Veronik Liberal

Veronik Liberal

jueves, 29 de mayo de 2014

El camino de lo prohibido

Día 1 

¡Que emoción! ¡Que ganas! 
Me tardaba el día en que voy a comenzar el gran camino. El día que se lo comenté a mi familia se apenaron mucho, no me iban a ver todos los días y estaban preocupados en cómo me encontraría. Los estudios fueron los que me hicieron retrasar este viaje pero tuvo su recompensa. Las calificaciones fueron mejores de lo que había imaginado. ¡Sí! ¡Estoy contenta!’ 

Lía dejó de escribir, cerró la libreta, la guardó con el bolígrafo y sacó el mp3. Lo puso en funcionamiento y se colocó los auriculares. Mientras escuchaba música iba leyendo unos folletos  en el asiento del AVE. Lo había cogido en Málaga después de cruzar el estrecho  de Gibraltar. 


  Lía, era una chica fruto del amor entre Hassan y Cami. Hassan era un hombre judío que se desplazó a Tanger (Marruecos) por negocios. En  un par de semanas conoció a Cami, de la que se quedó prendado en cuanto la vio.  Con el tiempo la conquistó y decidió quedarse a vivir allí. Dos años después nació su primera hija, que en cuanto tuvo uso de razón decidió coger la religión de su padre.

  Poseía muchas cualidades que la definían como persona, pero sobre todo era alegre, sociable, charlatana y tozuda.
  Físicamente era delgada, de estatura media y con pelo castaño ondulado que le llegaba a los hombros. Tenía unos ojos azulados verdosos, una buena delantera, unas caderas sinuosas y un buen culo. 


De vez en cuando miraba los paisajes por la ventana. Le sorprendía como podían variar tanto cada vez que avanzaba el medio de transporte. Era su primer viaje fuera de su país de residencia. 

En cuanto llegó a Zaragoza, cogió su mochila, en donde llevaba todo lo que necesitaba, y se bajó. Se encaminó hacia la estación de autobuses y se dirigió al bus que la llevaría a Roncesvalles. Colocó su mochila en el maletero y se fue a sentar. Mientras veía encuentros y despedidas a través de la ventana, recordaba lo que hacía en semanas anteriores. Realizaba caminatas que cada vez duraban más y tenían más dificultad. También leía información sobre el camino, del material que necesitaba llevar y de las recomendaciones. En cuanto arrancó el bus, sacó un folleto y recordó el albergue a donde tenía que ir. Ya en el destino sintió  una gran emoción. Al día siguiente comenzaba el camino francés del Camino de Santiago. 


Día 16 

¡Hoy he llegado a O Cebreiro! ¡En Galicia! 
¡Que poco falta ya para llegar a Santiago! Esta experiencia está siendo fabulosa. Estoy conociendo más a fondo los monumentos históricos de cada ciudad por la que estoy pasando. Admirando la variada vegetación y  fauna. ¡Y conociendo gente! Muchos extranjeros. Las expresiones y los gestos ayudan mucho a que nos entendamos.’ 

Cerca de las once de la noche Lía cerró la libreta y se echó a dormir. Los albergues  a las once apagaban la luz  y cerraban la puerta de la entrada. 


Día 21 

He decidido parar un momento aunque esté muy cerca de mi destino. Disfrutar de la vista desde este monte es ¡espectacular! Aunque sea a lo lejos, se ven las dos torres de la catedral. Me enorgullezco de conseguir mi meta.’ 

Estaba sentada en la hierba serena, contemplando todo lo que estaba a su alcance. Cinco minutos más tarde cargó con la mochila y partió a hacer la segunda parte de ese tramo. 


Caminaba por las calles angostas, repletas de bullicio, toda sonriente. A escasos metros se encontraba de un gran monumento histórico gallego. En cuanto lo avistó no pudo evitar quedarse atónita. Una vez enfrente lo recorrió con su vista de abajo a arriba. Estaba delante de la catedral de Santiago de Compostela. 


Al día siguiente 

Después del día exultante volvió de nuevo a la catedral. La grandeza y la decoración le parecían admirables. Pero algo le había cautivado, mejor dicho, alguien. Las personas de alrededor la miraban en algún momento, llamaba la atención su belleza inaudita. 

Recorriendo la gran estancia, buscó al chico que conoció el día anterior. Se llamaba Iago, tenía dieciocho años, era moreno y tenía unos ojos castaños. El vestuario que llevaba no era muy propicio para apreciar su cuerpo, era monaguillo, pero le había gustado mucho lo que vio. Hasta le daba morbo. 

-¡Hola guapo! 

-¡Ey! ¿Qué tal Lía? 

-Ahora mejor- dijo con una gran sonrisa- aunque mejor que podíamos estar… 

-Mejor no pregunto. 

-Recuerda la conversación que tuvimos ayer, imagínatelo – se mordió el labio inferior y le guiñó el ojo. 

-Shh…aquí dentro no. 

Lía miró el interior de la catedral y se recreó con una escena en su imaginación. Como si Iago lo adivinara, lanzó un suspiro hondo y echó la vista hacia un lado. Volvió la vista cuando se percató de una mano suave rozándole el cutis. Sus miradas chocaron y lo decían todo. No hacía falta palabras. Solo que él no sabía muy bien que hacer porque también quería. 

-Tengo ganas de saborear tus labios, de acariciarte de arriba abajo, de lamerte, de excitarte…- le murmuró Lía. 

-No sigas… 

Una sonrisa divertida asomó en la cara de ella. 

-¿Salimos? 

-No…no puedo 

-¿Por? 

-¿Hace falta que te lo diga? – y le mostró su ropa. 

Ella resopló y sin saber que decir se sentó en el banco que estaba cerca de ella. Iago se alejó y ella se quedó allí. Después de media hora, cuando se disponía a marchar apareció él. Vestido con un pantalón vaquero y una camisa negra, mostrando esta vez una sonrisa traviesa. Él le cogió de la mano izquierda y dijo: 

-¡Ven conmigo! 


A paso ligero, casi en  volandas, la sacó de allí y la llevó a la parte de atrás de la catedral. La trasladó a una esquina en donde no había tránsito de gente y la apoyó  en una pared. 

Empezó a acariciarla con ansia mientras le miraba  intensamente a la boca entreabierta y a la mirada lasciva. A Lía le había excitado la adrenalina que sintió y lo que le empezaba a hacer. 
A escasos milímetros sus labios querían rozarse, sus lenguas saborearse, sus respiraciones compaginarse. Y que por mucho más tiempo no podían aguantarse. Se fundieron en  un beso muy húmedo y sin dar tiempo a respirar. Lía metía sus manos por debajo de la camisa y le arañaba la espalda ancha. 
Iago se retiró para coger aire y aprovechó para acariciarle los pechos  grandes, por encima de la blusa holgada, con movimientos circulares. Los suspiros de ella no cesaban. En un arranque de la chica, cogió al chico y lo abalanzó hacia la pared. Apresuradamente le quitó la camisa y se dedicó a acariciar con la punta de sus dedos el torso. Al tocar los  pezones, los pellizcaba muy suave. Las manos femeninas descendieron hacia el pantalón, y mientras con una palpaba el sexo, con la otra el culo. 
El momento fue interrumpido cuando le parecieron ver algunas sombras de personas. Eso hizo que Lía se enderezara del todo y se pegase a él. Iago aprovechó para mordisquearle el lóbulo y deslizar su lengua por el cuello. 

-¡Date la vuelta! – le susurró muy lentamente. 

Ella obedeció dócilmente. Pegada a él, con el culo notó la entrepierna dura y ancha que se quería meter entre las nalgas. Ella llevaba puesto una falda larga fina. 

-Desde que te había visto deseaba hacer esto – musitó él. 

-Pues bien que lo has disimulado. 

Ella no paraba de mover el culo y eso hacía que la polla de Iago no parase de crecer. Él levantaba la falda como podía hasta dejarla con el pompis al aire, mostrando un tanga blanco. Notándolo ella muy húmedo, por la excitación vivida del momento. Iago tiró de él hacia arriba. Lía se estremeció y jadeó. Los dedos de él recorrieron el tanga de atrás a adelante para terminar escabulléndose al sexo depilado. Con caricias casi imperceptibles le hizo poner la piel de gallina y de desear más. Los movimientos pélvicos  hacían que ella cada vez quería más, y de esa manera notaba más los dedos dentro de ella. El grado de excitación iba en aumento. Los gemidos ahogados fueron silenciados por los besos lujuriosos que le propinaba él. Su cuerpo no paraba de moverse. En esa posición obtuvo un orgasmo que le hizo tensar el cuerpo y soltar un grito agudo. 
Sonriente se dio la vuelta y agarrando a Iago por las mejillas le dio un beso muy cálido y tierno. 

-Nunca pensé llegar al orgasmo después de hacer un camino, detrás de la catedral con un monaguillo. 

-A escasos metros de todo el bullicio. 

Sus miradas cómplices se desviaban hacia sus cuerpos. Se encontraban muy calientes. Sus manos no paraban de acariciarse mutuamente y en algunas zonas con más presión. Él se ocupó de quitarle la blusa y del sujetador blanco. Se pasmó al ver sus pechos grandes y redondos, con pezones grandes y oscuros. Inmediatamente fue a lamerlos y succionarlos, dejándolos duros como piedras. Los gemidos volvían a escucharse. Eso hacía que él se aplicaba más y mejor. También los pellizcaba y tiraba de ellos. Ella encontrándose en plena ebullición de éxtasis le desabrochó el pantalón. E introdujo su mano por dentro del bóxer. Tocando su polla erecta. Notando cada centímetro de su piel. Desde la base hasta el capullo. Y marcó un ritmo. Los dos estaban gozando del momento. 
Él con los ojos cerrados sentía su mano, ella le vio la expresión y le murmuró: 

-La quiero dentro de mí. 

Sin ningún miramiento le agarró de las muñecas y le situó las manos en la pared. Estaba de espaldas a él. Sin dificultad, él le quitó la falda por las piernas y se quitó los pantalones y el bóxer. Colocó sus manos en las caderas de Lía y frotó su sexo contra el culo. Le apartó el tanga y deslizó su polla por el sexo húmedo. Jugueteando con el roce y dando pequeños golpes. Notaba como le gustaba a ella por los gemidos que salían de su garganta. Sin poder evitarlo más, él la introdujo lentamente. Notando la rugosidad de aquel coño sonrosado. Y empezó con un vaivén lento. Estuvieron durante un rato disfrutando uno del otro. Como si le faltara algo, descendió su mano izquierda para ir a estimular el clítoris. Que ya se encontraba duro y sonrosado. Propiciándole una variedad de movimientos. La respiración de ella cada vez era más rápida y entrecortada,  y no paraba de jadear y lanzar algún que otro grito. Esto hizo que Iago asentara sus dos manos en las caderas y acelerara las embestidas. Las vistas de los pechos colgando también favorecían  a que cada estocada fuera hasta el hondo. El ritmo frenético culminó cuando los dos se movían al unísono y lanzaron gritos ahogados. Manteniendo la postura  cogieron aire para tranquilizarse. 
Él mientras se retiraba acariciaba a Lía dulcemente. Antes de que se vistieran se dieron un beso romanticón. 

Una vez vestidos se desplazaron hacia la Plaza del Obradoiro cogidos de la mano.  Allí, Lía vio por última vez la Catedral y escuchó lo que le comentó Iago: 

-Será nuestro secreto. Si vuelves, ¡por aquí estaré! 

lunes, 28 de abril de 2014

La magia del bosque encantado

El sonido del timbre le hizo correr hacia la puerta. Ansiaba con ver, tocar, sentir y mil cosas más a Martín. Él había quedado de pasar  por su casa para llevarla a un lugar que él consideraba mágico. A Vero le intrigaba tanto misterio, pero cualquier cosa era buena para estar junto a él. No tenía las palabras adecuadas para describir lo que sentía por él.

En cuanto abrió la puerta, él la saludó:

-¡Hola preciosa!

A lo que ella le respondió con un beso robado muy apasionado. En cuanto acabó de besarle, él le comentó:

-¡Vamos!, que si no, no arrancamos y tengo ganas de comer contigo.

-¿Y a mí, no?- preguntó con tono muy pícaro y con cara de inocente.

-¿Aún lo preguntas, rubita?- de seguido rió a carcajadas.- A  la tarde, te saciaré a fondo.

-Eso me gusta más…espérame aquí, voy a por el bolso.- En un par de minutos estaba de vuelta cerrando la puerta. Caminó con Martín hacia su coche. Al entrar, a ella le llegó un olor que intentó adivinar.

-¡Eso es empanada de zamburiñas(1)!

-¡Premio para la niña!

-¿Y que gano?

-Un beso mío cuando lleguemos al sitio acordado.

-Jo.- Entristeció su cara y puso morros.

Él, sin inmutarse por su expresión, arrancó al coche y procedió con la marcha. De vez en cuando miraba de reojo a su chica y en el último vistazo comprobó que Vero había subido un poco la falda y desabotonado un poco la blusa.

“¡Joder! Como me pone esta niña con nada”.- Pensó  él. Y empezaba a sentir como su bulto entre las piernas  crecía.

-¿Has probado alguna vez a juguetear mientras conduces?- Preguntó ella de sopetón

-¿Cómo?- No cabía en su asombro que inmediatamente después de lo que empezaba a experimentar le preguntara eso.

Ante la nula contestación de él, Vero siguió desabotonando. Martín, en cuanto vio  una salida de la autovía, la cogió y se paró en el arcén.

-¡Pero mujer, que te pueden ver!

-Ahí está el juego.

Él resopló  y acto seguido se abalanzó sobre ella para besarle lascivamente y manosearle los pechos que estaban casi al descubierto. No llevaba  puesto sujetador. También dejó un rastro de su saliva desde los labios hasta los pezones, que los endureció succionándolos con ganas y mordisqueándolos. Le pasó sutilmente la mano izquierda por el muslo derecho interior hasta llegar al pubis, cubierto por el tanga. Ahí, hizo movimientos verticales con sus dedos. Y se retiró sin mediar palabra a su asiento.

-¡Ehh!- Exaltó ella

- Es parte del juego.

Ella refunfuñó a la vez que él arrancó. Y antes de coger la autovía comentó:

-Tápate, que no quiero que pases frío.

“¿Con el calentón que tengo? Imposible” Pensó Vero. Aun así, abotonó un par de botones, dejando un escote generoso a merced. Mientras él conducía, ella imaginaba cuanto de cachondos se pondrían si ella le estuviera chupando la polla. En ese momento, estando él al volante. Con la idea, sentía como se le humedecía el sexo. Martín la vio de reojo y sonrió por lo bajini.  La conocía, y sabía que algo estaba imaginando. Él se dedicó a tararear las canciones que sonaban en la radio hasta que llegaron a su destino. Antes de que salieran del coche, él le propinó el beso que ella había ganado. Un  beso muy romanticón.


Martín, cargó con la cesta, y ella con la bolsa, además de su bolso. Vero siguió a Martín que había emprendido camino hacia un sendero. Se adentraron en un bosque que estaba repleto de árboles como robles, castaños, abedules y laureles. De fondo, escuchaban los cantos de los pájaros que volaban por allí. Pasaron por debajo de un arco de un acueducto hasta llegar cerca de la fachada de  un castillo. A Vero le impresionó, y antes de poder decir y hacer algo, Martín comentó:

-Este castillo fue construido en los sesenta y no fue terminado. Junto con este gran bosque y otras estructuras arquitectónicas que hay, pertenecía a los Condes Canalejas que de aquella eran unos grandes terratenientes. Usaban este lugar de recreo y ocio para sus deportes, entre ellos la caza. Empleaban las fincas como bosque que de aquella no lo era. Este lugar es conocido popularmente como  ‘El bosque encantado’ que hoy en día pertenece al ayuntamiento de Cangas.

Image


-Mmm ¡interesante! Un sitio con  historia – Se quedó viendo todo lo que le estaba al alcance.

-¡ ‘Miña Ruliña(2)’ ! Vamos para allí y comemos tranquilos antes de que aparezca mucha gente.- le indicó con el dedo.

Se encaminaron hacia un roble. Colocaron una toalla en el suelo y se dispusieron a sacar todo. Mientras comían tranquilamente se hacían bromas y mimos. Al acabar se fueron a descubrir cada rincón de aquel bosque tan mágico. Los colores se mezclaban de una manera muy armoniosa con los cantos de las aves. Poseyendo una tranquilidad absoluta sin ningún bullicio. Al acabar de admirar cada escondite se asentaron de nuevo en el mismo sitio de antes. Martín se apoyó en el árbol y Vero en su chico. Con los ojos cerrados, ella, no paraba de hacer redondeces con sus dedos en el muslo derecho de él. Él la miraba sonriendo y pensando “La belleza de esta zona se magnifica con esta dulzura presente”


‘En la oscuridad del bosque se percibía cada sonido que había, cada luz por muy insignificante que fuese y cada movimiento ya sea por algún insecto.
Vero se encontraba de pie, con toda la arboleda alrededor. Se sentía nerviosa e intrigada pero miedosa, no. No sabía qué hacía allí en la noche. Miraba a un lado, a otro, y le parecía ver cada vez más puntos pequeños de luz. Que no intentaba adivinar que era. ‘¿y si son luciérnagas?’ Pensó.
En cuanto escuchó  ulular a una ‘curuxa3’  se giró hacia el sonido. Y se topó por sorpresa con sus ojos grandes y negros. A lo que la ave nocturna respondió emprendiendo vuelo, alargando sus alas blancas redondeadas y rozando casi la cabeza de Vero. Ella, lejos de asustarse, se quedó asombrada. Le encantada ese animal desde siempre. En cuanto salió de su vista dos hileras de luces alumbraron en el suelo, formando un camino. En un par de segundos no se escuchó ningún sonido hasta que empezó a sonar una melodía: 



Como si la atrapara, avanzó contoneando sus caderas por el camino recientemente iluminado. Mirando con curiosidad cada cosa que le llamaba la atención. Muy lentamente su vestido negro se volvía transparente hasta adivinar cada curva de su geografía. Ella ni se percató al ir tan atenta a su trayecto. Cuando estaba cerca del final del pasillo alumbrado vio a Martín con un pantalón negro de lino, una camisa blanca abierta enseñando su torso y una sonrisa que hacía que alumbrara más ese sitio tan enigmático. Ella le correspondió con una sonrisa y una mirada furtiva de deseo.

Martín con un gesto elegante, alargó su brazo con la palma hacia arriba y los dedos ligeramente doblados hacia dentro. Conforme que le diera su mano. La mano pequeña y fina de Vero se topó con la de él y en el momento que sus manos estaban unidas una ‘Avelaíña(5)’  se colocó encima del dorso de la mano de ella. Lejos de querer irse, revoloteaba en redondeces para volverse apoyar y seguir agitando sus alas. La pareja se quedó sorprendida y reían sin armar escándalo. La avelaíña  era blanca con algunos puntos amarillos en las alas. Después de un par de minutos el insecto salió de sus manos y  voló hacia el suelo. Allí apoyada se transformó en humo blanco. Y en cuanto se disipó el humo había una chica alta de tez blanca, con el pelo negro muy largo ondulado y vestida con un tul blanco de seda. La sorpresa de ambos fue a más. Y más cuando la morena se acercó a Vero y le acarició sus hombros desde atrás. Cuando la acariciada iba a decir algo, la avelaíña expresó:


-¡Shhh!

Acto seguido le besó dulcemente desde el cuello hasta la oreja. Vero giró la cabeza y se quedó observándola en silencio. Se fijó en sus ojos negros, en sus labios finos y en su lengua asomando. Era demasiado tarde como para no sucumbir. Aproximó la cara a la de ella y notando su respiración ahogada, la inspiró como si fuese suya al darle un beso muy lentamente.

Las manos de Avelaíña descendían por el canto de su cuerpo, al llegar a las caderas se pegó más a ella. Vero suspiró y siguió besándola. Martín veía expectante cada instante  y disfrutaba con ver aquella escena. Vero se dejó girar, se topó con el cuerpo de aquella fantástica mujer  y dejándola de besar por un momento, le retiró el tul. Sus manos recorrieron desde aquellas mejillas sonrosadas,  pasando por el cuello esbelto, reptando por la curvatura del pecho, deslizando por los pezones, bajando por los pechos redondos, descendiendo a los lados del ombligo, hasta llegar a su pubis delicado. Mientras, Avelaiña pasaba su dedo índice derecho por los labios de Vero.


De sopetón, Vero cogió desprevenida a su compañera para otorgarle un morreo muy lascivamente. Tanto, que las dos acompasaban sus movimientos pélvicos. Durante un muy buen rato. Cuando se desprendieron, Vero se giró hacia Martín, que estaba sin camisa, y lo atrajo con la mirada. Avelaíña le retiró el vestido, la ropa interior, e hizo con su dedo índice la forma de una Avelaíña alrededor del ombligo pequeño. Con Martín ya allí, Vero le acariciaba y lo observaba con una gran fogosidad.

Los tres empezaron a rozarse con ansia, hacer gestos que caldeaban el ambiente, lanzar besos furtivos  hasta que Vero paró. Se agachó a la altura del sexo de Martín y la morena la imitó. Entre las dos le ayudaron a quitarle el  pantalón y el bóxer. Vero contempló la cara de él, y este le indicó que se levantara. Obedeció y se dejó besar. Avelaíña al no saber qué hacer se apuntó a darse un beso entre los tres. Las tres lenguas danzaban acompasadas hasta que  él apartó y silbó. Haciéndose el interesante.


Las dos lo pillaron y con una sonrisa cada una descendieron de nuevo. Mientras una le palpaba el culo, la otra le acariciaba el sexo en toda su magnitud hasta rozar el perineo. La respiración pausada de él se volvió poco a poco acelerada. Mirando aquella escena y notando un gran placer le hacía excitarse como nunca. Sintió como una lengua recorría desde la base de la polla hasta el glande y otra por el lado contrario a la inversa. No pudo evitar estremecerse. A la vez que la rubia y la morena lamían aquel manjar  se miraban con vicio. Y sin querer o queriendo sus lenguas se cruzaban. Notaban como lo que chupaban aumentaba considerablemente.  Él resoplaba sin parar y murmuró:

-Acercaros conmigo.

Y se fueron hacia un lecho blanco que estaba poco después de que terminara el camino alumbrado.

-Me gustaría que os pusierais en una posición. Una encima de la otra viéndoos.


Ellas pícaramente accedieron y al mismo tiempo se tocaron todo lo que tenían a su alcance. Al mismo tiempo sentían como Martín alternaba su lengua en sus sexos húmedos. Los gemidos se convertían en jadeos. Al final él introducía dos dedos en cada una. Y comenzó un ritmo frenético para que obtuvieran un placer infinito. Se desplomaron exhaustas viéndolo totalmente empalmado.”


Como si fuera el golpe de una pelota despertó del sueño a Vero. Y comprobó que así era. Se quedó viendo al niño que se buscaba la pelota con frustración. Martín rió a carcajadas y comentó:

-A saber que estarías soñando… No parabas de sonreír.

-¡Cotilla!- Expresó risueña.

Los dos se quedaron viendo a una mariposa que revoloteaba encima  de ellos.
 

--- 
(1) Molusco bivalvo marino comestible de concha formada por dos valvas abombadas, parecida a la vieira pero más pequeña. 
(2) Expresión de cariño y de ternura que se le dice a la joven a quien se ama. 
(3) ‘El sonido del aire’ 
(4) Lechuza 
(5) Mariposa nocturna

martes, 25 de marzo de 2014

'Tres,dos,uno...¡Acción!'

Belén, estando sentada en el tresillo contra las cortinas, aplaudía a la vez que piropeaba y vitoreaba a Vero. El resto de la gente que  estaba en el salón le acompañó con aplausos. 

Ángel acababa de coger a Vero por la mano. Ella se había hecho un poco la remolona pero al final accedió. El salir al escenario ante la vista de tanta gente le imponía. Pero al lado de ese chico se sentía segura. 


Dos semanas antes… 
Un montón de ropa en el sillón estaba esperando plancha. Vero resoplaba, le gustaba muy poco esa tarea. En cuanto se disponía a colocar la primera pieza en la mesa sonó su móvil. Al responder vio el nombre de Belén, se sorprendió ya que apenas la llamaba. 

-¡Hola rubia! 

-¡Rubitaaaa! ¿Qué tal? 

-Aquí, a punto de empezar a planchar. ¿Y tú? 

-¡Bien! ¿Te mando más ropa? – Soltó con una carcajada Belén. 

-Que chistosa… 

-¡¡Vero!! ¡Te necesito! 

-¡Cuéntame! 

-Dentro de dos findes, Ángel y yo iremos al local. Él habló con la gerencia y acordó en hacer un striptease. ¡Ya empezó a ensayar en el salón! Si vinieras… 

-¡Siii! Espero que no tenga impedimento en ir. 

-¡Bien! Por cierto, va a ir una amiga de Ángel. Va a ser la primera vez que pisa un local. 

-¿La vais a pervertir?- concluyendo con una risotada.- Te diré algo en cuanto sepa. 

-¡Muy bien! Te dejo, que la plancha te está esperando. 

-Que comprensiva… ¡Besos! 

-Ciao,¡Muaks! 

Se dispuso a planchar imaginando a Ángel. Como se movía, como miraba, como bailaba a la vez que iba desnudándose. Y de esta manera, le fue más llevadera la tarea. 


Tres días después Vero le confirmó a Belén que iría. 


-¡Muy buenas! – Saludó sonriente Vero en cuanto llegó a la barra del local, viendo a Belén y a Ángel. 

-¿Tú crees? – Preguntó Ángel con tono dudoso sin parar de mover sus dedos. Iba vestido con una camiseta blanca ajustada que le marcaba los bíceps, con unos tejanos azules y unos zapatos negros. Sus ojos verdes atrapaban la atención de cualquier fémina y con su labia podía llegar a engatusarlas. 
La expresión sonriente de Vero se tornó a interrogación y se quedó viendo a Belén. 

-Llegamos hace poco y está muy nervioso. Tú dale algo con que entretenerse y ya verás cómo se le pasa.- Sus rizos castaños no paraban de oscilar cada vez que hacía un gesto. Junto con los ojos marrones claros y la boca de piñón le endulzaban la cara. Iba vestida con un corset negro marcando la forma de su torso y realzando sus pechos generosos, con un pantalón blanco ceñido y unos zapatos negros que le daban un aire muy elegante y sofisticado. 

-Bueno… Ya si eso lo puedo ir calentando.- comentó Vero pícaramente y mordiendo el labio inferior.- No se había arriesgado mucho con el vestuario, llevaba puesto un vestido negro que ya le había dado un par de usos.  Los zapatos negros atados al tobillo le estilizaban las piernas. 



Las personas presentes rieron a carcajadas. Vero aprovechó ese momento para presentarse y conoció a la amiga de Ángel, Noelia.  Le fascinó tanto su belleza como su energía que iba irradiando. Morena, con una larga melena, unos ojos negros vivarachos y unos labios rojos sensuales. Subida a unos tacones que le hacía más alta, lucía un vestido largo negro de escote de honor. 

El cachondeo y el flirteo empezaban a aflorar en la estancia, dejando menos presentes de los que había. Quedando solo Ángel, Belén, Noelia y Vero. 

-Bueno…mejor pasamos a la sala, estamos más cómodos y disfrutamos antes de que salga a escena. 

Estuvieron de acuerdo y avanzaron hacia el salón. Iluminado con luz tenue. Lo recorrieron despacio pudiendo apreciar a las parejas y la decoración. 
Se situaron en el tresillo que estaba contra las cortinas. Las tres chicas y el chico se enzarzaron en conversaciones animadas a la vez que la pareja se hacían carantoñas. Echando de vez en cuando vistazos al ambiente. Había y muy buen rollo. Gozaron de ese momento largo y tendido hasta que Ángel comentó: 

-El escenario me espera.- con tono de hacerse el interesante.- Me voy a preparar. 

Belén les contó el cambio de ropa y la canción que se pondría como principal para él solo. Y siguieron con sus cuchicheos. 

Hubo un momento que dejó de sonar música y vieron a la gerente abrir las cortinas del baile oscuro que se convertía en escenario. En cuanto se salió empezó a sonar una guitarra eléctrica. Al mismo tiempo que aparecía Ángel con pasos lentos y sensuales sonó la voz de una chica cantando: 

He doesn’t mean a thing to me
just another  pretty face to see
He’s all over town, knocking’em down, honey
I’d never let him next to me
 

La canción era: He's a dream - Shandi Sinnamon

Una vez agarrado a la barra de striptease, siguió bailando muy provocativamente al son de la canción sin dejar de ver a las personas, pero especialmente a las tres chicas del fondo, y se quitó la chaqueta. Ellas mostraban una gran sonrisa. Cada una disfrutaba del sentido de la vista. 
  
En el momento del estribillo que es cuando cobra energía y fuerza, él se movía bruscamente y empezaba a deslizarse por la barra como una serpiente. Y empezaba a hacer piruetas. A medida que avanzaba la canción él seguía con la marcha de su baile. E iba despojándose de la camisa y camiseta. Lanzándolas al público. Y sin parar ni un momento, en los estribillos de la canción animaba con gestos a que la gente aplaudiera y le siguiera el ritmo. Estando semidesnudo, sus músculos del torso destacaban cada vez que hacía un movimiento. 

Todas las personas le estaban prestando atención y aplaudiendo animadamente. Con maniobras que se percibían poco, se quitó los zapatos y los calcetines. Siguió concentrado en su baile hasta colocarse de espaldas a los individuos. Procedió a despegar un lado de su pantalón, a la altura del tobillo, y del otro lado. Meneando su culo primero, acto seguido inclinándose un poco hacia adelante, sacó el pantalón de un tirón. Mostrando un culo pequeño y las piernas tonificadas. Enseguida se oyó algún que otro grito alborotador y silbidos que venían del fondo. 

Expuesto en tanga, de color negro, reanudó su baile sin dejar de sonreír. Belén canturreaba las últimas frases de la melodía. Era el final. Ella y Vero se quedaron viendo a Noelia cuando se levantó. Cuando observaron que se dirigía hacia los servicios, comprendieron rápidamente. Volvieron con la vista al escenario y comprobaron que Ángel descendía las escaleras. Con una nueva balada de fondo. Él, acercándose a cada chica posible, le propinada una caricia suave por la cara o por el hombro. Fue avanzando hasta llegar al tresillo de fondo. Su mirada se cruzó con la de su novia, le robó un beso pasional y le agarró la mano a Vero, queriendo levantarla. Ella se revolvió en el asiento mientras pensaba ‘¿Por qué yo?’. A lo que Ángel le contestó con la mirada. Como iba a negarse… 

Cuando los dos subían las escaleras se oía la voz del cantante. Su voz ronca y poderosa delataba quien era. Y con tan solo el sonido del piano al inicio, Vero había adivinado la canción. Todo un clásico: Unchain my heart - Joe Cocker

Atrapándole él las manos, se las apoyó en la barra de striptease. Colocándose uno enfrente del otro. Él comenzó por moverse sensualmente e indicándoselo a Vero con la mirada. Ella intentaba imitarle. Con gestos sugerentes, moviéndose alrededor, descendiendo su cuerpo provocativamente y meneando su culo. Empezaba a  soltarse un poco. De repente, Ángel se situó detrás de ella. Mientras le acariciaba los hombros y desabrochaba el vestido, le susurraba: 

-Piensa que estamos solos. Tú y yo. ¡Demuéstrame que me harías! 

Ante esa frase, como si le diera a un botón, a Vero se le disipó las inseguridades, por la expectación de la gente. Ángel se colocó delante de ella, rozando con sus manos las caderas, pero se vio sorprendido cuando fue apoyado contra la barra y su torso fue acariciado con vehemencia. A él se le iluminaron los ojos y sonrió con malicia. De seguido, ella, siguiendo el ritmo de la canción, se contoneó con salero alrededor de Ángel hasta que lo colocó a la vista de los sillones. Y de esa manera, dando ella un paso hacia atrás, se inclinó hacia adelante. Lamiendo desenfrenadamente  los pechos y pezones de él. A la vez que se subía su vestido dejando entrever su culo respingón. Él empezaba a resoplar. 

De ahí a un poco, él la enderezó y se pegó a ella. Ante el momento de excitación que acababa de vivir, al estar a milímetros de su boca, le parecía una tentación imposible de caer. Quería aguantar, llegar a un punto al que la culminación sería grandiosa.  La esquivó pero era un poco difícil. Ella jugaba mucho con la boca. La entreabría, dejaba asomar la lengua, se mordisqueaba el labio inferior… Él, posó su dedo en la boca femenina pero que enseguida lo atrapó para lamerlo y succionarlo. Sin parar de mirarle a los ojos. 

Rápidamente él danzó con ella y con la barra en medio. La desinhibición se apoderó de ella y sentía que estaba a solas con él, con nada alrededor. En aquel momento solo escuchaba la canción, y sintiéndola, le mostraba a Ángel su baile provocador  y mirándole con lascivia como nunca lo había hecho. En un momento, él aprovechó para desprenderle sutilmente del vestido. Quedando en ropa interior y con sus taconazos. 

Él, ya no aguantaba más. Se lanzó a darle un beso muy húmedo con bastante ímpetu. La excitación de ambos subía demasiado rápido, por todo. 
Siguieron con su particular danza y sin dejar de sonreír. Ángel, muy pillo, reteniéndola enfrente de él, le desabrochó el sujetador. Le bajó una asa, le bajó la otra y manteniéndoselo un par de segundos, momento que aprovechó para manosear sus pechos cubiertos, se lo quitó y lo lanzó con ganas hacia el fondo. Llegó a donde estaba Noelia. Los pechos liberados se movían a cada paso que Vero hacía. Redondos y grandes con unos pezones rosaditos. 

Entre vuelta y vuelta, estando los dos semidesnudos, experimentaban la sensación de exhibicionismo. A ella nunca le había llamado la atención, pero esa noche y con Ángel, al final lo estaba disfrutando.  Los coros de la canción les indicaban que estaban en el final, así que entre roces suaves, movimientos muy provocadores y lengüetazos terminaron el baile. 

En cuanto acabó de sonar la última tecla del piano, Vero y Ángel se encontraban fundiéndose en un beso. Fueron interrumpidos por unos aplausos que resonaron por toda la sala del local. Los dos vieron que toda la gente estaba aplaudiendo y sonriendo. Ellos se sentían totalmente agradecidos y se retiraron. Tenían que darle solución sus deseos. 
Y apareció la gerente recogiendo el vestido de ella y cerrando las cortinas. 

viernes, 21 de febrero de 2014

¡De cine!

Viéndose al espejo, terminó de colocarse la pajarita. Lo prefería antes que la corbata. Vestido de smoking, ya estaba preparado para asistir a la gala, así que se dispuso a ponerse en marcha. 


Aparcó a una distancia prudencial  del ‘Centro de Congresos Príncipe Felipe’. A la entrada estaba la alfombra roja rodeada de periodistas y fotógrafos. Él, como actor, tenía que pasar por ella. Antes de salir del coche le vino a la mente un vago recuerdo de una maquilladora que vio a la mañana. ‘¿Estará esta noche en el backstage?’ Pensó él. 

Al salir del coche sopló y se dirigió hacia la alfombra. No sin antes pasarse junto a las personas que se manifestaban cerca de allí, solidarizándose con ellos y cogiendo un par de pegatinas. Con ellas posó ante las cámaras de fotografía. Y luego sin ellas y con otros compañeros de profesión. Exhibiendo su sonrisa encantadora y mirada, cautivaba a cada cámara que le enfocaba. Ante la presencia de periodistas formándole preguntas, él contestó amablemente y en cuanto podía bromeaba. Fue avanzando por la alfombra roja hasta que ésta terminó. Una vez dentro se dispuso a charlar con sus compañeros animadamente mientras no era la hora de ir para el backstage (Era de los primeros, junto con una compañera, en salir al escenario a entregar dos premios.) En cuanto fue el momento se fue acompañado. Todo eran prisas, arreglos de última hora, retoques de maquillaje… 


--- 

-¡Ey, Diana! Ya empiezan a venir. ¡Estate al loro! Ya sabes, no se nos puede escapar esta ocasión.- Le dijo Vero mostrando una sonrisa traviesa. 
-¡Nos vemos! Me voy para la ropa. 
 Las dos chicas centraban su atención a sus oficios, atendiendo a la gente que pasaba por ellas, dejándolas deslumbrantes. Una con retoques de maquillaje y la otra con la ropa y el calzado. 

--- 


Echó un vistazo a toda la sala y advirtió quienes estaban. Iba a ser la hora del comienzo de la gala. 
-¡Hola Miguel! ¿Nervioso?- Le preguntó Silvia Abascal 
-Pues un  poco… 
-¡Ya será menos! Oye… ¿Viste a Resines? 
-Sí, mira, está en aquella esquina.- Y le indicó con la cabeza. 


Un toque en su hombro le hizo girar. 
-¿Qué? ¿Te doy algún retoque?- Le preguntó Vero 
Aunque vestía con ropa de trabajo, iba maquillada, resaltando sus ojos castaños. Él, se quedó prendado de sus ojos hasta que reaccionó. 
-Tú eres la experta ¡Me dejo en tus manos! 
Ella sonrió dulcemente, sacó de un bolsillo una brocha que se lo pasó ligeramente por la frente y comentó: 
-Como ha sonado eso… Pues te sugiero que lo pasarías muy pero que muy bien conmigo. Mejor que en esa gala aburrida. 
-¿Tú crees? 
Ella desabotonó los dos primeros botones del uniforme y miró fijamente a los ojos de él. Que enseguida él apartó la vista para observar el escote. El momento fue interrumpido por unos gritos que decían. 

-¡Vamos!¡Vamos! ¡Que empieza la gala de los premios Goya! 
-¡Encender la televisión! 


-¡Ha llegado la hora!- Dijo él. Mientras le propinaba una caricia dulce a la mejilla de Vero. 
Se situó cerca del escenario, junto con su compañera a esperar su turno. En cuanto aparecieron Hugo y Michelle con el mejor actor revelación con su galardón una voz exclamó para todo el salón: 
-¡Con todos ustedes, Miguel Angel Muñoz y Blanca Romero! 


Vero, desde su puesto de trabajo, echaba un ojo a la televisión que había allí, en cuanto podía. Tenía una fantasía y la quería cumplir. La persona que estaba atendiendo, balbuceó, miró con desprecio a la maquilladora y  habló más claramente: 
-¿Estás aquí o en babia? - y se largó. 
Diana, mirando esa escena a lo lejos, sopló y pensó  ‘¡Hay que ver como pierdes la cabeza, hermana!’ 


La gala siguió su transcurso, con las idas y venidas de la gente, con los premiados emocionados. Los actores y actrices que ya no volverían al escenario intentaban distraerse con charlas, picando aperitivos, bebiendo champán e incluso haciéndose fotos. En un momento dado, Vero hizo toparse con Miguel como sin querer. 
-Lo siento 
-Tranquila, no pasa nada. Escucha un momento, antes no me has contestado a la pregunta, niña. 
-Lo hice con gestos.- Le guiñó el ojo y se relamió el labio inferior. 
Él, se aproximó a ella, notó su respiración profunda y comentó
-Tú me estás buscando esta noche, ¡eh! 
-Dime, que tú no.- Lo dijo pausadamente. 
-mmm, es entretenido. 
-¡Vero, te necesito! – Vociferó una actriz. Y allá se fue en su ayuda. ‘Grr, ¡ya me tenían que estropear el momento!’ Pensó. 


Miguel se dio la vuelta y se dirigió hacia la bebida. Cuando iba a echar un poco en su copa advirtió la presencia de Vero. ‘¡Coño! No puede ser… ¿Y si dejo de beber?’ Meneó la cabeza y cuando se acercó más a ella, siguió viendo a Vero  ‘Pero... ¿no estaba...?’ Seguía estando confuso pero se aproximó a ella. 
-Pues al final de tanto buscarnos, no nos vamos a despegar.- le dijo él esbozando una sonrisa. 
-Que así sea, sigue estas instrucciones.- le dio un papel doblado y se alejó. 
Lo abrió y leyó: 
 “Cuando termine la gala, ve a tu camerino. Te estaré esperando en la puerta. Lo deseas tanto como yo” 
A él se le escapó una sonrisa traviesa, que lo  hacía más atractivo. Ya se le estaba empezando a ser eterna la gala… 


--- 

-Ya le di la nota, Vero 
-¡Bien! Ahora toca esperar 
-Y aprende a no ser tan descarada, te podían ver cuando has desabrochado el uniforme. 
-¡Hacía falta! Si no, ¿cómo le llamas la atención? 
-Pero... 
Sin dejarle terminar, añadió: 
-No quiero discutir, déjalo ya. Luego atenta al móvil, ¡eh! 

--- 


Las charlas y el cachondeo con los compañeros le hizo más llevadero el tiempo que pasaba. La gala estaba llegando a su fin. No paraba de imaginar escenas sexuales con ella mientras el resto de la gente estaba cerca sin saberlo. Le daba morbo. Sin pensar en las consecuencias de sus pensamientos, su entrepierna empezaba a abultar. Cogiéndole  de improvisto, hubo una gran exaltación de los compañeros. Esta acción hizo que mitigara el bulto y comprendiera el motivo. David Trueba ganó el Goya a la mejor dirección. En ese momento los compañeros estaban más expectantes, se iba a entregar  el último Goya, a la mejor película. Y la que estaba dirigida por Trueba ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’ estaba entre las nominadas. Esperando impacientemente, dieron finalmente vítores. Había salido premiada. Ante tal alboroto y dando por finalizada la gala, Miguel aprovechó para escabullirse. 

Cuando rodeó la última esquina a la izquierda advirtió a Vero de perfil. Iba vestida  con un vestido estampado, con colores blanco y negro. Ceñido en los pechos y de vuelo a partir de la cintura hasta las rodillas. Ya no tenía el pelo sujeto, lucía una  media melena caoba y ondulada. 
Se medió giró, vio a Miguel acercarse y le dijo: 
-Que buen mandado eres. 

Él sonriendo se aproximó y empezó a proporcionarle caricias suaves por la mejilla, el cuello y los hombros. 
-Mejor pasemos 
-¡A sus órdenes, señorita! 
-Bueno… como te has portado tan bien, te tengo  una sorpresa… 
-Intrigado me dejas…- Comentó entre risas 
-Dame un momento 

Vero sacó un móvil de su bolso e hizo una llamada 
-¡Vente! Ya estamos en el camerino. 


Miguel no sabía de qué iba aquello, pero la gran atracción que sentía por ella y el juego que se traía, le hizo aceptar. Estaba situado de espaldas a la puerta y Vero delante de él, insinuándole con gestos y jugueteando con la camisa. Ya le había quitado la pajarita. Al poco rato la puerta se abrió, la persona accedió y cerró la puerta con pestillo. Vero se dedicó a que él no se girara. La persona, que era una chica se puso detrás de él. Comenzó por ayudarle a quitar la chaqueta y con sus uñas arañar su espalda cubierta por la camisa. Él cerró los ojos y pensó ‘¡Oh, dios! Con dos chicas… ¡esto es la gloria!’ Las miradas de ellas se cruzaron. Habían conseguido estar a solas con él, y lo más importante, disfrutar con y de él. 
Vero le susurró a Miguel: 
-¿No quieres ver a las dos chicas juntas que van a estar contigo? 
-Y aún lo preguntas…- contestó mientras abría los ojos. 
La chica se acercó a Vero, le hizo una carantoña y las dos miraron para él. 
-¡Joder!- Exclamó quedándose perplejo. 
Ellas empezaron a reír. 
-Te presento a mi hermana, Diana. Como puedes comprobar somos gemelas.- Las dos chicas eran idénticas. Misma cara, mismo color de pelo, misma estatura y misma ropa. 
Y sin ningún contratiempo, Vero se acercó a él, le desabrochó la camisa y le murmuró: 
-¡Disfrútalo!- A la vez que le indicaba a Diana con la cabeza que se colora detrás de Miguel. 


Vero le fue desabrochando la camisa a la vez que Diana le acariciaba la nuca. Una vez medio desnudo, Vero se aproximó todo cuanto pudo a él y entreabriendo la boca sacó su lengua para pasarla por sus labios. Él hizo ademán de querer besarla, pero ella se retiró y cogiéndole de desprovisto le propinó un morreo muy apasionado. Al terminar le dio la vuelta, mientras le acariciaba el culo por encima del pantalón, Diana le obsequiaba con otro beso muy húmedo. Miguel se estaba excitando muy rápido. Aflojó el cinturón y con la ayuda de las chicas quitó el pantalón. Con el calzoncillo puesto duró muy poco. Vero le daba alguna que otra palmadita al culo y rozaba sus dedos por la zona del perineo. Diana palpaba la polla dura y pellizcaba los pequeños pezones. Él no paraba de buscar la boca de Diana para saborearla. Le encantaba como besaba. Vero se colocó al lado de su hermana, y junto a ella saborearon con ansia el torso de él. La escena a él le parecía espectacular. Con los escotes que miraba le daba ganas de romperles los vestidos. Como si las chicas lo escucharan, se levantaron y se situaron una enfrente de la otra. Vero se dispuso a quitarle el vestido a Diana y luego Diana a la de Vero. Ya estaban totalmente desnudas. No llevaban ropa interior. Miguel ya no sabía cómo reaccionar, no se esperaba aquello tampoco… 
Las chicas se acercaron a él y se dispusieron a besarle apasionadamente. Y a juguetear con la lengua. Primero Vero y luego Diana. Miguel concluyó yendo a lamer los pechos de las chicas. Los pezones apuntando a él, los succionó con avidez. Dejándolos muy duros. Momento que aprovechó para pellizcarlos. 

-Más, sin miedo- le dijo Vero 

Él, mirándola con atención, pellizcó con más presión. Observó que le gustaba, así que siguió hasta que percibió por su cuerpo y su cara que se había corrido. Su mano derecha se deslizó  descendientemente por la barriga de Diana, llegando hasta el pubis. Superficialmente lo acarició y con un dedo notó su sexo. Húmedo. Con su mano izquierda palpaba los pechos de Vero. No cerraba los ojos en ningún momento, quería ver a las chicas. Como reaccionaban, sus gestos, sus movimientos. Miguel estaba inmerso en un nivel de excitación que nunca había experimentado. Con su polla totalmente empalmada topaba sin querer con Diana. Momento que ésta aprovechó para agarrarla y acariciarla de abajo a arriba. Vero se dedicaba a lamer los pezones de él y a manosear sus testículos. Estuvieron un rato disfrutando así hasta que Miguel dijo: 
-Hay que aprovechar este momento para… 

Y Diana no le dejó acabar la frase para empezar a decir con tono picaron: 
-mmm, creo que ya sabemos lo que quieres. 

Las dos hermanas se agacharon y lanzándole miradas lascivas al chico empezaron a deslizar sus lenguas por la polla. De abajo a arriba. Haciendo círculos. Dejándola totalmente ensalivada. Sin duda, acertaron en pleno lo que quería Miguel. Enseguida, los lametazos dieron paso a chupadas. También succionaban y jugueteaban con la polla dentro de sus bocas. Él estaba totalmente excitado. Era el comienzo del gran placer que iba experimentar… 



lunes, 27 de enero de 2014

"Touché! ¡Una estocada en toda regla!"



Después del combate con Javier se quitó la careta y el peto exterior. Y decidió estirar las piernas y los brazos. Mientras, Vero pensaba en lo que le animó a apuntarse a las clases de esgrima. 
Un día hablando con un amigo de deportes, él le mencionó el de la esgrima. Quizás porque fuera poco conocido, a ella le picó la curiosidad.  Empezó a informarse y a ver vídeos. Le creó tal fascinación que su amigo acabó  de empujarla a apuntarse a un club de Esgrima. 
Había pasado ya un año. Los inicios fueron duros pero  recompensados con creces. Se sentía orgullosa de lo que había aprendido. Tanto en teoría como en práctica. Ya empezaba a controlar los asaltos contra un tirador. Y hasta se mantenía mejor en forma. Una vez acabado los estiramientos, decidió descansar un poco. 


Pasado un rato se quitó el peto interior y se puso una camiseta blanca de asas. Decidió hacer ejercicios de entrenamiento sin adversario (‘Tirar contras’). Empuñó el sable adecuadamente, un arma blanca que se usa en ese deporte, se colocó en posición ‘Puesta de Guardia’ (Posición inicial para comenzar un combate) enfrente de un espejo y empezó a hacer posturas, desplazando piernas y brazos, pero en todo rato manteniéndose recta. Intentaba moverse despacio para fijarse en posibles fallos, tanto en la postura como apuntando con el sable. Los toques válidos se podían dar con la punta y el filo de la hoja, de la cintura para arriba del adversario. Su reflejo en el espejo hacía de contrincante. 
Se mentalizaba de que era un baile, siguiendo unos pasos. Al observar que los desplazamientos les salía bien, los hizo con más apresura. Lo que caracterizaba la esgrima era la rapidez en los movimientos y por lo tanto, tener actos reflejos. En el caso de Vero, atacar o en su defecto, defenderse para que no le dieran un toque. Los toques sumaban puntos. 

Pasó a practicar los ataques básicos. ‘Línea’ y ‘Contraataque’ les salía bien, aunque podía ser más precisa. Pero ‘Fondo’  se le resistía. Las gotas del sudor descendían de su frente y de su espalda, haciendo que se mojara la  camiseta. Ella no le dio importancia y siguió con los ejercicios. Insistió un poco más hasta que paró. Sin ella saberlo, su maestro llevaba durante un rato viendo cómo se movía, sobre todo como se movían los pechos. La respiración agitada y la camiseta sudada hacían que también llamara la atención. En el momento que Vero se detuvo, él aprovechó para acercarse. 

-Déjame que te ayude. 

Ella se sobresaltó, se giró y vio quien era. Al no llevar él careta, Vero le miró fijamente a los ojos. Poseía unos ojos azules penetrantes. Obviando lo buen cuerpo que tenía y lo guapo que era. Iba vestido con un pantalón ceñido blanco y una camiseta blanca. 

-Gracias, Roberto.- Dijo ella. Así se llamaba el maestro. 

Vero se posicionó, él se arrimó y le corrigió la postura, moviendo el pie derecho  y el brazo derecho. El brazo izquierdo, al tener que equilibrar el peso de su cuerpo, siempre acertaba a ponerlo bien. Él, le asintió la cabeza para que procediera con el ataque. Y esta vez fue mejor. A pesar de ello, incomprensiblemente, Vero se encontraba nerviosa. Notaba a Roberto más amigable que de costumbre, como si no fuera el maestro. Y por una extraña razón, el sentir el poco  contacto con él le revolucionaba las hormonas. 
Hubo un momento de pausa en el que los dos se vieron de otra manera hasta que él caminó  hasta la espalda de Vero y se pegó a ella. Ante aquello, ella se quedó muda y se quedó expectante a lo que pasaría. La mano derecha de él se puso encima de la mano que aguantaba el sable y la  mano izquierda quitó la goma del pelo, soltándole la melena caoba. 

-¿Has pensado alguna vez lo erótico que puede llegar a ser la esgrima? – Le preguntó susurrándole al oído. 

-Sobre todo ahora, ¿no? – Los ojos de Vero brillaban y exhibía una gran sonrisa. 

Ella, cada vez se encontraba más nerviosa. La calidez que desprendía él, en cómo se arrimó y la respiración que retumbaba en su nuca, provocaron que ella siguiera el juego. Y sobre todo siendo Roberto… 
Cerró los ojos y empezó a contonear su cuerpo. Él siguió el ritmo y empezó a besarle desde el hombro izquierdo hasta el cuello. Y siguiendo trayecto hacia el hombro derecho. Sin importarle el sudor. Le retiró suavemente el sable y lo colgó de un gancho de la pared. Retomando posición, le acarició el pelo, descendiendo hacia la espalda. Se agachó, levantó un poco la camiseta y deslizó su lengua ascendentemente por la zona lumbar.  El cuerpo de ella se estremeció. Él se levantó y con sus manos grandes acarició enérgicamente todo lo que podía abarcar en esa posición. Ella seguía con los ojos cerrados y balanceándose. Él  también sonreía, es más, disfrutaba con cada caricia que le proporcionaba. Le dio la vuelta, quedando cara a cara. 

-Estás preciosa…- comentó Roberto. 

-mmm pues bien que me hace falta  una ducha… 

-Para mí, estás perfecta. 
  
Él, comenzó por rozar con su mano la cara dulce de ella. De deslizar su dedo índice por los labios. De oler profundamente su aroma. Ella entreabrió la boca, posó sus manos en los fornidos brazos de él e insinuó con la lengua. Que fue raptada por la boca de Roberto ansiosamente. Y como si fuera acabar el mundo, se dieron un beso muy apasionado. Enseguida, él recorrió con su lengua y dando pequeños mordiscos al cuello de Vero. Al mismo tiempo, sus manos caminaban por el culo redondo de ella. 

‘Pellízcame el culo, porque no me lo creo’ Pensó ella, pero que no se atrevía a decirlo. En parte, por miedo si podía ser un sueño. 
Ella se retiró lo suficiente para sacar la camisa a Roberto. Ante la vista del torso musculado se relamió los labios. Y acto seguido, lo manoseó hasta que decidió ir a lamerlo ferozmente. Al pasar por los pechos, se detenía en los pequeños pezones, mordisqueándolos sutilmente. Él resopló y buscó su boca para morrearla. Mientras, le quitó la camiseta de asas, dejándola semidesnuda. Con delicadez, acarició los pechos redondos. Sus ojos azules se desviaron hacia la cara de ella, viendo la cara de placer que tenía. 

Él decidió tumbarla en el suelo. Se sentó encima y empezó a devorar sus pechos. A lamer, chupar y mordisquear los pezones. Las manos de ella no paraban de corretear por toda geografía posible de él. Los roces de él en su entrepierna le hacían saber lo potente que estaba. En su vida pensó que se encontraría en esa situación con un maestro y  menos, como ese. 

Vero, cogió impulso, tumbó a Roberto  y se colocó encima. 

-¿Ahora quién está encima? – dijo ella sonriendo 

- Uy…no se te suba los humos a la cabeza, eh? 

-En esgrima me corregirás, pero en el sexo…lo dudo 

-Habrá que comprobarlo… 

Vero rió a carcajadas y le quitó el pantalón, el bóxer, las medias y las zapatillas deportivas. 
Con su mano izquierda sopesó los testículos a la vez que con la mano derecha se arrastraba por la polla, notando cada centímetro de su piel y de sus venas.  Mirando a los ojos de Roberto  siguió acariciando, notando como crecía.  Entre soplidos, él preguntó : 

-¿Me estás retando? 
-Tómalo como quieras, pero veamos cuanto duras. – y le guiñó un ojo. 

Ella, se quitó el resto de la ropa que tenía puesta  y se arrodilló a la izquierda de él  con el culo en pompa. Se agachó y sacando su lengua, la deslizó por todo alrededor de la polla. Luego la pasó con movimientos ascendentes por la polla, para terminar de succionar el glande.  Sintió la mano de él acariciando sus cachetes. Dos dedos serpenteando por el sexo. Ahí, Vero dio un respingo, y acto seguido abrió la boca para introducir la polla dura hasta el fondo. Y con un ritmo constante empezó a chuparla de varias formas, cuando llegaba a la punta ejercía presión con los labios. En esos momentos, el cuerpo de él se estremecía y él respiraba muy aceleradamente. Los dedos de él que tocaban su coño se metieron fácilmente, sintiendo lo lubricada que estaba. Mientras ella seguía recibiendo placer, ella no paraba de darlo.  Cambió de ritmo al lamer la polla, y lo hacía más deprisa entre gemidos ahogados. Notó que la zona púbica de él se convulsionaba  así que siguió el ritmo. Y también notaba que ella estaba a punto de llegar al orgasmo.  Pasados un par de minutos, juntos se corrieron. 


Después de coger unas bocanadas de aire y tranquilizarse los dos, él le dijo: 

-Creo que no fui el único que llegó al orgasmo. 

-Empate a unos – y le sonrió ella. 

Se dieron un beso muy profundo y él se colocó encima de Vero. 

-Anda, ya estoy encima de nuevo.- dijo con tono triunfante él. 

-Sí, pero no estamos en una postura de esgrima  para atacar. 

-Cierto. Pero una estocada la puedo hacer…- Insinuó él. 

Mientras, él acariciaba su busto y se recreaba en él a la vez que se movía en redondeces. Frotando su polla con el pubis de ella. 

-Sorpréndeme – Comentó  Vero 

Con ímpetu se abalanzó sobre su boca para darle un beso tórrido. El desencadenante para que ella se pusiera a cien. Y como si le dejara con la miel en los labios, él dejo de besarla para ir dejando rastro de su saliva por el cuello femenino, por  los pechos suaves, por  los pezones duros, por la barriga  hasta llegar al pubis. Ahí paró, y con su dedo índice empezó a hacer redondeces que iban descendiendo. Lo que en un principio ella  lo notó como cosquillas se convirtieron en caricias profundas. Notando como las yemas de los dedos acariciaban sus labios mayores y luego los labios menores. Sutilmente notó un dedo pasar por su clítoris. Pero no pudo evitar gritar cuando él le estimuló mucho más. El momento en que ella arqueó la espalda, él aprovechó para colocar su polla enfrente de la boca de Vero y su boca enfrente del sexo de ella. Roberto empezó a deslizar la punta de su lengua  por aquel manjar que tanto deseaba. Saboreándolo todo, sin dejar ni un rastro. Vero no pudo resistir echarle unos cuantos lengüetazos  a la polla aunque gimiera profundamente. En el momento que él se sintió saciado de su coño, se dio la vuelta.  Con las rodillas en el suelo y mirando a la cara de Vero, jugueteó con su polla a la entrada de su coño. Él sonreía muy travieso y ella le correspondía. Los dedos de él se introducían en la boca de ella, dejándolos embadurnados. 

-mmm, que aplicada eres en todo… 

Y acto seguido, Roberto levantó las piernas de ellas para apoyarlas encima de sus hombros. Apoyando sus manos en el suelo, le metió la polla lentamente. Una vez dentro, él respiro hondo y empezó con un ritmo despacio. Ella no paraba de gemir y de verle fijamente a los ojos. Instintivamente iba con sus dedos a pellizcarse los pezones. Él fue aumentando el ritmo. Y más y más. El cuerpo de ella se movía al son de él, y ella ya no gemía, gritaba de placer. Ya no le miraba a los ojos, o los tenía cerrados o tenía la mirada perdida. Tampoco no paraba de mover la cabeza. Él, con toda su energía le metió unas embestidas frenéticas que hizo que ella llegara a un gran orgasmo. Notando un placer que nunca había experimentado. 
Con la polla aún dentro, Roberto se acercó al oído de ella y le murmurró: 

-Touché!! ¡Una estocada en toda regla! 

Sus respiraciones agitadas fueron interrumpidas por un sonido que escucharon y vieron de donde procedía. Había un alumno a la puerta con la mano derecha dentro de su pantalón. Lo que no sabían Vero  y Rober que llevaba allí durante un buen rato…