Veronik Liberal

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jueves, 11 de abril de 2013

Aurea: hermosa como el oro

Allí estaba Carolina, con la mirada fija al espejo. Observando cada detalle de su cuerpo. Su melena morena llegaba hasta los pechos. Ondulada y brillante. Sus ojos acastañados no evitaban fijarse en sus pechos redondos y firmes.

No podía quitarse de la cabeza a Ángel. Se conocieron hace una semana y desde el primer momento se atraían mutuamente y no querían desperdiciarlo. Todos los días, durante una hora sus cuerpos se fundían, se acariciaban, se sentían, se besaban, en definitiva, daban rienda a toda su pasión.

Una vez que había terminado de ver su anatomía que tanto admiraba Ángel se dispuso a encender la radio. No quería perder el programa que escuchaba todos los días.
La voz cálida de la locutora le transmitía sosiego y bienestar.

Tras una música relajante la locutora empezaba a hablar:

“Buenas noches amig@s, una noche más conmigo. Esta noche os llevaré a un tema fascinante ¿a quién no le despertó alguna vez curiosidad por las  hadas? ¡Eses seres magníficos que nos hacen llevar la fantasía, evadirnos del mundo real y sentirnos mágicos! Son infinitas y es imposible recopilarlas, ya que aparecen en todas las culturas y en todo el mundo, con características diferenciales.

Hoy os hablaré  un poco de las ‘mouras’:

Son jóvenes hadas de las leyendas gallegas. Se tratan de mujeres seductoras, su cabello largo y pelirrojo es el componente sexual, su piel es blanca y suave, y sus mejillas son coloreadas. En numerosas ocasiones acaban metamorfoseándose o volviéndose invisible.
Viven en cuevas o grutas, en donde suelen guardar el oro, en verano suelen aparecer de día a la orilla de un río hilando o peinando su pelo.
Con su ayuda, por sus poderes sobrenaturales, levantaron dólmenes, situados en lugares especiales.

Para hacer más ameno este tema he pensado en compartir con tod@s vostr@s un relato erótico pero antes os pondré una melodía tranquila y de origen gallega para adentrarnos en nuestra temática:

Carlos Nuñez-Moura


Y con esa música de fondo, Carolina, sonriente, se iba vistiendo. Justo cuando iba a calzarse la locutora empezaba a narrar, así que dejó los zapatos, se echó encima de la cama y prestó toda la atención:


‘No era un bosque más, este era especial para Aurea. Toda la vegetación verde, los árboles grandes y enteros, una multitud de flores y plantas, y un río con abundante agua.
Todas las tardes iba a dar un paseo y ese día era el más propicio, San Juán.

Después de dar unas cuantas vueltas se sentó a la orilla del río. Sus alas inquietas y doradas dejaron de agitar. Su melena pelirroja dejó de ondear. Parpadeo un par de veces al mismo tiempo que dió un chasquido con los dedos. Se convirtió en una mujer bellísima.
Le parecía fascinante que con nada y en tan poco podía transformarse de hada a mujer.
Su sonrisa daba alegría al entorno, sus ojos verdosos claros brillaban más, su piel más aterciopelada, sus curvas más marcadas y su melena más larga y brillante. Con un giro de la mano obtuvo un peine de oro. Con él empezó a peinar su larga melena cuidadosamente. Le dedico un buen tiempo a ello. Estaba casi terminando cuando escuchó un ligero sonido gracias a su agudeza auditiva. Aunque se convirtiera en mujer no perdía sus poderes de hada. Miró a su alrededor y percibió a un jovenzuelo. Agudizó su vista y pudo notar que no era un cazador. Al saber eso quería que se le acercara, chapoteó su mano en el agua del río. La curiosidad del chico hizo ir hacia donde había escuchado el ruido. Cuando se dio cuenta que había una mujer a la orilla del río se quedó petrificado.

Aurea no paraba de mirarle y sonreírle hasta que le dijo:

- “¡Ven!”  

Él obediente se acercó. Era alto, con un cuerpo muy atractivo, de tez morena, unos ojos negros intensos y un porte elegante. Estaba admirado por su belleza. Se sentó a su lado con un poco de miedo, por lo desconocido, pero algo le hacia atraerse como un imán a ella.

- Me llamo Aurea, ¿y tu?
- Oscar
- Creo que el destino hizo que nos cruzáramos.

A medida que iba hablando ella lo  hacía con más firmeza. Tenía a Oscar a milímetros por lo que pudo observarlo mejor, también notó que estaba muy nervioso. A pesar de ello, percibió que él estaba ansioso por probar sus labios tentadores y  de acariciar su piel de arriba abajo sin dejar ni una zona. La verdad es que ella lo deseaba desde el momento que lo miró.

Sin pensárselo más de dos veces se humedeció los labios y fue a besar dulcemente al chico. Él reaccionó agarrando su dulce cara y le correspondió. Sus lenguas se cruzaron y la saliva se entremezcló. Como si las prisas les apoderaran lo hacían con más rapidez a la vez que se daban algún mordisco en los labios.

Al mismo tiempo Oscar descendía sus manos por los brazos a la vez que le quitaba la túnica blanca. Ella se estaba excitando, eran tantas sensaciones extraordinarias que deseaba que nunca acabase. Con los pechos al aire él fue descendiendo su lengua por el cuello hasta llegar a ellos y haciendo redondeles sobre el pezón. Con una mano en cada pecho los empezó a acariciar suavemente, para luego juntarlos y hacerlo con más rapidez. Su lengua rozó el pezón izquierdo, lo suficiente para humedecerlo y endurecerlo. Acto seguido hizo lo mismo con el pezón derecho. Y como guinda al pastel, su boca abrazó el pezón, tanto el derecho como el izquierdo, para succionar el pecho.

Fue deslizando su lengua por la piel suave y blanca, pasando el ombligo pequeño, hasta llegar a su pubis. El cuerpo de Aurea no lo podía evitar, se estremecía ante eses estímulos y la cadera se elevaba. Los dedos de él rozaban suavemente el pubis, aunque lo que más deseaban era juguetear con aquel lugar recóndito. Los muslos de ella se separaban para dejar paso a su máximo  placer. La boca de él se abrió para sacar su lengua. La pasó cerca de su húmedo sexo pero poco a poco se fue acercando. Cuando Aurea  notó su lengua dentro  lanzó un alarido gustosamente.
Siguió danzando su lengua por los labios vaginales, provocando gemidos profundos y ahogados. Avanzó hacia el abultado clítoris para lamerlo, y presionarlo, un poco, cada vez un poco más y más. En su cabeza tenía las manos de ella haciendo fuerza cada vez que se estremecía y lanzaba un gemido ahogado. Dos dedos de él  se introducían en el interior de su vagina marcando un ritmo constante. La respiración acelerada de ella y sus movimientos de cadera más rápidos presagiaban un gran orgasmo. Él siguió hasta que ella gimió de placer como nunca y su cuerpo se convulsionó un par de veces.

Aurea mostró una gran sonrisa e iba a besar a Oscar cuando este se echó hacia atrás. Le pareció ver algo dorado detrás de ella, pero enseguida parpadeó y comprendió que estaba equivocado.

Mientras ella jugaba con su lengua provocativamente con la de él, lo iba desnudando a la vez que movían sus cuerpos rítmicamente.

-¡Túmbate! – Mandó ella

Se sentó encima de él, haciendo que sus zonas íntimas coincidieran sin que aún se sintieran uno dentro del otro. A la vez que se meneaba, y que sus sexos se frotaban, ella con sus dedos pellizcaban sus pezones. Los resoplidos de él eran cortos y constantes, le lanzó una mirada a Aurea, y como comprendiendo asintió la cabeza.

Elevó sus caderas permitiendo que el pene entrara lentamente rozando cada milímetro de su vagina. Esa sensación era fantástica para los dos, difícilmente inexplicable. Empezó a moverse rítmicamente que enseguida se cambiaron por las embestidas de él, largas y profundas. Cada embestida hacia temblar el cuerpo de ella. La llegada de un orgasmo era inminente. Él, con sus brazos agarró el cuerpo de ella elevándolo ligeramente y aceleró las embestidas. Proporcionando un placer que enseguidamente acabaría en clímax. Sus respiraciones entrecortadas y gemidos daban paso a  un par de gritos de placer, sus cuerpos agitados a estar por milésimas de segundos quietos pero recorriendo por todo el cuerpo un placer infinito.

Aurea irradiaba luz en todo su cuerpo y cuando contempló a Oscar con los ojos abiertos de par en par sutilmente le puso un dedo en su boca y le susurró:

-¡sshhh!

Esta vez pudo contemplar con toda claridad unas alas doradas y grandes en la espalda de ella.


Oscar se despertó de la cama agitado, advirtió algo pequeño en su torso y lo miró detenidamente. Constató que no fue ningún sueño. Era la hada Aurea, tan hermosa como el oro.’



Espero que os hubiera gustado el relato amig@s. Mañana a la misma hora volvemos, contamos contigo. ¡Buenas noches!”


Carolina estaba imaginándose la última escena del relato cuando escuchó sonar el timbre. Se calzó toda apurada y fue abrir:

-Uy…que sonrisa más picara… ¿vamos?- dijo Ángel
-¡Por supuesto! ¿Lo dudas?



martes, 5 de febrero de 2013

Marcada por el momento


Me sientas en la cama y ante tu excitación, me sale una sonrisa pícara y te miro a lo ojos. Lo deseas, mis manos recorriéndote, cada trozo de tu piel y más en tu sexo. Pero te hago sufrir un poco, mis manos masajean tus escondites más recónditos. Entreabro mi boca y dejo asomar mi lengua. Y con la punta la paso por el glande. Tu sorpresa es tal que retrocedes pero en milésimas de segundo me la metes entera en la boca. Ahora la saboreo entera. Tus movimientos me indican que estás ante un orgasmo brutal. Y con ritmo, tus manos acariciándome los hombros y la cabeza, llegas al orgasmo. Al mismo tiempo noto tus uñas pasarse por mi espalda, de tal intensidad que las noto queriendose hundir. En el momento no me molesta, fue como un gustirrinín. Y que es tu forma de decirme que siempre me acordaré de aquel momento. Me levantas, me besas dulcemente y con tu mano derecha abierta acaricia la zona arañada como calmar lo que acabas de hacer.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Dulzura helada

 
Se siente nervioso ante la incertidumbre, pero como promesa que juró hacerla, Rafa va a hacer una visita  a sus amigas. Ellas abren la puerta y sin mediar palabra lo llevan al dormitorio. Iluminada por miles de velas aromáticas creando claros oscuros muy insinuantes  desnudan lentamente al chico. Al terminar, entre ellas se dirigen  un par de miradas.
Como si las miradas hablasen ellas deciden recostar al chico en la cama y lo esposan. Él, esposado a la cama totalmente desnudo puede ver a las chicas a los pies de la cama. Se empiezan a desnudar entre ellas, al mismo tiempo que se acarician y se dan unos besos deseosos de lascivia. Ante tal situación, el chico totalmente desnudo en la cama, está muy excitado. Rabea por no poder mover las manos hacia ellas, para acariciarlas, sentirlas. Ellas, desnudas, se suben muy sinuosamente a la cama, acariciando cada pedacito de cuerpo de él que van encontrando hasta llegar a la cabecera de la cama.
Lucía saca un pañuelo de seda de unos de los cajones de la mesilla de noche. Entre ella y Patricia le tapan los ojos. Patricia retira de un escondite cúbitos de hielo, sostiene uno entre los labios y  con él  empieza a recorrer los  pechos de él haciéndole estremecer. Una vez que se termina de derretir el cúbito de hielo Lucía sigue el rastro con su lengua, notando frío al mismo tiempo que nota su piel cálida. Al terminar, Lucía va al escondite y coge un poco de chocolate tibio, echa un poco en el torso y en los pezones de Rafa .Patricia empieza a saborearlo desde el pezón izquierdo, sigue el trayecto hasta acabar en el pezón derecho. Rafa se revuelve de placer, ellas tienen la duda de si sería de gustazo… Aunque ahora ya no hay rastro de chocolate, Patricia sigue lamiendo y mirando su cara. Él se esta mojando los labios…eso hace que ella se excita. En un momento de desprovisto ella se va a saborear aquella boca que tanto ansiaba. Ahora Lucía es la que sigue lamiendo por el torso y va descendiendo hasta pasar su lengua alrededor del ombligo. Lucía se dirige a Patricia con una mirada, dándole a entender lo que tiene que hacer.
Patricia saca nuevamente del escondite los cúbitos de hielo. Lucía coge un cúbito y lo roza en la línea desde el ombligo hacia el pubis…las sensaciones de Rafa se manifiestan en un grito. Un grito ahogado y gustoso. Se paró, apartó el cúbito, como ahora es tan pequeño Lucía  decide restregarse las manos con él hasta deshacerse. Con sus manos frías fue empezando a acariciar la parte  interior de los muslos de la pierna, ascendiendo hasta llegar a los testículos. Con sutileza, pasa sus yemas de los dedos, notando como su piel se eriza. Patricia se acerca, con su lengua lame la zona fría. Rafa está enloqueciendo solo de pensar cuándo podrá sentir esos labios juguetones de ellas. Lo creciente de su excitación bajo su pubis, pidiendo más de cada una de ellas, cada beso, cada caricia y cada roce de piel. Lucía, más impaciente,  se mete un cúbito pequeño en la boca y tras derretirse se dirige a su pene inhiesto. Se lo introduce milímetro a milímetro  mientras Patricia prodiga atenciones a sus testículos. Rafa tiene la constante sensación de estar a punto de estallar.
De ahí a un poco se cambian las tornas, Lucía baja a sus testículos y tras sopesarlos tiernamente se dedica a lamerlos soplando de vez en cuando para intensificar la sensación. Patricia con las dos manos abiertas las pasa por el torso, van ascendiendo como si un masaje se tratase. Al llegar a los pezones, los pellizca, le manda un par de lengüetazos pero no puede evitar mordisquearlos un poco. Rafa suspira sin cesar. Al verle la boca entreabierta pasa sus finos dedos por sus labios mojados, pero rápido los quita y los sustituye por su lengua, sin llegar a meterla en la boca. La lengua de Rafa se asoma buscando la de ella, antes de que se apartara y se fuera para su oreja. Le mordisquea el lóbulo y en un abrir y cerrar de ojos se va a saborear la boca traviesa de Rafa. No lo esperaba, pero le responde gustosamente y devorándole.
Mientras Lucía está la mar de entretenida besando sus testículos su sexo erecto se tensa con impaciencia, tan erecto que cada una de sus venas se marcan son excitación y que con tanta ansia por sentir  el tacto de ellas. Lucía ve ese tórrido beso y que sin poder resistirlo se une, breve pero intensamente. Vuelve a bajar para volver a lamer cada una de las venas de su miembro erecto. Mientras con las manos  masajea sus testículos se  introduce el glande en la boca y aunque él empuja sus caderas hacia arriba para meterlo entero Lucía no le deja. Se dedica a lamer esa zona, soplando, arañando suavemente con los dientes. Como  no sabe si ese pequeño momento de dolor le gusta  lo lame para aliviarlo.
Patricia se pone de tal manera que coincide su boca con el miembro del chico y la boca de Lucía, y su parte íntima está enfrente de la boca de Rafa. Él, con los ojos tapados y las muñecas agarradas, saca su lengua al sentir el húmedo y excitante olor del sexo. Se acerca con hambre, su lengua siente la suavidad de sus labios, su humedad salada, y comienza a recorrerlo de arriba a abajo, besándolo, lamiéndolo, mordisqueándolo todo lo que su posición le permite. Enloquece con las caricias y los besos de ellas mientras el se embriaga con el sabor del sexo de Patricia con la constante tensión de su pene erecto, siempre a punto de estallar de placer.
En un momento que Lucía levanta la cabeza Patricia saborea aquellos labios finos hasta que se entremezclan sus salivas. Patricia junta su mano con la de Lucía para masajear el miembro que estaba imponente. Se le hace boca agua y decide hacerle  unas lamidas alrededor del miembro mientras Lucía come el capullo, succionándolo profundamente, aumentando el ritmo tal y como quiere él. Como desea desde hace ya mucho tiempo llevándolo al limite una y otra vez. En un momento que Lucía para, Patricia abre su boca y  mete el pene de Rafa, apoyando sus manos en sus cachetes para marcar el ritmo, a veces entrecortaba para  succionar el capullo. Con la más mínima sensación, Rafa se estremece. Ellas, al verlo tan excitado y ante tal situación también se excitan.
Lucía le susurra algo a Patricia y acto seguido Lucía se retira y Patricia se pone encima de él. Con su mano coge su miembro y lo acerca a su parte íntima, bajándolo un poco más  lo nota rozando el clítoris. El pene se desliza por los sitios más recónditos pero ante la impaciencia de Rafa eleva su pubis para introducirle con suavidad, aunque lo que más desea es llegar de golpe hasta el fondo. Ella sentada encima de él, con sus manos en el torso, se mueve rítmicamente, notando milímetro a milímetro de su pene. Él no puede evitar suspirar y revolverse algo. Es entonces cuando Lucía decide soltarle pero el pañuelo de seda se lo deja puesto y le susurra “ni te lo quites, y más que vas a gozar por partida doble” .......
 
 
 

sábado, 30 de junio de 2012

Erupción


Estamos proximos a casa, nuestras miradas se cruzan, mis ojos denostan el extasis que recorre por mi cuerpo.

Pero un semaforo es la coartada perfecta para erupcionar el volcan que yace dentro de mi cuerpo. Tus dedos presionan mis pezones y ante mi sorpresa paras el coche, te mueves del asiento y girandote hacia mi asiento liberas las tiras que posan sobre mis hombros y besando mis labios dejo caer el vestido, sacando mis pechos.

Comienzas a succionar mis pezones que fueron tomando forma, fuerza, hasta estar duros y vigorosos. Tan tersos como mis roces te producían.


lunes, 14 de mayo de 2012

Provocandote

Mi cuerpo yace en la cama. Una camiseta y una ligera prenda interior es mi único atuendo. El día es cálido, la casa huele a sales de baño. Sabes que hice algo mas que refrescarme, mi sonrisa me delata.
Mis dedos de manera sugerente circundan mis pechos. Dibujando la aureola. Te encanta mi forma de provocarte. Te acercas a mí. Tus dedos con suavidad acompañan a los míos que pronto desaparecen, mis pezones flácidos despiertan de su letargo pasando a estar tersos.

Mis manos van levantado la camiseta, tus dedos pellizcando los pezones, deseando que todo mi cuerpo reaccione a los estímulos que pronto te los ofrezco desnudos, atrapándolos en tu boca.