Veronik Liberal

Veronik Liberal

jueves, 23 de mayo de 2013

Pillada en la cocina



Despertarme cada día al lado de Dani se me ilumina la sonrisa. Siempre que podemos nos enzarzamos en una guerra muy dulce y placentera.

Esa mañana, al ser sábado, le dedicamos más tiempo. Cuando caímos rendidos, él me dio un beso muy húmedo y me dijo:

-Me voy hacer footing, que disfrutes haciendo la comida, nos vemos cariño.

 No salía de mi asombro su gran energía y ganas de correr después de follar, pero si él quería yo no lo iba retener.

Los rayos del sol penetraban por las ventanas, daban sensación de calor. Por ello decidí vestirme con poca ropa. Una camiseta de tirantes rosada sin nada debajo, un tanga negro y un pantalón marrón corto.


Al llegar a la cocina me coloqué el delantal y me dispuse a ver lo que había dentro de la nevera. En función de lo que había, de la facilidad y del sabor me decanté por hacer unas patatas rellenas de verduras.

Fui colocando los ingredientes en la encimera: cebolleta, lo prefería más que la cebolla por su sabor más dulce, puerro, pimiento verde, pimiento rojo, zanahoria, calabacín, berenjena, tomate y, como no, las patatas. 

Antes de ponerme a trocear los alimentos encendí el reproductor de música. Sonaba “Bon Jovi” por lo que subí un poco el volumen. Era el cd que grabó Dani, un variado de singles de varios álbumes del grupo. En gustos musicales coincidíamos mucho.

Ya con el cuchillo en mano empecé a picar todo menos las patatas, a mi ritmo. Me relajaba y más con esa música de fondo. Con la cazuela a fuego y el aceite caliente fui volcando las verduras menos los tomates. Al mismo tiempo iba pelando las patatas y vaciándolas.

Cuando me dispuse a precalentar el horno sonó el timbre de casa. ¡Quien narices sería! Me fastidiaba que me interrumpiesen mientras cocinaba... Bajé un poco el gas, apagué la música y fui abrir.
Al abrir la puerta vi a una guapa morena con media melena, muy bien vestida que le hacía tremendamente sexy, unos ojos castaños brillantes y una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Hola, me llamo Lore! –me dio dos besos y se adentró en la vivienda.

-¡¡Eh!! ¿Qué haces?

-Pasar ¿o no lo miras?

¡Menuda desfachatez! No la conozco y pasea como perrito por su casa.

-¿Quién coño eres? –mostrando mi enfado.

-¡¡Lore!!- enseñando su gran sonrisa.

Mostrando mi mejor sonrisa, más falsa del mundo…, le espeté:

-Ya, pero eso a mí no me dice nada y no tienes derecho a entrar aquí. ¡Que no vives aquí!

-¿y tú sí?

-¿Acaso no lo ves?

Me estaba empezando irritar aquella chica, cuando sonó el pitido del horno. ¡Oh no, el pisto! Me fui corriendo a bajar del todo el gas. Comprobé que ni se pegó  y ni se quemó. El horno lo apagué.
No podía atender debidamente a la comida con la presencia de aquella chica.
 
-Oh…creo que se te quemó guapa.
 
¡Estaba al lado mía! Como se atrevía… husmeando donde no debía y que no era de su incumbencia.

-Casi, por culpa tuya.

-¡No digas eso mujer! Si no he hecho nada…

-Has hecho bastante…

-Y más que puedo hacer…- a la vez que me guiñaba el ojo y mordisqueaba el labio inferior.

-¡Te quiero ver fuera!- Mi indignación subió por su osadía de tirarme los trastos.

Se aproximó más a mí, agarrando mis manos con las suyas y mirándome fijamente a los ojos  me dijo:

-Shhhh, tranquilízate que no te voy hacer daño

Arrimó su boca a mí oído y me susurró:

-Pues yo te quiero dentro de mí.

Acto seguido arrimó sus labios a los míos, entreabrió su boca y me besó como si nunca besara a nadie. 

Lo que en un  principio me parecía indignante, en el momento que empezó a besarme quedé petrificada. Pero en segundos me dejé llevar por el beso...Deseaba que siguiera pero no quería. Dani no estaba y no sabía nada. No quería que se enterara, y si no le seguiría el rollo a la chica, era su palabra contra la mía, si se llegara a enterar. Aparte con sus malos modales no quería caer tan fácilmente en sus redes.

-Mmm, si el principio me gusta, no me quiero imaginar el final…

-¡Oye tú!

-¿Te vas a poner chulita? No sabes cuánto me pone….

Sus manos me soltaron para ir acariciar los pechos por encima de la camiseta. La verdad es que no me resistía, pero tampoco ni decía, ni hacía nada. Sus ojos castaños brillantes me observaban de abajo a arriba como si me desnudase, y así me sentía ante su mirada. Intentaba no ponerme nerviosa, tener la mente en otra cosa, para que mi cuerpo no reaccionase a aquellas sensaciones. Sus manos se desviaron del trayecto, fueron descendiendo por mi geografía.

-¿Estás nerviosa o qué, rubia?

E inmediatamente me sacó los pechos por el escote de la camiseta. Aguanté el tipo como si no pasara nada y la mirada fija. Ella exhibió una sonrisa torcida y comentó:

-A ver si reaccionas…

Pasó su lengua varias veces por mis pezones hasta que se pusieron duros. Me contempló  la cara, y sin obtener respuesta cogió  mis dos pezones con dos dedos, los pellizcó de tal manera que me molestó. Lo hice saber con  un grito de disgusto.

-Vaya… ¿No te gustó? Espera a que llegue a tu coño.

No quería imaginar lo bruta que sería, y no quería llegar hasta ese punto así que salté:

-¿Quién te ha dicho que quiera acostarme contigo?

-Nadie, ni tú lo reconoces, pero tu cuerpo te delata. Aunque quieras disimularlo. ¡Eh, maja!

Había dado un vuelco la situación, me había puesto a mil por la situación y la chica era toda una tentación. Deseaba arrancarle gemidos de placer pero quería contenerme.
Sus dedos  no paraban de recorrer mis labios para luego pasar a mis pechos, mis aureolas y mis pezones lentamente. Mi piel se estremecía, era una sensación muy excitante. Al poco rato lo interrumpió para darme la vuelta. Me puso mirando hacia le encimera y con el culo en pompa hacia ella. Noté sus manos rozar en mis piernas, cada mano en cada pierna, ascendiendo muy despacio, queriendo recorrer cada centímetro de mi piel. Al llegar a mi culo lo acarició varias veces en círculos y aumentando la presión. No pude evitar suspirar profundamente y bajar mi cabeza. Las manos fueron subiendo por la espalda para seguir por los brazos hasta las manos. En el momento que me acarició por los hombros noté su lengua humedeciendo  mis cervicales. Eso hizo que deseaba más aquello y que no se acabara. 

Pegada a mí, sus manos suaves se desviaron hacia mis pechos. Empezó a manosearlos suavemente, con movimientos muy envolventes, para ir aumentando la velocidad y la presión. Después de un rato dedicándose en  ellos, las manos se esquivaron hacia mi short. Con habilidad desabrochó el botón y bajó la cremallera. Metió sus dedos agiles de la mano derecha  dentro. Mientras con sus dedos rozaban mi zona íntima, su mano izquierda se apoyaba en mi cadera. Mi cuerpo se agitaba ante los preámbulos del placer. Mi respiración era cada vez más rápida y entrecortada para dar paso a ligeros gemidos. Sus dedos traviesos se adentraron en mí. Notándolos a lo ancho y a lo largo con un ritmo constante y lento.  Sus labios a la orilla de mi oreja se abrieron para susurrarme  “Percibo que estás en tu salsa…” Giré la cabeza para poder ver su cara y ella aprovechó la ocasión para robarme un beso muy lascivamente. Mientras, sus dedos dentro de mí cambiaron a  un ritmo rápido y noté la presencia de un nuevo dedo intruso tocando mi clítoris sensible.  Eso hizo que mi cuerpo recibiera espasmos y de mi garganta saliera gritos de placer. Estaba ante un gran orgasmo. Sujeté con mi mano la mano de la chica y sentí la llegada del clímax. Noté la salida lentamente de sus dedos pero enseguida estaban ante a mi nariz. Oliéndolos, le escuché decir a la chica “saboréalos…creo que te gustará”  y toda excitada lo hice gustosamente.


Ese momento se interrumpió por un ruido que escuchamos. Apresurada, me di la vuelta, a ver lo que era. Las llaves de la casa que lleva Dani estaban en el suelo ¡Oh, Dios! ¡Dani!

-¡Cariño, no es lo que parece! – fue lo primero que se me ocurrió decir.

Rápidamente me abroché el short y me puse la camiseta. Quedé quieta en donde estaba, no sabía cómo reaccionar ante su sorpresa. La cara de él, era todo un poema y estaba petrificado…

-¡Cari…di algo!- Quería saber en qué estado de ánimo se encontraba.

-Necesito un trago…- se encaminó hacia la nevera y cogió un refresco. Con la bebida en el vaso, se fue a coger un par de cubitos de hielo al congelador.

La morena estaba al lado mía callada. Yo no sabía qué hacer y como con ella, si echarla o no, ante la presencia de Dani.

Después de que diera un sorbo, se quedó observándome, se relamió los labios y vio para la morena.

-¿Tú no sabes avisar cuando llegas, Lore? ¿En que habíamos quedado…?

-Llegué hoy  y bueno…no he podido resistirme ver a tu chica antes, pero no me imaginé…bueno… ¡eso!

Ahora sí que estaba desconcertada…

-¿De qué habláis...? ¿Os conocéis?

- Sí maja- saltó la chica

-Déjame a mí Lore. Si cielo, ¿te  acuerdas de todas las veces que hemos hablado de hacer un trío, y te comenté de una chica morena y todos los detalles que ahora no vienen a cuento?

- Sí…- me lo había comentado y había aceptado siempre y cuando conociera a la chica y me cayera bien. Aunque la realidad fue de otra manera.

-Como pudiste comprobar, hemos empezado sin ti -  Esta chica siempre tan oportuna…

-Ya lo vi, el momento que mi chica se estaba corriendo, pena que no lo hubiera visto todo… pero eso ha sido culpa de las dos,  pero eso se va arreglar inmediatamente.

Que intrigante estaba Dani…en parte me hizo sentir algo mal, pero no tenía ni la menor intención de arrastrarme.


Dio otro sorbo, puso el vaso en la encimera, cogió con la mano el par de cubitos de hielo que estaban dentro del vaso y se acercó a junto nuestra.

-Creo, que os merecéis un castigo por empezar sin mí.-  Y enseguida extendió mi short y metió un cubito de hielo. El otro  lo introdujo en el escote de la otra chica.

Iba a llamarle “Cabrón” pero enseguida me calló cuando me soltó:

- no es el momento de hablar, vayamos hacia la habitación… Lore, tú primera, Vero, tú la segunda.

Aguantando el frío en mi sexo, me dispuse a ir detrás de la morena. Iba caminando cuando él dijo:

-Así que no es lo que parece, ¡eh Vero!

Sin saber que decir, nos adentramos en la habitación. 



jueves, 18 de abril de 2013

El vestido rojo

-¡ya estoy arreglada!

-Y más que lo vas a estar. – dijo Carlos

-¿A  dónde vamos a ir?

-Preguntas mucho, saldrás pronto de dudas.

No sé qué se traía entre manos pero me gustaba que me sorprendiese, lo hacía en ocasiones, era parte de su encanto y era excitante ir a la aventura.

Salimos del piso, llamamos al ascensor. Una vez dentro, le di una palmada en su culo mostrando mi sonrisa pícara. Él me correspondió con un  beso cálido y dulce. Al llegar  abajo me cogió de la mano derecha y partimos rumbo calle arriba. Al poco de transitar entramos en la calle más comercial de la ciudad. Íbamos con un ritmo lento pero constante hasta que él paró enfrente de una tienda de ropa para mujeres. Fue entonces cuando me di cuenta de su intención, o eso creía…

A Carlos le encantaba comprarme ropa, incluso picardías, sujetadores, culottes, etc. No era muy común en hombres, pero él era una excepción en toda regla. Lo que no entendía que hacía yo allí, pues siempre iba él solo, sabía mi talla. Me quedé pensando a la vez que miraba los modelitos del escaparate hasta que Carlos habló:

-Hoy he decidido traerte conmigo y no te marchas sin que te compre un modelito.

Entramos al establecimiento, con música dance de fondo. Estaba lleno de gente, sobre todo de muchachas emocionadas  por buscar sus mejores modelos y probarlos. Había  una gran diversidad de ropa, no sabía por dónde tirar. De sopetón Carlos comentó:

-Vamos a la zona de ropa de fiesta.

Que decidiera él, fue lo mejor, me sentía aturdida. Mi gran asombro seguía latente. Tanta ropa, tantos colores, tantos tamaños… hasta que reaccioné cuando vi un vestido en un maniquí.
Era un vestido rojo, sin mangas. Tenía un elegante escote drapeado, tanto por delante como por detrás. Llegaba casi a las rodillas, de corte recto. Y con él incluido, una cadena  como de cinturón. Era precioso, incluso el color. Mi chico se percató de mi atención en él y me soltó:

-Aunque pienses que el color no te favorece, te lo vas a probar igual.

No tenía ni la menor  intención de probarlo pero… él siempre tenía las palabras justas para convencerme. Nos dispusimos a buscar el vestido entre las perchas, no debería de andar muy lejos.

-¡Vero, aquí está!


-Te espero fuera, mírate con él puesto las veces que haga falta y ya me darás la razón- comentó él al mismo tiempo que me guiñaba un ojo.

Entré al probador, cerré la cortina azul y coloqué el vestido en un colgador a la derecha. De frente había  un espejo largo y en  una esquina una silla blanca. Las paredes eran blancas impolutas.
Me fui desprendiendo de la ropa que tenía puesta y ubicándola  en el otro colgador. Quedé con el culotte  y sujetador puestos. Eran a juego, de encaje negro. Carlos acertaba en todo.
Le quité la cadena al vestido y me lo coloqué  por la cabeza. Era suave, daba gusto tocarlo y era muy fácil de manejar. Acomodé bien el escote, puse la cadena por mi  cadera  ancha y paré a observarme.
Los hombros al descubierto, la forma del  escote enseñando un poco los pechos (sin demasía), y la de atrás intentando adivinar el sujetador, la cadena de cinturón que marcaba mi cadera, las piernas desde la rodilla a la vista. Eran los pequeños detalles que me gustaban del vestido. Aparte del color, que era el ideal, aunque no soy fanática de los colores vivos. Por eso estaba dubitativa y quizás no me atrevería a ponérmelo en futuras ocasiones.

Me quedé pensando con la mirada perdida hasta que noté una mano en mi boca, ahogando mi grito de susto. En milésimas de segundos mi cuerpo se tensó y cuando reaccioné vi a Carlos.

-No me miraron entrar, no soporte esperar. No podía parar de imaginarme como queda el vestido rojo en tu cuerpo.

Mientras, su mano izquierda bordeaba lentamente el perfil de mi cuerpo. Su nariz pegada a mi cuello percibía mi olor.
El susto se disipó en nada por las sensaciones que estaba teniendo en ese momento. Empezaba a excitarme. En aquel lugar tan estrecho  y, sobre todo,  el mero hecho de que nos podían pillar en esa situación, mucho más.
Enseguida  apoyó sus manos en las mías, haciéndolas apoyar en el espejo, con su rodilla derecha hizo separarme las piernas y pegado a mí, con su boca junto a mi oreja derecha, me susurró:

-Este vestido incita mucho, tanto que dan ganas de follarte aquí, ahora mismo y con él puesto.

Mí lívido no paraba de subir, deseaba notar sus manos por cada centímetro de mi piel, deseaba besar su boca traviesa, deseaba desafiar su mirada,… ¡en ese sitio tan morboso! Sin esperármelo, me dio la vuelta y adaptó sus manos en mi culo. Su boca se fue acercando a la mía pero a escasos centímetros paró, sacó su lengua y con ella bordeó mis labios. ¡Dios! ¡Cómo me podía hacer eso el muy cabrón!
Con mis manos acaricié su pelo y atraje su cara a la mía, necesitaba saborear su legua, aspirar su respiración, morder sus labios…nos dimos un beso como nunca…
Cuando retiramos nuestras bocas, él fue deslizando su lengua a mi oreja, y me mordisqueó el lóbulo. Con sus manos fuertes fue bajando el vestido, a medida que avanzaba dejaba el rastro de sus besos. Al llegar a las caderas, quitó la cadena y con sutileza descendió el vestido. Lo atrapó y lo colocó en el colgador. Su boca me estaba enloqueciendo y si hubiera seguido no respondía de mí. De fondo, la música de la tienda cambió de estilo completamente.
En ese momento empezó a sonar  “Prince- Purple Rain". Así que de inmediato decidí darle un giro a la situación, me había calentado, por lo tanto en ese momento decidí llevar yo las riendas. No iba a quedar sin más todo lo que me hizo en ese sitio tan pequeño con tanta gente alrededor y con el riesgo de que nos podían pillar, sobre todo alguna empleada.  En el fondo también me gustaba el riesgo, sentía una mezcla  de sensaciones entre excitación y adrenalina.

Le mandé que se sentara en la silla, observando hacia mí y que estuviera quieto con las manos o con cualquier parte de su cuerpo.

Con la ropa interior puesta, a ritmo de la canción  bailaba sensualmente, acariciándome  por los labios humedecidos de mi saliva, los hombros, los pechos redondos, la cintura, la cadera, el pubis, las piernas. Volvía a rozar de nuevo mis manos por mis pechos, por mi zona íntima, pero con más presión. Él estaba con ansias de tocarme, yo le negaba con la cabeza y seguía con el viaje de mis manos por mi cuerpo.
Disfrutaba siendo el foco de atención para él, y conociéndolo, también de su excitación. Sin parar de sonreírle y de mirarle a sus ojos azules seguían mis caricias, mi baile y poco a poco con gestos provocativos  quité primero el sujetador, dejando ya a la vista los pezones duros y las aureolas sonrosadas. Luego con rebeldía el culotte, mostrando mi pubis depilado. Me sentía acalorada y excitada, la idea que tuve no fue la mejor por lo que iba a parar, pero no sin antes notar mi dedo índice en mi sexo ante la mirada de él. Realmente estaba húmedo, deslicé fácilmente hasta dar con el clítoris. No pude evitar  un gemido ahogado, cerrar los ojos y pellizcar con la otra mano un pezón. Era como si aliviara algo mi excitación. De repente escuché un estruendo e innatamente fui  junto a Carlos a taparme. Por suerte la cortina seguía cerrada pero por otro lado fue un corte por lo que estaba sintiendo.

-Bueno…ya estuvimos  bastante tiempo aquí, va ser mejor que marchemos- dije a la vez que me incorporaba

-¡Menuda cara! –Dijo él mientras me mostraba su parte íntima.

-A mí no me eches la culpa, ¿habías entrado, no?- como si nada fuera conmigo.

-Pues… ¿sabes qué? Ahora  te vistes sin la ropa interior – exhibiendo triunfante mi sujetador y culotte.

-¿Qué  hacemos con el vestido?

-No me cambies de tema

-Qué quieres que te diga, te quedo más a mano, ¿no?- dije mientras para enseguida mordisquear mi labio inferior, mirando hacia su sexo

-No me tientes…que soy capaz.

-Lástima que venimos solo a comprar. Me quedo con el vestido ¿te parece?

-Que bien lo pasaremos en futuras ocasiones…

Mientras hablábamos, me iba vistiendo. Con el vestido en mano salimos del probador y miramos a una dependienta sonriéndonos y guiñándonos el ojo. El estar vestida sin ropa interior ante su vista me hacía sentir desnuda, y mi calentón reciente no paraba de ascender. Carlos aprovechó la ocasión para palparme el culo por encima de la falda morada y mirar descaradamente a la dependienta.

-¡Vámonos ya! Tenemos que hacer algo que nos urge.- le espeté

Nos acercamos al mostrador, y mientras él sacaba el dinero para pagar el vestido, yo notaba la mirada del dependiente que estaba detrás de la barra en mis pechos, cubiertos por la blusa negra. No sabía si era percepción mía o no, pero me sentía observada por todos. Y en parte sentía excitación pero por otra vergüenza.

-Si no te importa dame la bolsa ¡bicho!

Solté una carcajada y se la di. Percibí que era para disimular su erección.


Durante el trayecto mi imaginación volaba, la situación que me  he hizo sentir Carlos en el probador, la que le hice yo, las miradas y sonrisas de los dependientes, sin ropa interior…
Al entrar al ascensor, después de que cerrara la puerta, espeté a Carlos contra una pared y empecé a besarle muy provocativamente mientras le acariciaba el pene por encima del pantalón. Él con sus manos me apartó, y con una me la metió por debajo de la falda. Noté su dedo introducirse en la vagina, estaba tan lubricada que enseguida metió dos.

-Uy… ¡cómo está la nena!….ya falta poco querida.

A mí se me hacía eterno, mi excitación ascendía como nunca. Al entrar en el piso Carlos dejó la bolsa encima de un armario y me  dijo:

-Vete a la habitación, desnúdate y espérame poniéndote en la cama a cuatro patas con el culo hacia la puerta.

No se podía negar que era dominante, pero me encantaba, entre otras cosas. Era Carlos. Obedecí y de allí a  poco tiempo noté su mano acariciando en círculos mi culo. Y antes de que siguiera cerró la puerta.
 


jueves, 11 de abril de 2013

Aurea: hermosa como el oro

Allí estaba Carolina, con la mirada fija al espejo. Observando cada detalle de su cuerpo. Su melena morena llegaba hasta los pechos. Ondulada y brillante. Sus ojos acastañados no evitaban fijarse en sus pechos redondos y firmes.

No podía quitarse de la cabeza a Ángel. Se conocieron hace una semana y desde el primer momento se atraían mutuamente y no querían desperdiciarlo. Todos los días, durante una hora sus cuerpos se fundían, se acariciaban, se sentían, se besaban, en definitiva, daban rienda a toda su pasión.

Una vez que había terminado de ver su anatomía que tanto admiraba Ángel se dispuso a encender la radio. No quería perder el programa que escuchaba todos los días.
La voz cálida de la locutora le transmitía sosiego y bienestar.

Tras una música relajante la locutora empezaba a hablar:

“Buenas noches amig@s, una noche más conmigo. Esta noche os llevaré a un tema fascinante ¿a quién no le despertó alguna vez curiosidad por las  hadas? ¡Eses seres magníficos que nos hacen llevar la fantasía, evadirnos del mundo real y sentirnos mágicos! Son infinitas y es imposible recopilarlas, ya que aparecen en todas las culturas y en todo el mundo, con características diferenciales.

Hoy os hablaré  un poco de las ‘mouras’:

Son jóvenes hadas de las leyendas gallegas. Se tratan de mujeres seductoras, su cabello largo y pelirrojo es el componente sexual, su piel es blanca y suave, y sus mejillas son coloreadas. En numerosas ocasiones acaban metamorfoseándose o volviéndose invisible.
Viven en cuevas o grutas, en donde suelen guardar el oro, en verano suelen aparecer de día a la orilla de un río hilando o peinando su pelo.
Con su ayuda, por sus poderes sobrenaturales, levantaron dólmenes, situados en lugares especiales.

Para hacer más ameno este tema he pensado en compartir con tod@s vostr@s un relato erótico pero antes os pondré una melodía tranquila y de origen gallega para adentrarnos en nuestra temática:

Carlos Nuñez-Moura


Y con esa música de fondo, Carolina, sonriente, se iba vistiendo. Justo cuando iba a calzarse la locutora empezaba a narrar, así que dejó los zapatos, se echó encima de la cama y prestó toda la atención:


‘No era un bosque más, este era especial para Aurea. Toda la vegetación verde, los árboles grandes y enteros, una multitud de flores y plantas, y un río con abundante agua.
Todas las tardes iba a dar un paseo y ese día era el más propicio, San Juán.

Después de dar unas cuantas vueltas se sentó a la orilla del río. Sus alas inquietas y doradas dejaron de agitar. Su melena pelirroja dejó de ondear. Parpadeo un par de veces al mismo tiempo que dió un chasquido con los dedos. Se convirtió en una mujer bellísima.
Le parecía fascinante que con nada y en tan poco podía transformarse de hada a mujer.
Su sonrisa daba alegría al entorno, sus ojos verdosos claros brillaban más, su piel más aterciopelada, sus curvas más marcadas y su melena más larga y brillante. Con un giro de la mano obtuvo un peine de oro. Con él empezó a peinar su larga melena cuidadosamente. Le dedico un buen tiempo a ello. Estaba casi terminando cuando escuchó un ligero sonido gracias a su agudeza auditiva. Aunque se convirtiera en mujer no perdía sus poderes de hada. Miró a su alrededor y percibió a un jovenzuelo. Agudizó su vista y pudo notar que no era un cazador. Al saber eso quería que se le acercara, chapoteó su mano en el agua del río. La curiosidad del chico hizo ir hacia donde había escuchado el ruido. Cuando se dio cuenta que había una mujer a la orilla del río se quedó petrificado.

Aurea no paraba de mirarle y sonreírle hasta que le dijo:

- “¡Ven!”  

Él obediente se acercó. Era alto, con un cuerpo muy atractivo, de tez morena, unos ojos negros intensos y un porte elegante. Estaba admirado por su belleza. Se sentó a su lado con un poco de miedo, por lo desconocido, pero algo le hacia atraerse como un imán a ella.

- Me llamo Aurea, ¿y tu?
- Oscar
- Creo que el destino hizo que nos cruzáramos.

A medida que iba hablando ella lo  hacía con más firmeza. Tenía a Oscar a milímetros por lo que pudo observarlo mejor, también notó que estaba muy nervioso. A pesar de ello, percibió que él estaba ansioso por probar sus labios tentadores y  de acariciar su piel de arriba abajo sin dejar ni una zona. La verdad es que ella lo deseaba desde el momento que lo miró.

Sin pensárselo más de dos veces se humedeció los labios y fue a besar dulcemente al chico. Él reaccionó agarrando su dulce cara y le correspondió. Sus lenguas se cruzaron y la saliva se entremezcló. Como si las prisas les apoderaran lo hacían con más rapidez a la vez que se daban algún mordisco en los labios.

Al mismo tiempo Oscar descendía sus manos por los brazos a la vez que le quitaba la túnica blanca. Ella se estaba excitando, eran tantas sensaciones extraordinarias que deseaba que nunca acabase. Con los pechos al aire él fue descendiendo su lengua por el cuello hasta llegar a ellos y haciendo redondeles sobre el pezón. Con una mano en cada pecho los empezó a acariciar suavemente, para luego juntarlos y hacerlo con más rapidez. Su lengua rozó el pezón izquierdo, lo suficiente para humedecerlo y endurecerlo. Acto seguido hizo lo mismo con el pezón derecho. Y como guinda al pastel, su boca abrazó el pezón, tanto el derecho como el izquierdo, para succionar el pecho.

Fue deslizando su lengua por la piel suave y blanca, pasando el ombligo pequeño, hasta llegar a su pubis. El cuerpo de Aurea no lo podía evitar, se estremecía ante eses estímulos y la cadera se elevaba. Los dedos de él rozaban suavemente el pubis, aunque lo que más deseaban era juguetear con aquel lugar recóndito. Los muslos de ella se separaban para dejar paso a su máximo  placer. La boca de él se abrió para sacar su lengua. La pasó cerca de su húmedo sexo pero poco a poco se fue acercando. Cuando Aurea  notó su lengua dentro  lanzó un alarido gustosamente.
Siguió danzando su lengua por los labios vaginales, provocando gemidos profundos y ahogados. Avanzó hacia el abultado clítoris para lamerlo, y presionarlo, un poco, cada vez un poco más y más. En su cabeza tenía las manos de ella haciendo fuerza cada vez que se estremecía y lanzaba un gemido ahogado. Dos dedos de él  se introducían en el interior de su vagina marcando un ritmo constante. La respiración acelerada de ella y sus movimientos de cadera más rápidos presagiaban un gran orgasmo. Él siguió hasta que ella gimió de placer como nunca y su cuerpo se convulsionó un par de veces.

Aurea mostró una gran sonrisa e iba a besar a Oscar cuando este se echó hacia atrás. Le pareció ver algo dorado detrás de ella, pero enseguida parpadeó y comprendió que estaba equivocado.

Mientras ella jugaba con su lengua provocativamente con la de él, lo iba desnudando a la vez que movían sus cuerpos rítmicamente.

-¡Túmbate! – Mandó ella

Se sentó encima de él, haciendo que sus zonas íntimas coincidieran sin que aún se sintieran uno dentro del otro. A la vez que se meneaba, y que sus sexos se frotaban, ella con sus dedos pellizcaban sus pezones. Los resoplidos de él eran cortos y constantes, le lanzó una mirada a Aurea, y como comprendiendo asintió la cabeza.

Elevó sus caderas permitiendo que el pene entrara lentamente rozando cada milímetro de su vagina. Esa sensación era fantástica para los dos, difícilmente inexplicable. Empezó a moverse rítmicamente que enseguida se cambiaron por las embestidas de él, largas y profundas. Cada embestida hacia temblar el cuerpo de ella. La llegada de un orgasmo era inminente. Él, con sus brazos agarró el cuerpo de ella elevándolo ligeramente y aceleró las embestidas. Proporcionando un placer que enseguidamente acabaría en clímax. Sus respiraciones entrecortadas y gemidos daban paso a  un par de gritos de placer, sus cuerpos agitados a estar por milésimas de segundos quietos pero recorriendo por todo el cuerpo un placer infinito.

Aurea irradiaba luz en todo su cuerpo y cuando contempló a Oscar con los ojos abiertos de par en par sutilmente le puso un dedo en su boca y le susurró:

-¡sshhh!

Esta vez pudo contemplar con toda claridad unas alas doradas y grandes en la espalda de ella.


Oscar se despertó de la cama agitado, advirtió algo pequeño en su torso y lo miró detenidamente. Constató que no fue ningún sueño. Era la hada Aurea, tan hermosa como el oro.’



Espero que os hubiera gustado el relato amig@s. Mañana a la misma hora volvemos, contamos contigo. ¡Buenas noches!”


Carolina estaba imaginándose la última escena del relato cuando escuchó sonar el timbre. Se calzó toda apurada y fue abrir:

-Uy…que sonrisa más picara… ¿vamos?- dijo Ángel
-¡Por supuesto! ¿Lo dudas?



martes, 5 de febrero de 2013

Marcada por el momento


Me sientas en la cama y ante tu excitación, me sale una sonrisa pícara y te miro a lo ojos. Lo deseas, mis manos recorriéndote, cada trozo de tu piel y más en tu sexo. Pero te hago sufrir un poco, mis manos masajean tus escondites más recónditos. Entreabro mi boca y dejo asomar mi lengua. Y con la punta la paso por el glande. Tu sorpresa es tal que retrocedes pero en milésimas de segundo me la metes entera en la boca. Ahora la saboreo entera. Tus movimientos me indican que estás ante un orgasmo brutal. Y con ritmo, tus manos acariciándome los hombros y la cabeza, llegas al orgasmo. Al mismo tiempo noto tus uñas pasarse por mi espalda, de tal intensidad que las noto queriendose hundir. En el momento no me molesta, fue como un gustirrinín. Y que es tu forma de decirme que siempre me acordaré de aquel momento. Me levantas, me besas dulcemente y con tu mano derecha abierta acaricia la zona arañada como calmar lo que acabas de hacer.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Dulzura helada

 
Se siente nervioso ante la incertidumbre, pero como promesa que juró hacerla, Rafa va a hacer una visita  a sus amigas. Ellas abren la puerta y sin mediar palabra lo llevan al dormitorio. Iluminada por miles de velas aromáticas creando claros oscuros muy insinuantes  desnudan lentamente al chico. Al terminar, entre ellas se dirigen  un par de miradas.
Como si las miradas hablasen ellas deciden recostar al chico en la cama y lo esposan. Él, esposado a la cama totalmente desnudo puede ver a las chicas a los pies de la cama. Se empiezan a desnudar entre ellas, al mismo tiempo que se acarician y se dan unos besos deseosos de lascivia. Ante tal situación, el chico totalmente desnudo en la cama, está muy excitado. Rabea por no poder mover las manos hacia ellas, para acariciarlas, sentirlas. Ellas, desnudas, se suben muy sinuosamente a la cama, acariciando cada pedacito de cuerpo de él que van encontrando hasta llegar a la cabecera de la cama.
Lucía saca un pañuelo de seda de unos de los cajones de la mesilla de noche. Entre ella y Patricia le tapan los ojos. Patricia retira de un escondite cúbitos de hielo, sostiene uno entre los labios y  con él  empieza a recorrer los  pechos de él haciéndole estremecer. Una vez que se termina de derretir el cúbito de hielo Lucía sigue el rastro con su lengua, notando frío al mismo tiempo que nota su piel cálida. Al terminar, Lucía va al escondite y coge un poco de chocolate tibio, echa un poco en el torso y en los pezones de Rafa .Patricia empieza a saborearlo desde el pezón izquierdo, sigue el trayecto hasta acabar en el pezón derecho. Rafa se revuelve de placer, ellas tienen la duda de si sería de gustazo… Aunque ahora ya no hay rastro de chocolate, Patricia sigue lamiendo y mirando su cara. Él se esta mojando los labios…eso hace que ella se excita. En un momento de desprovisto ella se va a saborear aquella boca que tanto ansiaba. Ahora Lucía es la que sigue lamiendo por el torso y va descendiendo hasta pasar su lengua alrededor del ombligo. Lucía se dirige a Patricia con una mirada, dándole a entender lo que tiene que hacer.
Patricia saca nuevamente del escondite los cúbitos de hielo. Lucía coge un cúbito y lo roza en la línea desde el ombligo hacia el pubis…las sensaciones de Rafa se manifiestan en un grito. Un grito ahogado y gustoso. Se paró, apartó el cúbito, como ahora es tan pequeño Lucía  decide restregarse las manos con él hasta deshacerse. Con sus manos frías fue empezando a acariciar la parte  interior de los muslos de la pierna, ascendiendo hasta llegar a los testículos. Con sutileza, pasa sus yemas de los dedos, notando como su piel se eriza. Patricia se acerca, con su lengua lame la zona fría. Rafa está enloqueciendo solo de pensar cuándo podrá sentir esos labios juguetones de ellas. Lo creciente de su excitación bajo su pubis, pidiendo más de cada una de ellas, cada beso, cada caricia y cada roce de piel. Lucía, más impaciente,  se mete un cúbito pequeño en la boca y tras derretirse se dirige a su pene inhiesto. Se lo introduce milímetro a milímetro  mientras Patricia prodiga atenciones a sus testículos. Rafa tiene la constante sensación de estar a punto de estallar.
De ahí a un poco se cambian las tornas, Lucía baja a sus testículos y tras sopesarlos tiernamente se dedica a lamerlos soplando de vez en cuando para intensificar la sensación. Patricia con las dos manos abiertas las pasa por el torso, van ascendiendo como si un masaje se tratase. Al llegar a los pezones, los pellizca, le manda un par de lengüetazos pero no puede evitar mordisquearlos un poco. Rafa suspira sin cesar. Al verle la boca entreabierta pasa sus finos dedos por sus labios mojados, pero rápido los quita y los sustituye por su lengua, sin llegar a meterla en la boca. La lengua de Rafa se asoma buscando la de ella, antes de que se apartara y se fuera para su oreja. Le mordisquea el lóbulo y en un abrir y cerrar de ojos se va a saborear la boca traviesa de Rafa. No lo esperaba, pero le responde gustosamente y devorándole.
Mientras Lucía está la mar de entretenida besando sus testículos su sexo erecto se tensa con impaciencia, tan erecto que cada una de sus venas se marcan son excitación y que con tanta ansia por sentir  el tacto de ellas. Lucía ve ese tórrido beso y que sin poder resistirlo se une, breve pero intensamente. Vuelve a bajar para volver a lamer cada una de las venas de su miembro erecto. Mientras con las manos  masajea sus testículos se  introduce el glande en la boca y aunque él empuja sus caderas hacia arriba para meterlo entero Lucía no le deja. Se dedica a lamer esa zona, soplando, arañando suavemente con los dientes. Como  no sabe si ese pequeño momento de dolor le gusta  lo lame para aliviarlo.
Patricia se pone de tal manera que coincide su boca con el miembro del chico y la boca de Lucía, y su parte íntima está enfrente de la boca de Rafa. Él, con los ojos tapados y las muñecas agarradas, saca su lengua al sentir el húmedo y excitante olor del sexo. Se acerca con hambre, su lengua siente la suavidad de sus labios, su humedad salada, y comienza a recorrerlo de arriba a abajo, besándolo, lamiéndolo, mordisqueándolo todo lo que su posición le permite. Enloquece con las caricias y los besos de ellas mientras el se embriaga con el sabor del sexo de Patricia con la constante tensión de su pene erecto, siempre a punto de estallar de placer.
En un momento que Lucía levanta la cabeza Patricia saborea aquellos labios finos hasta que se entremezclan sus salivas. Patricia junta su mano con la de Lucía para masajear el miembro que estaba imponente. Se le hace boca agua y decide hacerle  unas lamidas alrededor del miembro mientras Lucía come el capullo, succionándolo profundamente, aumentando el ritmo tal y como quiere él. Como desea desde hace ya mucho tiempo llevándolo al limite una y otra vez. En un momento que Lucía para, Patricia abre su boca y  mete el pene de Rafa, apoyando sus manos en sus cachetes para marcar el ritmo, a veces entrecortaba para  succionar el capullo. Con la más mínima sensación, Rafa se estremece. Ellas, al verlo tan excitado y ante tal situación también se excitan.
Lucía le susurra algo a Patricia y acto seguido Lucía se retira y Patricia se pone encima de él. Con su mano coge su miembro y lo acerca a su parte íntima, bajándolo un poco más  lo nota rozando el clítoris. El pene se desliza por los sitios más recónditos pero ante la impaciencia de Rafa eleva su pubis para introducirle con suavidad, aunque lo que más desea es llegar de golpe hasta el fondo. Ella sentada encima de él, con sus manos en el torso, se mueve rítmicamente, notando milímetro a milímetro de su pene. Él no puede evitar suspirar y revolverse algo. Es entonces cuando Lucía decide soltarle pero el pañuelo de seda se lo deja puesto y le susurra “ni te lo quites, y más que vas a gozar por partida doble” .......