Veronik Liberal

Veronik Liberal

lunes, 27 de enero de 2014

"Touché! ¡Una estocada en toda regla!"



Después del combate con Javier se quitó la careta y el peto exterior. Y decidió estirar las piernas y los brazos. Mientras, Vero pensaba en lo que le animó a apuntarse a las clases de esgrima. 
Un día hablando con un amigo de deportes, él le mencionó el de la esgrima. Quizás porque fuera poco conocido, a ella le picó la curiosidad.  Empezó a informarse y a ver vídeos. Le creó tal fascinación que su amigo acabó  de empujarla a apuntarse a un club de Esgrima. 
Había pasado ya un año. Los inicios fueron duros pero  recompensados con creces. Se sentía orgullosa de lo que había aprendido. Tanto en teoría como en práctica. Ya empezaba a controlar los asaltos contra un tirador. Y hasta se mantenía mejor en forma. Una vez acabado los estiramientos, decidió descansar un poco. 


Pasado un rato se quitó el peto interior y se puso una camiseta blanca de asas. Decidió hacer ejercicios de entrenamiento sin adversario (‘Tirar contras’). Empuñó el sable adecuadamente, un arma blanca que se usa en ese deporte, se colocó en posición ‘Puesta de Guardia’ (Posición inicial para comenzar un combate) enfrente de un espejo y empezó a hacer posturas, desplazando piernas y brazos, pero en todo rato manteniéndose recta. Intentaba moverse despacio para fijarse en posibles fallos, tanto en la postura como apuntando con el sable. Los toques válidos se podían dar con la punta y el filo de la hoja, de la cintura para arriba del adversario. Su reflejo en el espejo hacía de contrincante. 
Se mentalizaba de que era un baile, siguiendo unos pasos. Al observar que los desplazamientos les salía bien, los hizo con más apresura. Lo que caracterizaba la esgrima era la rapidez en los movimientos y por lo tanto, tener actos reflejos. En el caso de Vero, atacar o en su defecto, defenderse para que no le dieran un toque. Los toques sumaban puntos. 

Pasó a practicar los ataques básicos. ‘Línea’ y ‘Contraataque’ les salía bien, aunque podía ser más precisa. Pero ‘Fondo’  se le resistía. Las gotas del sudor descendían de su frente y de su espalda, haciendo que se mojara la  camiseta. Ella no le dio importancia y siguió con los ejercicios. Insistió un poco más hasta que paró. Sin ella saberlo, su maestro llevaba durante un rato viendo cómo se movía, sobre todo como se movían los pechos. La respiración agitada y la camiseta sudada hacían que también llamara la atención. En el momento que Vero se detuvo, él aprovechó para acercarse. 

-Déjame que te ayude. 

Ella se sobresaltó, se giró y vio quien era. Al no llevar él careta, Vero le miró fijamente a los ojos. Poseía unos ojos azules penetrantes. Obviando lo buen cuerpo que tenía y lo guapo que era. Iba vestido con un pantalón ceñido blanco y una camiseta blanca. 

-Gracias, Roberto.- Dijo ella. Así se llamaba el maestro. 

Vero se posicionó, él se arrimó y le corrigió la postura, moviendo el pie derecho  y el brazo derecho. El brazo izquierdo, al tener que equilibrar el peso de su cuerpo, siempre acertaba a ponerlo bien. Él, le asintió la cabeza para que procediera con el ataque. Y esta vez fue mejor. A pesar de ello, incomprensiblemente, Vero se encontraba nerviosa. Notaba a Roberto más amigable que de costumbre, como si no fuera el maestro. Y por una extraña razón, el sentir el poco  contacto con él le revolucionaba las hormonas. 
Hubo un momento de pausa en el que los dos se vieron de otra manera hasta que él caminó  hasta la espalda de Vero y se pegó a ella. Ante aquello, ella se quedó muda y se quedó expectante a lo que pasaría. La mano derecha de él se puso encima de la mano que aguantaba el sable y la  mano izquierda quitó la goma del pelo, soltándole la melena caoba. 

-¿Has pensado alguna vez lo erótico que puede llegar a ser la esgrima? – Le preguntó susurrándole al oído. 

-Sobre todo ahora, ¿no? – Los ojos de Vero brillaban y exhibía una gran sonrisa. 

Ella, cada vez se encontraba más nerviosa. La calidez que desprendía él, en cómo se arrimó y la respiración que retumbaba en su nuca, provocaron que ella siguiera el juego. Y sobre todo siendo Roberto… 
Cerró los ojos y empezó a contonear su cuerpo. Él siguió el ritmo y empezó a besarle desde el hombro izquierdo hasta el cuello. Y siguiendo trayecto hacia el hombro derecho. Sin importarle el sudor. Le retiró suavemente el sable y lo colgó de un gancho de la pared. Retomando posición, le acarició el pelo, descendiendo hacia la espalda. Se agachó, levantó un poco la camiseta y deslizó su lengua ascendentemente por la zona lumbar.  El cuerpo de ella se estremeció. Él se levantó y con sus manos grandes acarició enérgicamente todo lo que podía abarcar en esa posición. Ella seguía con los ojos cerrados y balanceándose. Él  también sonreía, es más, disfrutaba con cada caricia que le proporcionaba. Le dio la vuelta, quedando cara a cara. 

-Estás preciosa…- comentó Roberto. 

-mmm pues bien que me hace falta  una ducha… 

-Para mí, estás perfecta. 
  
Él, comenzó por rozar con su mano la cara dulce de ella. De deslizar su dedo índice por los labios. De oler profundamente su aroma. Ella entreabrió la boca, posó sus manos en los fornidos brazos de él e insinuó con la lengua. Que fue raptada por la boca de Roberto ansiosamente. Y como si fuera acabar el mundo, se dieron un beso muy apasionado. Enseguida, él recorrió con su lengua y dando pequeños mordiscos al cuello de Vero. Al mismo tiempo, sus manos caminaban por el culo redondo de ella. 

‘Pellízcame el culo, porque no me lo creo’ Pensó ella, pero que no se atrevía a decirlo. En parte, por miedo si podía ser un sueño. 
Ella se retiró lo suficiente para sacar la camisa a Roberto. Ante la vista del torso musculado se relamió los labios. Y acto seguido, lo manoseó hasta que decidió ir a lamerlo ferozmente. Al pasar por los pechos, se detenía en los pequeños pezones, mordisqueándolos sutilmente. Él resopló y buscó su boca para morrearla. Mientras, le quitó la camiseta de asas, dejándola semidesnuda. Con delicadez, acarició los pechos redondos. Sus ojos azules se desviaron hacia la cara de ella, viendo la cara de placer que tenía. 

Él decidió tumbarla en el suelo. Se sentó encima y empezó a devorar sus pechos. A lamer, chupar y mordisquear los pezones. Las manos de ella no paraban de corretear por toda geografía posible de él. Los roces de él en su entrepierna le hacían saber lo potente que estaba. En su vida pensó que se encontraría en esa situación con un maestro y  menos, como ese. 

Vero, cogió impulso, tumbó a Roberto  y se colocó encima. 

-¿Ahora quién está encima? – dijo ella sonriendo 

- Uy…no se te suba los humos a la cabeza, eh? 

-En esgrima me corregirás, pero en el sexo…lo dudo 

-Habrá que comprobarlo… 

Vero rió a carcajadas y le quitó el pantalón, el bóxer, las medias y las zapatillas deportivas. 
Con su mano izquierda sopesó los testículos a la vez que con la mano derecha se arrastraba por la polla, notando cada centímetro de su piel y de sus venas.  Mirando a los ojos de Roberto  siguió acariciando, notando como crecía.  Entre soplidos, él preguntó : 

-¿Me estás retando? 
-Tómalo como quieras, pero veamos cuanto duras. – y le guiñó un ojo. 

Ella, se quitó el resto de la ropa que tenía puesta  y se arrodilló a la izquierda de él  con el culo en pompa. Se agachó y sacando su lengua, la deslizó por todo alrededor de la polla. Luego la pasó con movimientos ascendentes por la polla, para terminar de succionar el glande.  Sintió la mano de él acariciando sus cachetes. Dos dedos serpenteando por el sexo. Ahí, Vero dio un respingo, y acto seguido abrió la boca para introducir la polla dura hasta el fondo. Y con un ritmo constante empezó a chuparla de varias formas, cuando llegaba a la punta ejercía presión con los labios. En esos momentos, el cuerpo de él se estremecía y él respiraba muy aceleradamente. Los dedos de él que tocaban su coño se metieron fácilmente, sintiendo lo lubricada que estaba. Mientras ella seguía recibiendo placer, ella no paraba de darlo.  Cambió de ritmo al lamer la polla, y lo hacía más deprisa entre gemidos ahogados. Notó que la zona púbica de él se convulsionaba  así que siguió el ritmo. Y también notaba que ella estaba a punto de llegar al orgasmo.  Pasados un par de minutos, juntos se corrieron. 


Después de coger unas bocanadas de aire y tranquilizarse los dos, él le dijo: 

-Creo que no fui el único que llegó al orgasmo. 

-Empate a unos – y le sonrió ella. 

Se dieron un beso muy profundo y él se colocó encima de Vero. 

-Anda, ya estoy encima de nuevo.- dijo con tono triunfante él. 

-Sí, pero no estamos en una postura de esgrima  para atacar. 

-Cierto. Pero una estocada la puedo hacer…- Insinuó él. 

Mientras, él acariciaba su busto y se recreaba en él a la vez que se movía en redondeces. Frotando su polla con el pubis de ella. 

-Sorpréndeme – Comentó  Vero 

Con ímpetu se abalanzó sobre su boca para darle un beso tórrido. El desencadenante para que ella se pusiera a cien. Y como si le dejara con la miel en los labios, él dejo de besarla para ir dejando rastro de su saliva por el cuello femenino, por  los pechos suaves, por  los pezones duros, por la barriga  hasta llegar al pubis. Ahí paró, y con su dedo índice empezó a hacer redondeces que iban descendiendo. Lo que en un principio ella  lo notó como cosquillas se convirtieron en caricias profundas. Notando como las yemas de los dedos acariciaban sus labios mayores y luego los labios menores. Sutilmente notó un dedo pasar por su clítoris. Pero no pudo evitar gritar cuando él le estimuló mucho más. El momento en que ella arqueó la espalda, él aprovechó para colocar su polla enfrente de la boca de Vero y su boca enfrente del sexo de ella. Roberto empezó a deslizar la punta de su lengua  por aquel manjar que tanto deseaba. Saboreándolo todo, sin dejar ni un rastro. Vero no pudo resistir echarle unos cuantos lengüetazos  a la polla aunque gimiera profundamente. En el momento que él se sintió saciado de su coño, se dio la vuelta.  Con las rodillas en el suelo y mirando a la cara de Vero, jugueteó con su polla a la entrada de su coño. Él sonreía muy travieso y ella le correspondía. Los dedos de él se introducían en la boca de ella, dejándolos embadurnados. 

-mmm, que aplicada eres en todo… 

Y acto seguido, Roberto levantó las piernas de ellas para apoyarlas encima de sus hombros. Apoyando sus manos en el suelo, le metió la polla lentamente. Una vez dentro, él respiro hondo y empezó con un ritmo despacio. Ella no paraba de gemir y de verle fijamente a los ojos. Instintivamente iba con sus dedos a pellizcarse los pezones. Él fue aumentando el ritmo. Y más y más. El cuerpo de ella se movía al son de él, y ella ya no gemía, gritaba de placer. Ya no le miraba a los ojos, o los tenía cerrados o tenía la mirada perdida. Tampoco no paraba de mover la cabeza. Él, con toda su energía le metió unas embestidas frenéticas que hizo que ella llegara a un gran orgasmo. Notando un placer que nunca había experimentado. 
Con la polla aún dentro, Roberto se acercó al oído de ella y le murmurró: 

-Touché!! ¡Una estocada en toda regla! 

Sus respiraciones agitadas fueron interrumpidas por un sonido que escucharon y vieron de donde procedía. Había un alumno a la puerta con la mano derecha dentro de su pantalón. Lo que no sabían Vero  y Rober que llevaba allí durante un buen rato… 

domingo, 29 de diciembre de 2013

A cuatro manos

Era Sábado. Sábado 21 de Diciembre. Vero había quedado esa noche con una pareja. La había conocido tres años antes. Ana y Carlos. El día que se conocieron, él ya mostraba su desparpajo y ella su dulzura. Con el tiempo, en sus charlas y citas afloraba el feeling que había. La confianza aumentaba a un nivel vertiginoso. Quedaban con frecuencia y a veces con más gente. Grandes momentos había vivido con ellos. 


Acabó de arreglarse pintando los labios de gloss rosa. Mirándose al espejo, comprobó que el último corset que compró era todo un acierto. Cogió el abrigo, el bolso y se fue para el coche. Arrancó y se dirigió hacia su destino, a la casa de la pareja. Tantas veces había ido ya, que se sabía el camino de memoria. Al llegar, tocó el timbre y se abrió el portal. En cuanto estaba entrando con el coche, Vero veía  a Ana toda sonriente. A lo que le correspondió. 

Ana era una chica morena, de estatura media, unos ojos negros vivarachos y que se caracterizaba por su humor negro. A Vero le encantaba muchas cosas de ella, pero lo que más su optimismo y lo dicharachera que era. 

-Carlos está al caer. – Dijo Ana cuando Vero salió del coche. 

-¡Vale! No te preocupes. 

Se dieron dos besos, un abrazo  y entraron a la casa. 

-Acomódate, ya sabes que estás como en tu casa. – Le dijo indicándole el salón. 

Pero Vero no se sentó. Se paseó por el salón echándole vistazo a todo lo que se encontraba. 

-¡Uy! ¿Ya andas a husmear? – Y se escuchó una carcajada de Carlos. 

-Y más que puedo cotillear... – Sonrió pícaramente ella. 

Se acercaron y se dieron dos besos muy cariñosos. Enseguida se enzarzaron en una conversación animada que fue interrumpida por Ana. 

-¿Bueno que, cari? ¿Nos comemos unos a los otros o terminamos de preparar la cena? 

-¡Pues no es mala idea el comernos ya! – Contestó Carlos con tono picarón y soltando  una risotada. 

-¡Venga! Que os acompaño a la cocina y os echo una mano. – Dijo Vero – Me refiero  la comida, ¡bicho! – Y le dio una palmada al culo de él. 


Entre pitos y flautas terminaron de calentar la comida, de colocar la mesa del salón y de abrir una botella de vino blanco Rías Baixas. Cuando se sentaron los tres, Ana comentó: 

-Quedaos quietos, voy hacer una cosa. 

Se levantó y sacó de un armario cinco velas alargadas. Las colocó en puntos estratégicos y les prendió fuego. Apagó la luz y se colocó en su silla. Había la suficiente iluminación como para verse y cenar en un ambiente más íntimo. 

-Eso, a los hombres no se les ocurriría nunca.- Dijo ella entre risas. 

-Pero otras cosas sí… - Le espetó él con tono pillo. 

A Vero le salía la sonrisa tonta, disfrutaba con aquello. 
La cena fue distendida, hablando de diversos temas, a veces serios pero en un santiamén se tornaban a divertidos. Como la vida misma. Para ella se había parado el tiempo y no existía nada más que aquella velada tan íntima con ellos. Saboreaba cada momento. Cada vez sus miradas eran más intensas y las sonrisas más traviesas. Al terminar el postre, Ana se ausentó del salón y Carlos se levantó. Y se colocó detrás de Vero. Apoyó sus manos en los hombros desnudos de ella y empezó a masajearlos. Acercó su boca a la oreja y le susurró: 

-Lo que te espera… ¡Rubita! 

Al poco rato apareció Ana lanzando una mirada a su novio y comentando: 
-Acompáñanos… 


Caminaron  hacia la habitación. Cuando abrieron la puerta, Vero se sorprendió. La estancia estaba iluminada con  muchas velas pequeñas y olía a incienso. La cama estaba levantada (tenía un  mecanismo) y había una colchoneta con varios objetos cerca. Aparte de los muebles que había. 

La rubita empezó a percibir caricias por el pelo y la espalda. Los dedos de Carlos se entrelazaban con los mechones. Las yemas de los dedos de Ana rozaban cada centímetro de la piel desnuda de su espalda. Se giró a la derecha y topó su nariz con la de él. Quedando a escasos milímetros de la boca entreabierta que pedía un beso suyo a gritos. Que enseguida fue saciado con beso muy despacio y muy profundo. 

Notaba que el corset se iba aflojando. Se giró a la izquierda y veía a la morena relamiendo los labios. Le pareció tal tentación que los saboreó con avidez. El chico terminó de quitarle el corset y lo retiró despacio. Sus pechos redondos y grandes quedaron a merced de Ana. La vista de esta se desviaba hacia ellos, observándolos con detenimiento hasta que decidió acariciar con sus dedos los pezones rosados. Poniéndose duros y oscuros. Los pellizcó como ella sabía y veía a Vero cerrando los ojos y lanzando un gemido de placer. 

Mientras, Carlos observaba todo. Momento que aprovechó para bajar la falda a Vero, y las medias de rejilla. Para retirarlas. Dejándola solo con el tanga puesto. La mano izquierda de él, totalmente abierta, se posó en su  zona cervical. Para deslizarla lentamente por la espalda hasta la zona lumbar. Ahí colocó las dos manos. Acarició haciendo círculos y presionando ligeramente. Ana situó sus manos en la cintura de Vero. Que fueron reptando, notando su piel suave, al pubis.  Ahí, con los dedos posados encima del tanga, hacía movimientos verticales que fueron descendiendo a su sexo. Fue cuando la rubita empezaba a resoplar. 

-Túmbate en la colchoneta boca arriba. – le murmuró la morena. 

Obedeció y se quedó totalmente a la expectativa. Mirando a un lado, a Carlos, y a otro, a Ana. Se desnudaron quedando en ropa interior y se sentaron. Carlos a la derecha y Ana a la izquierda. Ana le pasó un bote a su chico. Él lo abrió y echó un poco del líquido que tenía dentro en una palma de su mano. Frotó vigorosamente con la otra y se levantó. Con las palmas embadurnadas las posó en los hombros de Vero y empezó a deslizarlas. Recorrieron por los pechos con movimientos envolventes. Descendieron a la barriga haciendo ligera presión. Se movieron  en dirección contraria sin parar. 

-Es el momento cari. – Dijo en tono bajo Carlos. 

La novia cogió un mando y enfocándolo hacia una minicadena, que había encima de un mueble, pulsó un  botón. Empezó a sonar una melodía. Mientras Vero pensaba cual era, veía a la morena echando un poco de aceite en sus manos que enseguida transitaron por el resto de su anatomía. 

-Cierra los ojos. – Le susurró Ana. 

Así lo hizo. Sentía cuatro manos moviéndose con soltura y totalmente coordinadas por su cuerpo. Y se dio cuenta de que melodía era la que sonaba: 

Antonio Vivaldi-Las cuatro Estaciones "Invierno" 

Cuando era el estribillo notaba como si Carlos estuviera tocando las teclas blancas y negras de un piano sobre su barriga. La morena, en ese momento, le estaba rozando el canalillo y los pechos. La sensación que tenía Vero era muy grande, sin adjetivos para calificarlo. Estaba totalmente relajada. Todo había ayudado, la iluminación, el olor, la música, la compañía,  lo que notaba en su cuerpo… 

Ana y Carlos se vieron entre ellos. Y a Vero con una amplia sonrisa. Habían logrado regalarle un momento relajante. Decidieron arrimarse, sin dejar de tocar a la rubita, para darse un beso muy húmedo. Los dos se acercaron a la  boca de ella, con sus lenguas bordearon los labios. Vero instintivamente entreabrió la boca y  sacó su lengua. Los tres entrelazaron sus lenguas y mezclaron sus salivas. Los cuerpos se movían al unísono, acariciándose, entre ellos tres, abarcando toda la superficie posible y con más energía. El momento se transformó en excitante y la rubita dijo: 

-Me desconcertáis chicos… 




miércoles, 27 de noviembre de 2013

Viajando al fin de la noche



Ante el plan imprevisto, me fui apresurada a vestirme. Mis pensamientos andaban a mil por hora, no sabía que ponerme. Así que decidí parar dejando mi mente en blanco y viendo la ropa que tenía en el armario.

***

Vero se había conectado al “msn” como costumbre. Cuál fue su sorpresa que vio conectado a Manu, y más que le hablara. Pasados un par de minutos ella aceptó con timidez la propuesta que le hizo él.
En el fondo, le encantaría verle, pero ir hasta su trabajo le imponía algo. Él le dejo claro que no había ningún problema, que estaba solo trabajando de vigilante de seguridad. Él le mandó un par de indicaciones para que supiese en donde estaba. A Vero no le resultaba complicado, conocía la zona.

***

“¡Listo! Esta falda verde con la blusa negra” Consideré al final.
Me vestí pensando en todos los momentos que tenía con Manu. Era de los pocos chicos que me ponían cachonda con una simple mirada. ¡Y lo  hacía todo tan bien! Me coloqué el abrigo, cogí el bolso y me fui para el coche. Arranqué y me dirigí hacia la nave en donde estaba Manu. Se notaba que era la noche del domingo, muy poco tráfico. Llegué rápido y aparqué justo detrás de su coche.

Al acercarme al portal con paso ligero le mandé un toque al móvil, conforme estaba allí. Escuché el portal abrir y apareció él. Mis ojos se abrieron como platos. ¡¡ Como le quedaba la ropa de vigilante!! La sonrisa que mostró Manu hizo que me empezara  humedecer.
-Pasa Vero.- dijo él


Nos adentramos hacia la garita y nos dimos dos besos de cortesía. Empezamos a hablar un poco de nuestras vidas. Hacía bastante tiempo que no sabíamos uno del otro, había tenido un viaje  de curro. Mientras charlábamos, yo no paraba de observarle. La ropa de vigilante le  hacía más corpulento de lo que era, y la pistola sujeta a un cinturón imponía mucho más. A veces me pillaba cuando quería ver hacia su paquete. Aunque no quisiese, mis colores salieron a relucir. Notaba calor en mi cara y cada vez más en el resto de mi cuerpo.

-Creo que a la conversación no le estás dando demasiada importancia, ¡eh, niña!- dijo mientras se acercaba a mí.
-Yo te estoy escuchando…- le  contesté esbozando una sonrisa.
-Ya…ya…- mientras, desabrochaba los botones de mi abrigo.
“¡Dios, que morbo! Así vestido y aquí, ¡en su curro!” Pensé.
Me quitó el abrigo y me susurró:
-Y si subo mi mano por tu muslo derecho interior, ¿pasa algo?
De mí boca salió un resoplido que no pude evitar. Intentando mantener la compostura le contesté:
-¿Qué va a pasar? Nada
- Entonces…habrá que hacer otra cosa…-mientras, su mano ascendía por mi muslo derecho interior hasta el pubis-¿y si acaricio ahí?

Parecía una bomba que iba a explotar. Como siguiese ya no podía controlarme. Ante la ausencia de mi contestación, decidí llevar mi dedo índice a la boca de Manu, que enseguida lo lamió con avidez y mirándome con deseo. Retiró su mano del pubis y cogiéndome de la mano izquierda dijo:
-Ven conmigo.


Cerró la puerta  y le seguí. A poca distancia llegamos a otra puerta que ponía en un cartel “Enfermería”. Entramos y él se dispuso a quitar el cinto en donde estaba la pistola y más objetos.

Se arrimó a mí y empezó a acariciar mi pelo largo con su mano izquierda. Su mano fue descendiendo hasta mi cadera. Se pegó más a mí y su boca entreabierta se topó con  la mía. Notando sutilmente los labios suaves enseguida nos fundimos en un beso rápido y brusco. Y sin parar de devorarnos desabrochó mi blusa. Se retiró y contempló mis pechos cubiertos por el sujetador blanco. Dejé pasar un par de segundos y decidí colocarme de espaldas a él. Moviendo mi culo de derecha a izquierda, notando como crecía su polla. Él, mientras, liberó mis pechos del sujetador. Los acariciaba de mil formas posibles. Mi excitación subía por segundos. Deseaba follarlo ya, pero quería disfrutar más de aquel momento, de aquel…morbo. Sus labios besando mi hombro, mi cuello, buscaban mis labios. Que rápidamente se deslizaron de nuevo con avidez. Sus manos bajaban  hacia mis piernas para subir mi falda. Sus dedos rozaron mi pubis cubierto por el tanga. Paró y decidió quitarme el tanga. Quedé totalmente expuesta a su merced. Siguiendo en la misma postura, me manoseaba continuamente. Mi respiración se volvía más acelerada y entrecortada.

-¡Que buen trabajo haces con tu culo!- Exclamó él.
-Y mejor que lo puedo hacer con mi boca.- Me di la vuelta, y me agaché.

Desabroché el pantalón con su ayuda, bajé la bragueta y bajé el calzoncillo. ¡Menuda erección tenía! Sin contemplaciones, abrí mi boca y la introduje hasta el fondo. Con la habilidad de mi lengua y labios estuve un rato chupándosela y succionándosela. Mientras, mi mano derecha instintivamente acariciaba sus testículos.

-¡Uf! Para nena.- Dijo Manu- Apóyate en la camilla.

Chorreando estaba aunque no tocara mi sexo. Apoyé mis manos en la camilla poniendo mi culo en pompa. Enseguida noté una lengua recorrer mi coño. Muy despacio y queriéndose meter. También la noté en mi clítoris. Ahí, la rozó de tal manera que mi cuerpo vibró de placer. Lo que sentí enseguida fueron dos dedos adentrarse en mí  a un ritmo rápido. No cabía ninguna duda, estaba muy lubricada.

“¡Uf, uf y uf!” – Expresé en alto.

Las manos de Manu se apoyaron en mi cadera para clavarme su polla dura. Al principio muy despacio. Luego fue aumentando de ritmo hasta que paró. Y cogiéndome desprevenida dio pequeños golpes a mi sexo hasta que percibí que me la introducía de nuevo. Esta vez muy rápido. No paraba de gemir, pero intentaba no gritar. Era consciente en donde estaba. Llegó un momento en el que las embestidas de él se convirtieron movimientos al unísono. Y juntos llegamos al clímax. Tensando nuestros cuerpos, él lanzando un resoplo de placer y yo gimiendo como nunca. Al retirarnos  nos dimos un beso muy dulce.
 
Cuando me disponía a vestir Manu me comentó todo sonriente:
-Así da gusto trabajar
-Pues tendrás que hacerlo más veces.-  Estando también toda sonriente.
Él hizo un gesto de aprobación. Terminé de vestirme, él de poner el cinturón y fuimos hacia la garita. 

Cogí mi abrigo, mi bolso y le susurré a Manu:
-Habrá que estrenar la garita…
Le exhibí una sonrisa pícara y nos despedimos con un beso muy afectuoso.



miércoles, 16 de octubre de 2013

Sensaciones en la ducha



Sonriente, pensando en el momento divertido que acababa de tener, bajó las escaleras para ir a la ducha. Al mirar que había una ocupada se adentró en la libre. En cuanto quiso abrir el grifo, escuchó:
-¡Vero!
Conocía la voz así que se asomó con picardía.
-No llego a mi espalda, ¿me das?- preguntó Carlos, exhibiendo una sonrisa cautivadora.
“No le voy a negar tal ayuda. Está totalmente pringado de sirope de chocolate”  Pensó ella. Entre risas y miradas le dio con la esponja por toda la espalda. Y el culo…
-Ya estás para otra
-Ahora date la vuelta, que también tú has llevado de lo lindo- dijo él riendo.
“Que graciosete” fue el pensamiento de ella.

Con la mirada perdida sentía la suavidad de la esponja recorriendo cada centímetro de su espalda. Él enseguida le dio la vuelta. Siguió dando por los hombros, pechos y el ombligo. Las risas se habían disminuido y se fueron convirtiendo en sonrisas picaronas. Una mirada de Carlos previó a Vero lo que iba a ocurrir. Lo conocía tan bien…
Con el grifo cerrado, sus labios se unieron para dar paso a un beso muy suave. Muy profundo. Hasta saciar la sed que se tenían uno del otro. Las manos de él no paraban de acariciar la piel mojada de ella. Las  manos de ella correspondían con lo mismo. Enzarzados, sus  besos aumentaban de ritmo y presión. La excitación de ella iba muy rápido. No se esperaba aquel momento con Carlos en aquel lugar. Las manos grandes de Carlos se posaron en los pechos grandes y redondos. Los manoseó, los miró con deseo y  fue a deslizar su lengua por ellos. De vez en cuando veía la expresión de Vero. Le encantada  observar la mirada que ponía. Paró y dijo:
-Fíate de mí, déjate llevar rubita.
“Bueno…algo va hacer” pensó ella. Exhibiendo una sonrisa, asintió. 

Él, abrió el grifo de la ducha. Cogió a Vero y, con cautela, la colocó debajo. El agua mojó su pelo rubio y fue resbalando por toda su cara y cuerpo. Ella no pudo evitar lanzar un grito de sorpresa ante la caída repentina de tanta agua encima. Carlos, le echó el  pelo hacia atrás y se colocó también debajo. Empezó a besarla. Los dos notaban la caída del agua sobre ellos mientras se sumergían en un beso muy lascivo. Pasada la sorpresa,  que para ella fue como una subida de adrenalina, se sentía como si estuviera debajo de una cascada.

Las manos, de los dos, correteaban por toda la anatomía de ambos. Como si fuera la última vez: se sentían, cada centímetro de sus pieles, se miraban con sinceridad, se sonreían sin timidez. 

Los dedos de él bajaron por el cuello de Vero. Pasaron por los pechos. Bajaron al ombligo. Descendieron al pubis. Ahí se detuvieron y  se movieron muy despacio. 

Los dedos de ella se introducían en la boca de él. Pasearon por el cuello. Rozaron los pezones. Bajaron al sexo. Dos dedos hacían un masaje rítmico a la polla. Cuanto más lo acariciaba más se alargaba. A Vero le encantaba notar la erección. Se deleitó en aquella sensación hasta que Carlos le mandó parar. Entonces, ella decidió agacharse. Su boca se encontraba enfrente de la polla rígida. Sacó su lengua y la pasó por el glande. Decidió colocar sus manos en las caderas de él. Y apoyó sus labios en el capullo. Fueron resbalando, ayudados por el agua de la ducha, hasta el fondo. Carlos lanzó un gemido ahogado e instintivamente echó las caderas hacia adelante. Ella mantuvo por unos segundos la polla quieta dentro de su boca. Luego la recorrió en sentido contrario dejando rastro de su saliva. Y empezó a mover rítmicamente su boca de arriba a  abajo. Su mano derecha se escapó  hacia la zona del perineo, para masajearlo suavemente y circularmente. Carlos no paraba de resoplar y mirar como lo hacía. Ella, como si lo adivinara, miró hacia arriba, coincidiendo sus miradas. Sabía que le excitaba. Eso hizo que él le agarrara  de la cabeza y marcara el ritmo. Hasta tal punto que eyaculó en su boca. A ella le gustaba que se corriera en su boca aunque luego no lo tragara. 

Al terminar él le regaló un beso muy pausado. Y sin afán de acabar, su mano derecha descendió al sexo de Vero. Con dos dedos rozó la zona con círculos. Un dedo se deslizó hacia abajo y dentro de ella. Y al mismo tiempo, el otro por el clítoris. Con un ritmo rápido y constante la estuvo estimulando. Ella cada vez jadeaba más, su cuerpo se estremecía más. La mirada desafiante de Carlos hizo que  fuera fulminante para llegar al gran orgasmo. Al relajarse vio que Carlos le acercaba el dedo impregnado de sus flujos a la boca. La abrió y lo saboreó.

Sus miradas hablaban y no hacía falta decir nada. Se pusieron las toallas y subieron. Al llegar, se encontraron con la novia  de Carlos. Mirándolos con diversión y sonrisa traviesa.
-¡De tu marido no se puede fiar!- exclamó Vero entre risas
Aquel momento fue interrumpido cuando empezó a sonar  " Gotan Proyect- Milonga de mi amor" . Al escuchar esa canción los tres se miraron con complicidad.