Veronik Liberal

Veronik Liberal

sábado, 13 de julio de 2013

Noche de San Juán

Con la ropa colocada encima de la cama, Vero asoma su cabeza por la ventana.
Visualiza el cielo despejado, las estrellas  chispeantes, la luna  llena en su esplendor, irradiando luz en la oscuridad. Empieza a imaginarse una situación morbosa pero pronto la desecha de su cabeza y con apresura se viste.
No quiere llegar tarde al plan que le propusieron. Noche de San Juán. A la luz de la luna, en la playa, con el sonido de las olas de mar, con buena compañía y presenciar una queimada. Todo es un conjunto de motivos para ir.
Al acabar de vestirse se ve en el espejo. Le gusta la elección de la ropa y no puede evitar acariciar su cadena. En la que la luna es una de las protagonistas.

Coge el bolso, la chaqueta y se dispone a marchar. A punto de llegar a su destino le asalta un recuerdo. No se lo puede creer, con nada se calienta. John es el motivo. Un chico que ha vuelto a su vida después de seis años. Y esta vez con más deseo. Cuando comprueba que no hay nadie a la vista mete su mano por el escote para acariciar sus pechos y pezones. En su última cita con John, había llegado al clímax por los pechos. Le había sorprendido muy gratamente, muy pocos chicos le dedicaban tanto tiempo a los pezones y la forma como lo hizo él.
-Uhhh
Inmediatamente Vero quita la mano y se gira hacia el sonido
-Tú ya tentando, ¿no?-
-¿A qué esperas Lore? Mira que nos pueden pillar… – Responde Vero guiñándole el ojo
- Te da vergüen …- Dejándole con  la palabra en la boca, Vero coge su cabeza, la aproxima a ella para besarle muy lentamente y lascivamente.
La morena  sin desperdiciar el momento mete sus manos por debajo de su vestido para palparle el culo y dejárselo al aire. Sin que pasase mucho tiempo Vero finaliza el beso y se retira.
-Ahora sí que te pillé desprevenida-  mostrándole una sonrisa triunfante Lorena.
-En fin, vamos. Nos deben estar esperando- concluyó Vero, sintiéndose excitada.

-ey, ¡la morena y la rubia ya están aquí!- Comentó Iván, uno de los amigos.
Saludan a los que están allí y están durante un rato hablando, riendo y bebiendo.
A Vero se le escapa la mirada al mar, está tranquilo y ve el reflejo de la luna. Por momentos se imagina que está sola ante ella.

La hoguera que formaron los amig@s apenas tiene ya  llamas de fuego quedándose en cenizas, el momento que aprovechan para poner el recipiente de barro  con algunos ingredientes dentro, para la queimada. El resto de los presentes se colocan alrededor de la cazuela de barro a una distancia prudencial.
-Bueno, ha llegado el momento. Con la queimada quemaremos todo lo malo del año. En cuanto emerjan  las llamas de fuego diré el conjuro para completar con el ritual.-Encargándose de hacer la queimada Dani coge el cucharón de barro para poner dentro dos cucharadas de azúcar con un poco de aguardiente.
Cuidadosamente le planta fuego y cuando planta la llama lo aproxima al recipiente. Empieza a arder todo, mientras con cuidado Dani va removiendo y elevando el cucharón para dejar caer el  aguardiente.  La mezcla de colores por el fuego  y el quemar el aguardiente es sorprendente y espectacular.

Mouchos, coruxas, sapos e bruxas.      /  Búhos, lechuzas, sapos y brujas.
Demos, trasgos e diaños,                    /  Demonios, duendes y diablos,
espritos das nevoadas veigas.           /  espíritus de las neblinosas fincas.

Corvos, pintigas e meigas:                  /  Cuervos, salamandras y meigas,
feitizos das manciñeiras.                   /  hechizos de las curanderas.
Podres cañotas furadas,                   /  Podridos troncos ahuecados,
fogar dos vermes e alimañas.        /  hogar de los gusanos y alimañas.

Lume das Santas Compañas,           /  Fuego de las Santas Compañas,
mal de ollo, negros meigallos,        /  mal de ojo, negros hechizos,
cheiro dos mortos, tronos e raios.  /  olor de los muertos, truenos y rayos.
Oubeo do can, pregón da morte;   /  Aullido del perro, anuncio de la muerte;
fuciño do sátiro e pe do coello.     /  hocico del sátiro y pie de conejo.
Pecadora lingua da mala muller    /  Pecadora lengua de la mala mujer
casada cun home vello.                 /  casada con un hombre viejo.

Averno de Satán e Belcebú,              /  Infierno de Satán y Belcebú,
lume dos cadavres ardentes,            /  fuego de los cadáveres ardientes,
corpos mutilados dos indecentes,   /  cuerpos mutilados de los indecentes,
peidos dos infernales cús,               /  pedos de los infernales culos,
muxido da mar embravecida.         /  mugido de la mar embravecida.

Barriga inútil da muller solteira,          /  Vientre inútil de la mujer soltera,
falar dos gatos que andan á xaneira,   / maullar de los gatos en celo,
guedella porca da cabra mal parida.   / pelo malo y sucio de la cabra mal parida.

Con este fol levantarei                         / Con este fuelle levantaré
as chamas deste lume                         /  las llamas de este fuego
que asemella ao do Inferno,              /  que se asemejan a las del infierno,
e fuxirán as bruxas                           /  y huirán las brujas
a cabalo das súas escobas,                /  a caballo de sus escobas,
indose bañar na Praia                        /  yéndose a bañar a la playa
das areas gordas.                               /  de las arenas gordas.
¡Oide, oide! os ruxidos                     /  ¡Oíd, oíd! los rugidos que dan
que dan as que non poden                /  las que no pueden
deixar de queimarse no augardente /  dejar de quemarse en el aguardiente
quedando así purificadas.                /  quedando así purificadas.
E cando este brebaxe                       /  Y cuando este brebaje
baixe polas nosas gorxas,                /  baje por nuestras gargantas,
quedaremos libres dos males          /  quedaremos libres de los males
da nosa alma e de todo embruxamento / de nuestra alma y de todo embrujamiento.

Forzas do ar, terra, mar e lume,            /  Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego,
a vós fago esta chamada:                      /  a vosotras os hago esta llamada:
si é verdade que tendes máis poder     / si es verdad que tenéis más poder
que a humana xente,                           / que la humana gente,
eiquí e agora, facede cós espritos      /  aquí y ahora, haced que los espíritus
dos amigos que estan fóra,                /  de los amigos que están fuera,
participen con nós desta Queimada. /  participen con nosotros de esta Queimada.

Mientras Dani recita el conjuro, Vero cierra los ojos y empieza a imaginar...
   Sentada en la arena, recostada contra la piedra, mira fijamente hacia la luna.
   Le hace sentir tranquila, calmada, en paz. Estando desnuda siente  una caricia por el brazo,
   un beso cálido por la mejilla, una mano descender de su cuello. Gira su cabeza y sonríe al ver
   a John con esa sonrisa pícara,  estando desnudo también. Unen  sus bocas para calmar la sed  
  que se  tienen, mientras las manos de él tocan sus pechos.
   La tumba boca arriba y sus manos recorren hacia cada centímetro de su geografía,  al  
   principio lentamente, luego enérgicamente.
   Su lengua roza cerca de su sexo. Con ansia acaricia, lame, succiona y pellizca los pezones.
   Vero se encuentra muy excitada, lo que hizo arquear su espalda. Su mirada se topa con la
   él, y no hace falta palabras.
   John desciende su cabeza, dejando  rastro de su saliva, hasta su pubis. Con meticulosidad fue
   acercando su lengua a l húmedo sexo.  Saboreando el néctar. Sus manos apoyadas en
   sendas piernas atrae más el pubis hacia su cara.
   Mientras, Vero con sus dedos pellizca sus pezones. Su respiración entrecortada pasa a
   gemidos ahogados. Su cuerpo no para de estremecer. La lengua de John recorrría de arriba
   abajo, a lo ancho,  y por dentro de la vagina. A un ritmo rápido y sin parar.
  Cuando ella siente  que está a punto de alcanza el orgasmo, se revuelve   más al notar la
  lengua moverse frenéticamente en el clítoris.
  Los gemidos pasan a gritos. Sus manos se apoyan en la cabeza de él y sus sacudidas paran, el  
  cuerpo se tensa y eleva su pubis  hacia arriba.   Inspira profundamente, abre los ojos y está  
  así un par de segundos.
  Nunca se imaginó ver la luna después de  un gran orgasmo con  él. Atrae hacia ella a John, lo    
  besa muy viciosamente. Y sus manos se desvían a acariciar el sexo del chico…

-A saber por qué sonríes… - lo que le espeta Lore la devuelve a la realidad a la vez que le da  una palmada en el culo.
-Toma nena, una poco de queimada – acercándose Dani le dio un cuenco con la bebida.
Y bebiendo de él a sorbos, queda mirando hacia la luna.



jueves, 23 de mayo de 2013

Pillada en la cocina



Despertarme cada día al lado de Dani se me ilumina la sonrisa. Siempre que podemos nos enzarzamos en una guerra muy dulce y placentera.

Esa mañana, al ser sábado, le dedicamos más tiempo. Cuando caímos rendidos, él me dio un beso muy húmedo y me dijo:

-Me voy hacer footing, que disfrutes haciendo la comida, nos vemos cariño.

 No salía de mi asombro su gran energía y ganas de correr después de follar, pero si él quería yo no lo iba retener.

Los rayos del sol penetraban por las ventanas, daban sensación de calor. Por ello decidí vestirme con poca ropa. Una camiseta de tirantes rosada sin nada debajo, un tanga negro y un pantalón marrón corto.


Al llegar a la cocina me coloqué el delantal y me dispuse a ver lo que había dentro de la nevera. En función de lo que había, de la facilidad y del sabor me decanté por hacer unas patatas rellenas de verduras.

Fui colocando los ingredientes en la encimera: cebolleta, lo prefería más que la cebolla por su sabor más dulce, puerro, pimiento verde, pimiento rojo, zanahoria, calabacín, berenjena, tomate y, como no, las patatas. 

Antes de ponerme a trocear los alimentos encendí el reproductor de música. Sonaba “Bon Jovi” por lo que subí un poco el volumen. Era el cd que grabó Dani, un variado de singles de varios álbumes del grupo. En gustos musicales coincidíamos mucho.

Ya con el cuchillo en mano empecé a picar todo menos las patatas, a mi ritmo. Me relajaba y más con esa música de fondo. Con la cazuela a fuego y el aceite caliente fui volcando las verduras menos los tomates. Al mismo tiempo iba pelando las patatas y vaciándolas.

Cuando me dispuse a precalentar el horno sonó el timbre de casa. ¡Quien narices sería! Me fastidiaba que me interrumpiesen mientras cocinaba... Bajé un poco el gas, apagué la música y fui abrir.
Al abrir la puerta vi a una guapa morena con media melena, muy bien vestida que le hacía tremendamente sexy, unos ojos castaños brillantes y una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Hola, me llamo Lore! –me dio dos besos y se adentró en la vivienda.

-¡¡Eh!! ¿Qué haces?

-Pasar ¿o no lo miras?

¡Menuda desfachatez! No la conozco y pasea como perrito por su casa.

-¿Quién coño eres? –mostrando mi enfado.

-¡¡Lore!!- enseñando su gran sonrisa.

Mostrando mi mejor sonrisa, más falsa del mundo…, le espeté:

-Ya, pero eso a mí no me dice nada y no tienes derecho a entrar aquí. ¡Que no vives aquí!

-¿y tú sí?

-¿Acaso no lo ves?

Me estaba empezando irritar aquella chica, cuando sonó el pitido del horno. ¡Oh no, el pisto! Me fui corriendo a bajar del todo el gas. Comprobé que ni se pegó  y ni se quemó. El horno lo apagué.
No podía atender debidamente a la comida con la presencia de aquella chica.
 
-Oh…creo que se te quemó guapa.
 
¡Estaba al lado mía! Como se atrevía… husmeando donde no debía y que no era de su incumbencia.

-Casi, por culpa tuya.

-¡No digas eso mujer! Si no he hecho nada…

-Has hecho bastante…

-Y más que puedo hacer…- a la vez que me guiñaba el ojo y mordisqueaba el labio inferior.

-¡Te quiero ver fuera!- Mi indignación subió por su osadía de tirarme los trastos.

Se aproximó más a mí, agarrando mis manos con las suyas y mirándome fijamente a los ojos  me dijo:

-Shhhh, tranquilízate que no te voy hacer daño

Arrimó su boca a mí oído y me susurró:

-Pues yo te quiero dentro de mí.

Acto seguido arrimó sus labios a los míos, entreabrió su boca y me besó como si nunca besara a nadie. 

Lo que en un  principio me parecía indignante, en el momento que empezó a besarme quedé petrificada. Pero en segundos me dejé llevar por el beso...Deseaba que siguiera pero no quería. Dani no estaba y no sabía nada. No quería que se enterara, y si no le seguiría el rollo a la chica, era su palabra contra la mía, si se llegara a enterar. Aparte con sus malos modales no quería caer tan fácilmente en sus redes.

-Mmm, si el principio me gusta, no me quiero imaginar el final…

-¡Oye tú!

-¿Te vas a poner chulita? No sabes cuánto me pone….

Sus manos me soltaron para ir acariciar los pechos por encima de la camiseta. La verdad es que no me resistía, pero tampoco ni decía, ni hacía nada. Sus ojos castaños brillantes me observaban de abajo a arriba como si me desnudase, y así me sentía ante su mirada. Intentaba no ponerme nerviosa, tener la mente en otra cosa, para que mi cuerpo no reaccionase a aquellas sensaciones. Sus manos se desviaron del trayecto, fueron descendiendo por mi geografía.

-¿Estás nerviosa o qué, rubia?

E inmediatamente me sacó los pechos por el escote de la camiseta. Aguanté el tipo como si no pasara nada y la mirada fija. Ella exhibió una sonrisa torcida y comentó:

-A ver si reaccionas…

Pasó su lengua varias veces por mis pezones hasta que se pusieron duros. Me contempló  la cara, y sin obtener respuesta cogió  mis dos pezones con dos dedos, los pellizcó de tal manera que me molestó. Lo hice saber con  un grito de disgusto.

-Vaya… ¿No te gustó? Espera a que llegue a tu coño.

No quería imaginar lo bruta que sería, y no quería llegar hasta ese punto así que salté:

-¿Quién te ha dicho que quiera acostarme contigo?

-Nadie, ni tú lo reconoces, pero tu cuerpo te delata. Aunque quieras disimularlo. ¡Eh, maja!

Había dado un vuelco la situación, me había puesto a mil por la situación y la chica era toda una tentación. Deseaba arrancarle gemidos de placer pero quería contenerme.
Sus dedos  no paraban de recorrer mis labios para luego pasar a mis pechos, mis aureolas y mis pezones lentamente. Mi piel se estremecía, era una sensación muy excitante. Al poco rato lo interrumpió para darme la vuelta. Me puso mirando hacia le encimera y con el culo en pompa hacia ella. Noté sus manos rozar en mis piernas, cada mano en cada pierna, ascendiendo muy despacio, queriendo recorrer cada centímetro de mi piel. Al llegar a mi culo lo acarició varias veces en círculos y aumentando la presión. No pude evitar suspirar profundamente y bajar mi cabeza. Las manos fueron subiendo por la espalda para seguir por los brazos hasta las manos. En el momento que me acarició por los hombros noté su lengua humedeciendo  mis cervicales. Eso hizo que deseaba más aquello y que no se acabara. 

Pegada a mí, sus manos suaves se desviaron hacia mis pechos. Empezó a manosearlos suavemente, con movimientos muy envolventes, para ir aumentando la velocidad y la presión. Después de un rato dedicándose en  ellos, las manos se esquivaron hacia mi short. Con habilidad desabrochó el botón y bajó la cremallera. Metió sus dedos agiles de la mano derecha  dentro. Mientras con sus dedos rozaban mi zona íntima, su mano izquierda se apoyaba en mi cadera. Mi cuerpo se agitaba ante los preámbulos del placer. Mi respiración era cada vez más rápida y entrecortada para dar paso a ligeros gemidos. Sus dedos traviesos se adentraron en mí. Notándolos a lo ancho y a lo largo con un ritmo constante y lento.  Sus labios a la orilla de mi oreja se abrieron para susurrarme  “Percibo que estás en tu salsa…” Giré la cabeza para poder ver su cara y ella aprovechó la ocasión para robarme un beso muy lascivamente. Mientras, sus dedos dentro de mí cambiaron a  un ritmo rápido y noté la presencia de un nuevo dedo intruso tocando mi clítoris sensible.  Eso hizo que mi cuerpo recibiera espasmos y de mi garganta saliera gritos de placer. Estaba ante un gran orgasmo. Sujeté con mi mano la mano de la chica y sentí la llegada del clímax. Noté la salida lentamente de sus dedos pero enseguida estaban ante a mi nariz. Oliéndolos, le escuché decir a la chica “saboréalos…creo que te gustará”  y toda excitada lo hice gustosamente.


Ese momento se interrumpió por un ruido que escuchamos. Apresurada, me di la vuelta, a ver lo que era. Las llaves de la casa que lleva Dani estaban en el suelo ¡Oh, Dios! ¡Dani!

-¡Cariño, no es lo que parece! – fue lo primero que se me ocurrió decir.

Rápidamente me abroché el short y me puse la camiseta. Quedé quieta en donde estaba, no sabía cómo reaccionar ante su sorpresa. La cara de él, era todo un poema y estaba petrificado…

-¡Cari…di algo!- Quería saber en qué estado de ánimo se encontraba.

-Necesito un trago…- se encaminó hacia la nevera y cogió un refresco. Con la bebida en el vaso, se fue a coger un par de cubitos de hielo al congelador.

La morena estaba al lado mía callada. Yo no sabía qué hacer y como con ella, si echarla o no, ante la presencia de Dani.

Después de que diera un sorbo, se quedó observándome, se relamió los labios y vio para la morena.

-¿Tú no sabes avisar cuando llegas, Lore? ¿En que habíamos quedado…?

-Llegué hoy  y bueno…no he podido resistirme ver a tu chica antes, pero no me imaginé…bueno… ¡eso!

Ahora sí que estaba desconcertada…

-¿De qué habláis...? ¿Os conocéis?

- Sí maja- saltó la chica

-Déjame a mí Lore. Si cielo, ¿te  acuerdas de todas las veces que hemos hablado de hacer un trío, y te comenté de una chica morena y todos los detalles que ahora no vienen a cuento?

- Sí…- me lo había comentado y había aceptado siempre y cuando conociera a la chica y me cayera bien. Aunque la realidad fue de otra manera.

-Como pudiste comprobar, hemos empezado sin ti -  Esta chica siempre tan oportuna…

-Ya lo vi, el momento que mi chica se estaba corriendo, pena que no lo hubiera visto todo… pero eso ha sido culpa de las dos,  pero eso se va arreglar inmediatamente.

Que intrigante estaba Dani…en parte me hizo sentir algo mal, pero no tenía ni la menor intención de arrastrarme.


Dio otro sorbo, puso el vaso en la encimera, cogió con la mano el par de cubitos de hielo que estaban dentro del vaso y se acercó a junto nuestra.

-Creo, que os merecéis un castigo por empezar sin mí.-  Y enseguida extendió mi short y metió un cubito de hielo. El otro  lo introdujo en el escote de la otra chica.

Iba a llamarle “Cabrón” pero enseguida me calló cuando me soltó:

- no es el momento de hablar, vayamos hacia la habitación… Lore, tú primera, Vero, tú la segunda.

Aguantando el frío en mi sexo, me dispuse a ir detrás de la morena. Iba caminando cuando él dijo:

-Así que no es lo que parece, ¡eh Vero!

Sin saber que decir, nos adentramos en la habitación. 



jueves, 18 de abril de 2013

El vestido rojo

-¡ya estoy arreglada!

-Y más que lo vas a estar. – dijo Carlos

-¿A  dónde vamos a ir?

-Preguntas mucho, saldrás pronto de dudas.

No sé qué se traía entre manos pero me gustaba que me sorprendiese, lo hacía en ocasiones, era parte de su encanto y era excitante ir a la aventura.

Salimos del piso, llamamos al ascensor. Una vez dentro, le di una palmada en su culo mostrando mi sonrisa pícara. Él me correspondió con un  beso cálido y dulce. Al llegar  abajo me cogió de la mano derecha y partimos rumbo calle arriba. Al poco de transitar entramos en la calle más comercial de la ciudad. Íbamos con un ritmo lento pero constante hasta que él paró enfrente de una tienda de ropa para mujeres. Fue entonces cuando me di cuenta de su intención, o eso creía…

A Carlos le encantaba comprarme ropa, incluso picardías, sujetadores, culottes, etc. No era muy común en hombres, pero él era una excepción en toda regla. Lo que no entendía que hacía yo allí, pues siempre iba él solo, sabía mi talla. Me quedé pensando a la vez que miraba los modelitos del escaparate hasta que Carlos habló:

-Hoy he decidido traerte conmigo y no te marchas sin que te compre un modelito.

Entramos al establecimiento, con música dance de fondo. Estaba lleno de gente, sobre todo de muchachas emocionadas  por buscar sus mejores modelos y probarlos. Había  una gran diversidad de ropa, no sabía por dónde tirar. De sopetón Carlos comentó:

-Vamos a la zona de ropa de fiesta.

Que decidiera él, fue lo mejor, me sentía aturdida. Mi gran asombro seguía latente. Tanta ropa, tantos colores, tantos tamaños… hasta que reaccioné cuando vi un vestido en un maniquí.
Era un vestido rojo, sin mangas. Tenía un elegante escote drapeado, tanto por delante como por detrás. Llegaba casi a las rodillas, de corte recto. Y con él incluido, una cadena  como de cinturón. Era precioso, incluso el color. Mi chico se percató de mi atención en él y me soltó:

-Aunque pienses que el color no te favorece, te lo vas a probar igual.

No tenía ni la menor  intención de probarlo pero… él siempre tenía las palabras justas para convencerme. Nos dispusimos a buscar el vestido entre las perchas, no debería de andar muy lejos.

-¡Vero, aquí está!


-Te espero fuera, mírate con él puesto las veces que haga falta y ya me darás la razón- comentó él al mismo tiempo que me guiñaba un ojo.

Entré al probador, cerré la cortina azul y coloqué el vestido en un colgador a la derecha. De frente había  un espejo largo y en  una esquina una silla blanca. Las paredes eran blancas impolutas.
Me fui desprendiendo de la ropa que tenía puesta y ubicándola  en el otro colgador. Quedé con el culotte  y sujetador puestos. Eran a juego, de encaje negro. Carlos acertaba en todo.
Le quité la cadena al vestido y me lo coloqué  por la cabeza. Era suave, daba gusto tocarlo y era muy fácil de manejar. Acomodé bien el escote, puse la cadena por mi  cadera  ancha y paré a observarme.
Los hombros al descubierto, la forma del  escote enseñando un poco los pechos (sin demasía), y la de atrás intentando adivinar el sujetador, la cadena de cinturón que marcaba mi cadera, las piernas desde la rodilla a la vista. Eran los pequeños detalles que me gustaban del vestido. Aparte del color, que era el ideal, aunque no soy fanática de los colores vivos. Por eso estaba dubitativa y quizás no me atrevería a ponérmelo en futuras ocasiones.

Me quedé pensando con la mirada perdida hasta que noté una mano en mi boca, ahogando mi grito de susto. En milésimas de segundos mi cuerpo se tensó y cuando reaccioné vi a Carlos.

-No me miraron entrar, no soporte esperar. No podía parar de imaginarme como queda el vestido rojo en tu cuerpo.

Mientras, su mano izquierda bordeaba lentamente el perfil de mi cuerpo. Su nariz pegada a mi cuello percibía mi olor.
El susto se disipó en nada por las sensaciones que estaba teniendo en ese momento. Empezaba a excitarme. En aquel lugar tan estrecho  y, sobre todo,  el mero hecho de que nos podían pillar en esa situación, mucho más.
Enseguida  apoyó sus manos en las mías, haciéndolas apoyar en el espejo, con su rodilla derecha hizo separarme las piernas y pegado a mí, con su boca junto a mi oreja derecha, me susurró:

-Este vestido incita mucho, tanto que dan ganas de follarte aquí, ahora mismo y con él puesto.

Mí lívido no paraba de subir, deseaba notar sus manos por cada centímetro de mi piel, deseaba besar su boca traviesa, deseaba desafiar su mirada,… ¡en ese sitio tan morboso! Sin esperármelo, me dio la vuelta y adaptó sus manos en mi culo. Su boca se fue acercando a la mía pero a escasos centímetros paró, sacó su lengua y con ella bordeó mis labios. ¡Dios! ¡Cómo me podía hacer eso el muy cabrón!
Con mis manos acaricié su pelo y atraje su cara a la mía, necesitaba saborear su legua, aspirar su respiración, morder sus labios…nos dimos un beso como nunca…
Cuando retiramos nuestras bocas, él fue deslizando su lengua a mi oreja, y me mordisqueó el lóbulo. Con sus manos fuertes fue bajando el vestido, a medida que avanzaba dejaba el rastro de sus besos. Al llegar a las caderas, quitó la cadena y con sutileza descendió el vestido. Lo atrapó y lo colocó en el colgador. Su boca me estaba enloqueciendo y si hubiera seguido no respondía de mí. De fondo, la música de la tienda cambió de estilo completamente.
En ese momento empezó a sonar  “Prince- Purple Rain". Así que de inmediato decidí darle un giro a la situación, me había calentado, por lo tanto en ese momento decidí llevar yo las riendas. No iba a quedar sin más todo lo que me hizo en ese sitio tan pequeño con tanta gente alrededor y con el riesgo de que nos podían pillar, sobre todo alguna empleada.  En el fondo también me gustaba el riesgo, sentía una mezcla  de sensaciones entre excitación y adrenalina.

Le mandé que se sentara en la silla, observando hacia mí y que estuviera quieto con las manos o con cualquier parte de su cuerpo.

Con la ropa interior puesta, a ritmo de la canción  bailaba sensualmente, acariciándome  por los labios humedecidos de mi saliva, los hombros, los pechos redondos, la cintura, la cadera, el pubis, las piernas. Volvía a rozar de nuevo mis manos por mis pechos, por mi zona íntima, pero con más presión. Él estaba con ansias de tocarme, yo le negaba con la cabeza y seguía con el viaje de mis manos por mi cuerpo.
Disfrutaba siendo el foco de atención para él, y conociéndolo, también de su excitación. Sin parar de sonreírle y de mirarle a sus ojos azules seguían mis caricias, mi baile y poco a poco con gestos provocativos  quité primero el sujetador, dejando ya a la vista los pezones duros y las aureolas sonrosadas. Luego con rebeldía el culotte, mostrando mi pubis depilado. Me sentía acalorada y excitada, la idea que tuve no fue la mejor por lo que iba a parar, pero no sin antes notar mi dedo índice en mi sexo ante la mirada de él. Realmente estaba húmedo, deslicé fácilmente hasta dar con el clítoris. No pude evitar  un gemido ahogado, cerrar los ojos y pellizcar con la otra mano un pezón. Era como si aliviara algo mi excitación. De repente escuché un estruendo e innatamente fui  junto a Carlos a taparme. Por suerte la cortina seguía cerrada pero por otro lado fue un corte por lo que estaba sintiendo.

-Bueno…ya estuvimos  bastante tiempo aquí, va ser mejor que marchemos- dije a la vez que me incorporaba

-¡Menuda cara! –Dijo él mientras me mostraba su parte íntima.

-A mí no me eches la culpa, ¿habías entrado, no?- como si nada fuera conmigo.

-Pues… ¿sabes qué? Ahora  te vistes sin la ropa interior – exhibiendo triunfante mi sujetador y culotte.

-¿Qué  hacemos con el vestido?

-No me cambies de tema

-Qué quieres que te diga, te quedo más a mano, ¿no?- dije mientras para enseguida mordisquear mi labio inferior, mirando hacia su sexo

-No me tientes…que soy capaz.

-Lástima que venimos solo a comprar. Me quedo con el vestido ¿te parece?

-Que bien lo pasaremos en futuras ocasiones…

Mientras hablábamos, me iba vistiendo. Con el vestido en mano salimos del probador y miramos a una dependienta sonriéndonos y guiñándonos el ojo. El estar vestida sin ropa interior ante su vista me hacía sentir desnuda, y mi calentón reciente no paraba de ascender. Carlos aprovechó la ocasión para palparme el culo por encima de la falda morada y mirar descaradamente a la dependienta.

-¡Vámonos ya! Tenemos que hacer algo que nos urge.- le espeté

Nos acercamos al mostrador, y mientras él sacaba el dinero para pagar el vestido, yo notaba la mirada del dependiente que estaba detrás de la barra en mis pechos, cubiertos por la blusa negra. No sabía si era percepción mía o no, pero me sentía observada por todos. Y en parte sentía excitación pero por otra vergüenza.

-Si no te importa dame la bolsa ¡bicho!

Solté una carcajada y se la di. Percibí que era para disimular su erección.


Durante el trayecto mi imaginación volaba, la situación que me  he hizo sentir Carlos en el probador, la que le hice yo, las miradas y sonrisas de los dependientes, sin ropa interior…
Al entrar al ascensor, después de que cerrara la puerta, espeté a Carlos contra una pared y empecé a besarle muy provocativamente mientras le acariciaba el pene por encima del pantalón. Él con sus manos me apartó, y con una me la metió por debajo de la falda. Noté su dedo introducirse en la vagina, estaba tan lubricada que enseguida metió dos.

-Uy… ¡cómo está la nena!….ya falta poco querida.

A mí se me hacía eterno, mi excitación ascendía como nunca. Al entrar en el piso Carlos dejó la bolsa encima de un armario y me  dijo:

-Vete a la habitación, desnúdate y espérame poniéndote en la cama a cuatro patas con el culo hacia la puerta.

No se podía negar que era dominante, pero me encantaba, entre otras cosas. Era Carlos. Obedecí y de allí a  poco tiempo noté su mano acariciando en círculos mi culo. Y antes de que siguiera cerró la puerta.
 


jueves, 11 de abril de 2013

Aurea: hermosa como el oro

Allí estaba Carolina, con la mirada fija al espejo. Observando cada detalle de su cuerpo. Su melena morena llegaba hasta los pechos. Ondulada y brillante. Sus ojos acastañados no evitaban fijarse en sus pechos redondos y firmes.

No podía quitarse de la cabeza a Ángel. Se conocieron hace una semana y desde el primer momento se atraían mutuamente y no querían desperdiciarlo. Todos los días, durante una hora sus cuerpos se fundían, se acariciaban, se sentían, se besaban, en definitiva, daban rienda a toda su pasión.

Una vez que había terminado de ver su anatomía que tanto admiraba Ángel se dispuso a encender la radio. No quería perder el programa que escuchaba todos los días.
La voz cálida de la locutora le transmitía sosiego y bienestar.

Tras una música relajante la locutora empezaba a hablar:

“Buenas noches amig@s, una noche más conmigo. Esta noche os llevaré a un tema fascinante ¿a quién no le despertó alguna vez curiosidad por las  hadas? ¡Eses seres magníficos que nos hacen llevar la fantasía, evadirnos del mundo real y sentirnos mágicos! Son infinitas y es imposible recopilarlas, ya que aparecen en todas las culturas y en todo el mundo, con características diferenciales.

Hoy os hablaré  un poco de las ‘mouras’:

Son jóvenes hadas de las leyendas gallegas. Se tratan de mujeres seductoras, su cabello largo y pelirrojo es el componente sexual, su piel es blanca y suave, y sus mejillas son coloreadas. En numerosas ocasiones acaban metamorfoseándose o volviéndose invisible.
Viven en cuevas o grutas, en donde suelen guardar el oro, en verano suelen aparecer de día a la orilla de un río hilando o peinando su pelo.
Con su ayuda, por sus poderes sobrenaturales, levantaron dólmenes, situados en lugares especiales.

Para hacer más ameno este tema he pensado en compartir con tod@s vostr@s un relato erótico pero antes os pondré una melodía tranquila y de origen gallega para adentrarnos en nuestra temática:

Carlos Nuñez-Moura


Y con esa música de fondo, Carolina, sonriente, se iba vistiendo. Justo cuando iba a calzarse la locutora empezaba a narrar, así que dejó los zapatos, se echó encima de la cama y prestó toda la atención:


‘No era un bosque más, este era especial para Aurea. Toda la vegetación verde, los árboles grandes y enteros, una multitud de flores y plantas, y un río con abundante agua.
Todas las tardes iba a dar un paseo y ese día era el más propicio, San Juán.

Después de dar unas cuantas vueltas se sentó a la orilla del río. Sus alas inquietas y doradas dejaron de agitar. Su melena pelirroja dejó de ondear. Parpadeo un par de veces al mismo tiempo que dió un chasquido con los dedos. Se convirtió en una mujer bellísima.
Le parecía fascinante que con nada y en tan poco podía transformarse de hada a mujer.
Su sonrisa daba alegría al entorno, sus ojos verdosos claros brillaban más, su piel más aterciopelada, sus curvas más marcadas y su melena más larga y brillante. Con un giro de la mano obtuvo un peine de oro. Con él empezó a peinar su larga melena cuidadosamente. Le dedico un buen tiempo a ello. Estaba casi terminando cuando escuchó un ligero sonido gracias a su agudeza auditiva. Aunque se convirtiera en mujer no perdía sus poderes de hada. Miró a su alrededor y percibió a un jovenzuelo. Agudizó su vista y pudo notar que no era un cazador. Al saber eso quería que se le acercara, chapoteó su mano en el agua del río. La curiosidad del chico hizo ir hacia donde había escuchado el ruido. Cuando se dio cuenta que había una mujer a la orilla del río se quedó petrificado.

Aurea no paraba de mirarle y sonreírle hasta que le dijo:

- “¡Ven!”  

Él obediente se acercó. Era alto, con un cuerpo muy atractivo, de tez morena, unos ojos negros intensos y un porte elegante. Estaba admirado por su belleza. Se sentó a su lado con un poco de miedo, por lo desconocido, pero algo le hacia atraerse como un imán a ella.

- Me llamo Aurea, ¿y tu?
- Oscar
- Creo que el destino hizo que nos cruzáramos.

A medida que iba hablando ella lo  hacía con más firmeza. Tenía a Oscar a milímetros por lo que pudo observarlo mejor, también notó que estaba muy nervioso. A pesar de ello, percibió que él estaba ansioso por probar sus labios tentadores y  de acariciar su piel de arriba abajo sin dejar ni una zona. La verdad es que ella lo deseaba desde el momento que lo miró.

Sin pensárselo más de dos veces se humedeció los labios y fue a besar dulcemente al chico. Él reaccionó agarrando su dulce cara y le correspondió. Sus lenguas se cruzaron y la saliva se entremezcló. Como si las prisas les apoderaran lo hacían con más rapidez a la vez que se daban algún mordisco en los labios.

Al mismo tiempo Oscar descendía sus manos por los brazos a la vez que le quitaba la túnica blanca. Ella se estaba excitando, eran tantas sensaciones extraordinarias que deseaba que nunca acabase. Con los pechos al aire él fue descendiendo su lengua por el cuello hasta llegar a ellos y haciendo redondeles sobre el pezón. Con una mano en cada pecho los empezó a acariciar suavemente, para luego juntarlos y hacerlo con más rapidez. Su lengua rozó el pezón izquierdo, lo suficiente para humedecerlo y endurecerlo. Acto seguido hizo lo mismo con el pezón derecho. Y como guinda al pastel, su boca abrazó el pezón, tanto el derecho como el izquierdo, para succionar el pecho.

Fue deslizando su lengua por la piel suave y blanca, pasando el ombligo pequeño, hasta llegar a su pubis. El cuerpo de Aurea no lo podía evitar, se estremecía ante eses estímulos y la cadera se elevaba. Los dedos de él rozaban suavemente el pubis, aunque lo que más deseaban era juguetear con aquel lugar recóndito. Los muslos de ella se separaban para dejar paso a su máximo  placer. La boca de él se abrió para sacar su lengua. La pasó cerca de su húmedo sexo pero poco a poco se fue acercando. Cuando Aurea  notó su lengua dentro  lanzó un alarido gustosamente.
Siguió danzando su lengua por los labios vaginales, provocando gemidos profundos y ahogados. Avanzó hacia el abultado clítoris para lamerlo, y presionarlo, un poco, cada vez un poco más y más. En su cabeza tenía las manos de ella haciendo fuerza cada vez que se estremecía y lanzaba un gemido ahogado. Dos dedos de él  se introducían en el interior de su vagina marcando un ritmo constante. La respiración acelerada de ella y sus movimientos de cadera más rápidos presagiaban un gran orgasmo. Él siguió hasta que ella gimió de placer como nunca y su cuerpo se convulsionó un par de veces.

Aurea mostró una gran sonrisa e iba a besar a Oscar cuando este se echó hacia atrás. Le pareció ver algo dorado detrás de ella, pero enseguida parpadeó y comprendió que estaba equivocado.

Mientras ella jugaba con su lengua provocativamente con la de él, lo iba desnudando a la vez que movían sus cuerpos rítmicamente.

-¡Túmbate! – Mandó ella

Se sentó encima de él, haciendo que sus zonas íntimas coincidieran sin que aún se sintieran uno dentro del otro. A la vez que se meneaba, y que sus sexos se frotaban, ella con sus dedos pellizcaban sus pezones. Los resoplidos de él eran cortos y constantes, le lanzó una mirada a Aurea, y como comprendiendo asintió la cabeza.

Elevó sus caderas permitiendo que el pene entrara lentamente rozando cada milímetro de su vagina. Esa sensación era fantástica para los dos, difícilmente inexplicable. Empezó a moverse rítmicamente que enseguida se cambiaron por las embestidas de él, largas y profundas. Cada embestida hacia temblar el cuerpo de ella. La llegada de un orgasmo era inminente. Él, con sus brazos agarró el cuerpo de ella elevándolo ligeramente y aceleró las embestidas. Proporcionando un placer que enseguidamente acabaría en clímax. Sus respiraciones entrecortadas y gemidos daban paso a  un par de gritos de placer, sus cuerpos agitados a estar por milésimas de segundos quietos pero recorriendo por todo el cuerpo un placer infinito.

Aurea irradiaba luz en todo su cuerpo y cuando contempló a Oscar con los ojos abiertos de par en par sutilmente le puso un dedo en su boca y le susurró:

-¡sshhh!

Esta vez pudo contemplar con toda claridad unas alas doradas y grandes en la espalda de ella.


Oscar se despertó de la cama agitado, advirtió algo pequeño en su torso y lo miró detenidamente. Constató que no fue ningún sueño. Era la hada Aurea, tan hermosa como el oro.’



Espero que os hubiera gustado el relato amig@s. Mañana a la misma hora volvemos, contamos contigo. ¡Buenas noches!”


Carolina estaba imaginándose la última escena del relato cuando escuchó sonar el timbre. Se calzó toda apurada y fue abrir:

-Uy…que sonrisa más picara… ¿vamos?- dijo Ángel
-¡Por supuesto! ¿Lo dudas?



martes, 5 de febrero de 2013

Marcada por el momento


Me sientas en la cama y ante tu excitación, me sale una sonrisa pícara y te miro a lo ojos. Lo deseas, mis manos recorriéndote, cada trozo de tu piel y más en tu sexo. Pero te hago sufrir un poco, mis manos masajean tus escondites más recónditos. Entreabro mi boca y dejo asomar mi lengua. Y con la punta la paso por el glande. Tu sorpresa es tal que retrocedes pero en milésimas de segundo me la metes entera en la boca. Ahora la saboreo entera. Tus movimientos me indican que estás ante un orgasmo brutal. Y con ritmo, tus manos acariciándome los hombros y la cabeza, llegas al orgasmo. Al mismo tiempo noto tus uñas pasarse por mi espalda, de tal intensidad que las noto queriendose hundir. En el momento no me molesta, fue como un gustirrinín. Y que es tu forma de decirme que siempre me acordaré de aquel momento. Me levantas, me besas dulcemente y con tu mano derecha abierta acaricia la zona arañada como calmar lo que acabas de hacer.