a Vero de la mano y  la sentó junto a él para echarla hacia atrás. Se quedaron mirando hacia el techo.

-Me encanta esta  suite. La decoración de esos espejos es una chulada, y el poder mirar el reflejo de tu belleza es un gustazo.

En el techo había varios  espejos con marcos blancos.
-Muy chulo, sí.- dijo ella

Acto seguido, Manu la besó suavemente a la vez que pasaba sus manos por los brazos y cadera. Vero lo interrumpió y se sentó encima de él. Levantando el vestido, coincidiendo su sexo con el de él. Moviéndose rítmicamente empezó a devorar la boca de él con ansia, para seguir dejando el rastro de su lengua por el cuello. Desabrochó la camisa de él para quitársela, e impaciente, con sus manos, recorrió el torso de Manu. Su boca lo besaba. Su lengua pasaba  por los pezones y aprovechaba para darles unos mordiscos suaves. Él, la cogió por la cara y la obsequió con un beso muy lascivo durante un buen rato.

“uff, si ya estoy excitada, no me quiero imaginar luego…” pensó ella.
“¡Dios! Como me pone esta niña” pensó él.

 La excitación era muy latente en ellos. Él estaba empalmado. Ella lo notaba, al rozar contra su sexo. Ella estaba bastante húmeda. 

Vero se reincorporó, desabrochó su vestido y se lo sacó. Él gimió al verla así. Con sus manos acarició sus caderas para ir ascendiendo hacia los pechos tapados por el sujetador. Ella seguía bailando sensualmente encima de él. Viendo su cara, sus expresiones. Además, jugueteaba con sus dedos; a querer introducirlos en su boca, lamiéndolos, chupándoles la punta…Al poco rato, desabrochó su sujetador, liberando sus pechos grandes y redondos. Enseguida fueron rozados por las manos de Manu. Los pezones se ponían más erectos y más oscuros. Él se irguió un poco, lamió aquellos pezones que le apuntaban. Ella lanzó un alarido de placer a la vez que arqueaba su cuerpo.  Le sujetó la cabeza con la mano izquierda para que se centrara en su pecho izquierdo mientras ella, con sus dedos derechos, pellizcaba su pezón derecho.

-¡Sí, sigue!- dijo ella con voz entrecortada.

La estimulación en los pezones le encantaba. Su cuerpo no paraba de moverse hasta que llegó a su primer orgasmo. Cayó rendida encima de la cama.

Él vio la mirada y la sonrisa de ella a través de los espejos de arriba. Aprovechó la ocasión para desnudarse y situarse encima de ella. Sus bocas se unieron de nuevo, ansiosamente y bruscamente. Mientras, él no paraba de acariciar arriba a abajo su piel suave hasta que él decidió parar y quitarle el tanga. Pasó sus dedos por el pubis un par de veces, otro par de veces más, hasta que decidió  colocar sus manos en las nalgas de ella. Atrayéndolo hacia su boca, sacó su lengua  para deslizarla por el sexo de Vero de abajo a arriba. Volvió a saborear aquella zona prohibida dedicándole un tiempo. Con la punta de la lengua, en un movimiento rítmico, estimuló el clítoris. Ella no paraba de gemir, de bufar, de moverse como  una poseída…Ella pudo observar la escena a través de los espejos. Eso le daba más excitación. Manu no paró en ningún momento hasta sentir que ella  había llegado al clímax.
En ese momento se encontraba bastante excitada. Aunque su cuerpo estaba candado, ella deseaba más y fue cuando escuchó decir él:

-¡Necesito follarte, me pones muy malo rubita!

En un movimiento rápido, ella se colocó a cuatro patas cerca del borde de la cama, y preguntó mientras le miraba:
-¿Cuánto de malo tengo que ponerte para que me des hasta al agotamiento?
-Date la vuelta, con la cara hacia mí. -“¿Quieres caña? La tendrás” pensó él.

Su polla empalmada apuntaba hacia la boca de ella. Abrió la boca, con la lengua rozó el glande pero enseguida lo succionó con ganas. Y sin dar tiempo a nada, fue chupando hasta el fondo. Luego sus labios subieron recorriendo cada centímetro de su polla dura.

-¿Preparada?
-Ni lo dudes.- Contestó Vero

Se colocó como estaba antes, a cuatro patas y esperando deseosa a que le diera. Él, apoyando sus manos en la cadera  fue metiéndola  dentro de ella lentamente. Siguió penetrándola despacio durante un tiempo hasta que decidió parar. Con la polla dentro. En un par de segundos empezó a introducirla a un ritmo rápido y fue aumentando la velocidad. A  un ritmo frenético la estuvo follando mientras escuchaba los gritos ahogados de ella. En un par de ocasiones sus gritos fueron más altos y su cuerpo se estremecía, pero Manu seguía hasta darle el mayor placer posible. Cuando  ella lanzó un gran grito y su cuerpo se tensó. A la vez, él  llegó a un gran orgasmo. Los dos se desplomaron en la cama. Acalorados y respirando muy rápido.

El espejo había sido testigo del encuentro.
-Hay que venir más veces a ver estes  espejos tan chulos.- Comentó Vero esbozando una sonrisa.
Él, se limitó a ver el reflejo de ella y corresponderle con una sonrisa pícara.



jueves, 5 de septiembre de 2013

"Siempre, tú serás mi juguete"



Aún faltaba tiempo para que llegase Alberto  así que colocó enfrente del ordenador para curiosear un par de páginas webs.
Habían quedado en casa de Vero. Después de tanto tiempo sin verse lo que más le apetecían era disfrutarse de uno y del otro.

Abrió dos pestañas, en una escribió  www.lamaletadelplacer.es  y en otra www.lamaletademorgana.com/es . Tenía ganas de experimentar con los juguetes sexuales pero nunca se atrevió  comprar ninguno, a pesar de que fuera a un sex-shop dos veces. Al principio se aturullaba con tanta información y tantas fotos pero a unos cuantos cliks ya se aclaró. Estaba tan absorta que no escuchó el timbre. Al poco tiempo su móvil que estaba encima de la mesa del escritorio se iluminó con el nombre de Alberto. Ella al verlo contestó.
-¿Dónde andas? Toqué el timbre y no saliste
-Pues no lo escuché. Estoy dentro. Ahora mismo voy

Abrió la puerta y allí estaba él. A ella se le caía la baba cada vez que lo veía y lo que más deseaba era gozar con él.
-¿Qué estabas haciendo para no enterarte?
-Hacer hacer, nada…

Y sin dejarle terminar, la atrajo hacia él por la cintura. Ubicó sus manos en las mejillas, acercó su boca a la de ella parando a escasos milímetros y dejándola entreabierta. “¡Dios! Apenas me hace nada y me pongo como una perra” Pensó Vero. Se muerde el labio inferior, lo relame y acerca más su boca a la de él, mientras, él baja sus manos por los hombros hasta llegar a las manos de ella. Cuando ella se dispone a saborear su boca, él echa su cara a un lado. Y en un visto y no visto la gira, dejándola de espaldas a él. Agarrándola por las muñecas y pegándose a ella le susurró:
-Hoy estoy muy travieso
-No me digas.-dijo quitándole importancia- Dame un momento, voy apagar el ordenador
-A saber que estarías viendo niña, lo voy averiguar…
-Umm, juguetes sexuales…así que no solo yo estoy travieso…- Vero le lanzó una mirada cómplice y se dispuso apagarlo.
-¡Listo! dime… ¿por dónde íbamos?


Y agarrándola de las muñecas y colocándola d espaldas a él  le preguntó:
-¿Estás segura de querer saberlo?
-Por supuesto- Aunque ella disfrutaba de aquello. Le excitaba. Se le estaba empezando a ser  una eternidad  besarle, acariciarle, morderle, lamerle…

Tal como estaban, Alberto la acercó al ventanal de la sala, desde allí se veía la sala de los vecinos y ellos dentro.
-Quiero que seas de use y disfrute hoy para mí, y a la vista de otras personas. Ya sabes mi faceta de exhibicionismo.
“Uff ¿justamente con los vecinos?” Pensó ella. El sentirse sometida a él le ponía tanto que era capaz de aceptar la propuesta sin miramientos.

Sin dejar de acariciar su anatomía se colocó enfrente de ella y sin más consideración le desabrochó el vestido de arriba abajo dejándola en ropa interior. Un sujetador y culotte a juego, de negro. Se los quitó lentamente percibiendo las sensaciones de su piel. Se colocó de nuevo detrás y  deslizó los dedos  desde la espalda hacia los pechos. Ahí, sujetó los pezones, y mientras se los pellizcaba le murmuró:
-Como pude apreciar antes, te gustan los juguetes, así que voy a sacar uno. Estate quieta  así, querida.
Mientras él lo sacaba de su bolso, Vero miraba a los vecinos. Era una pareja joven. Se habían instalado allí hace poco y pocas veces se cruzó con ellos.
-¿Notaron tu presencia?-Preguntó él mientras le ponía unas esposas en las muñecas.
-Él echó una ojeada rápida. Se quedó algo expectante.
-Bien- mostrando una sonrisa malévola.


Volvió de nuevo enfrente. Sus miradas chocaron, lo que ella callaba con la boca lo decía con los ojos. Los dedos de Alberto volvieron a pellizcar y a tirar un poco de los pezones rosados. Ella se retorció de placer. Agarró sus pechos y con ansia los lamía, los acariciaba, los juntaba. Con su lengua inquieta rozaba las aureolas, formando círculos de saliva para acto seguido succionar lo marcado.
-Así me gustan los pezones, duros y oscuros.

Para ella, era una liberación de la tensión que había manifestado. El morbo de la situación.
Los dedos de él descendieron hasta el pubis. Pudo notar que cada vez que rozaba tan sutilmente, el cuerpo de ella se sobresaltaba. En ese momento, cogiéndola desprevenida, fue a tocarle los labios con su lengua. Se separó. Esperó un minuto para ir ferozmente a besar aquella boca, que lo pedía a gritos. Durante un rato danzaron sus lenguas, mordisquearon y succionaron los labios, hasta que él decidió parar.
Vero empezaba a sentirse incómoda con los brazos atrás y agarrados por las muñecas.
-Shhh, tránquila…todo tiene su recompensa.

Alberto quería ver si los vecinos estarían mirando, por lo que como quien no quiere la cosa, mientras magreaba a Vero, se puso detrás ella. A la vez que besaba su hombro veía sutilmente de frente. Comprobó que la pareja miraba descaradamente. La chica, vestida, manoseaba la polla de su chico, desnudo. Eso todo hizo que Alberto se enderezara, viéndolos a la cara. Y que su mano derecha palpara bien el culo de Vero. Dos de sus dedos se escurrieron por él hasta llegar al sexo. Muy húmedo. Los deslizó suavemente de arriba abajo por los labios mayores. Otra vez. Y otra vez.
La respiración de Vero se hacía cada vez más acelerada y entrecortada. Su cuerpo se estremecía ante cada caricia en su sexo. Fue cuando él decidió introducir los dedos lentamente, y hasta el fondo. Sintiendo cada rincón dentro de ella. Dejándolos ahí dentro y quietos durante un rato, observó de nuevo a los de enfrente. Ella estaba agachada y de espaldas, él de pie con la cabeza ligeramente echada hacia atrás.
-¿Y si los invitamos?
-¿Y cómo vas hacer?- preguntó Vero
-Las señas son mundialmente conocidas
-Si es que te ven. Míralos, bien entretenidos que están.
Él, con su mano izquierda, agarró el pelo de ella y tirando de él le susurró:
-Nosotros también. Sé perfectamente que estás disfrutando con cada paso que hago- mientras, sus dedos jugueteaban dentro de ella.


Le soltó el pelo y se dispuso  pajearle. Con un ritmo acelerado y con pausas intermedias. Los gemidos de ella se convertían en gritos ahogados.
-¡Oh, sí nena! Grita, grita

Y con un ritmo más frenético le introducía y sacaba sin compasión. Ella se movía al son hasta que su cuerpo se tensó. Sus ojos estaban cerrados y la boca entreabierta lanzando un alarido de placer.
Enseguida, Alberto le quitó las esposas y la sentó en el sillón. Fue al ventanal y miró a la chica que  le estaba viendo con una sonrisa picarona mientras le guiñaba el ojo. Él le correspondió con otro y le indicó con la mano un adiós.

Se acercó a Vero, le acarició la mejilla, muy suavemente. Le besó en la boca dulcemente y le murmurró:
-Siempre, tú serás mi juguete
Ella esbozó una sonrisa y con sus dedos rozó los labios de Alberto.